Introducción a la oración de Jesús

14 Dec

INTRODUCCIÓN A LA ORACIÓN DE JESÚS

Por

S. A. R. Princesa Ileana

de Rumanía

S. A. R. Princesa Ileana de Rumanía nació en Bucarest el 7 de enero

de 1909 siendo la hija menor del Rey Ferdinand y la Reina María. Nieta de

la Reina Victoria y también del Zar Alejandro II de Rusia, libertador de los

serbios. En 1931 se casó con el Archiduque Antón de Austria y es madre

de seis hijos. Siendo joven, durante la Primera Guerra Mundial, la

Princesa experimentó directamente el sufrimiento y creció con una

profunda preocupación por el bienestar de su pueblo. Se hizo enfermera

de la Cruz Roja en la última guerra, estableciendo y supervisando su

propio hospital en Rumanía. En 1950 después del exilio de su país de

origen y de dos años en América del Sur, llegó a los Estados Unidos. Ha

dado conferencias extensamente en ese país y es autora de VIVO DE

NUEVO, sus memorias, EL HOSPITAL DEL CORAZÓN DE LA REINA y

MEDITACIONES SOBRE EL CREDO NICENO. Ha escrito también para el

“Advent Papers” EL ESPIRITU DE LA IGLESIA ORIENTAL ORTODOXA.

N. de T. La Reverenda Madre Alexandra -Princesa Ileana de Rumanía- fundó el

Monasterio Ortodoxo de la Transfiguración (R.D. 1, Box 184-X, Ellwood City,

Pennsylvania, Estados Unidos de Norteamérica) en 1967 y entró al descanso eterno el

21 de enero de 1991.

 

 

A menudo he leído la ORACIÓN DE JESÚS en libros de

oración y he escuchado sobre ella en la Iglesia, pero le puse

atención por primera vez hace algunos años en Rumanía. Allá en

un pequeño Monasterio de Sâmbata escondido al pie de los

Cárpatos, en el corazón de un denso bosque donde hay una

pequeña iglesia blanca que se refleja en un estanque claro como

el cristal, conocí a un monje que practicaba la “Oración del

Corazón”. En aquellos días reinaba el silencio y una paz

profunda en Sâmbata; era una lugar de descanso y fortaleza – le

pido a Dios que aún lo sea.

He caminado mucho desde que vi por última vez Sâmbata y

siempre la ORACIÓN DE JESÚS permaneció enterrada en mi

corazón como un don precioso. Esta estuvo inactiva hasta hace

algunos años cuando leí El Peregrino Ruso. Desde entonces he

buscado practicarla continuamente. Algunas veces decaigo, sin

embargo, la oración ha abierto vistas inimaginables dentro de mi

alma y mi corazón.

La ORACIÓN DE JESÚS, o la ORACIÓN DEL CORAZÓN

está centrada en el Santo Nombre. Puede ser dicha en su

totalidad: “Señor Jesucristo Hijo de Dios, ten piedad de mí

pecador”; puede ser cambiada a “nosotros pecadores” o a otros

nombres individuales o

puede ser abreviada. El poder está en el nombre de Jesús; así

que “Jesús” solo, puede colmar toda la necesidad de aquel que

ora.

La ORACIÓN se remonta al Nuevo Testamento y ha sido

tradicionalmente usada durante mucho tiempo. El método de

contemplación basado en el Santo Nombre se atribuye a San

Simeón llamado el “Nuevo Teólogo” (949-1022). A la edad de

catorce años, San Simeón tuvo la visión de una luz celestial que

pareció separarlo de su cuerpo. Admirado y sobrecogido con un

gozo poderosísimo experimentó la humildad ardiente y gritó

“Señor Jesús ten piedad de mí”, utilizando la oración del

Publicano (Lucas 18:13). Durante mucho tiempo después que la

visión había desaparecido el gran gozo volvía a San Simeón

cada vez que repetía la oración, y enseñó a sus discípulos a orar

de esa forma. La oración evolucionó en su forma extensa:

“Señor Jesucristo Hijo de Dios, ten piedad de mí pecador”. Es

así como ha llegado hasta nosotros de generación en generación

a través de monjes y laicos piadosos.

La invocación del Santo Nombre no es peculiar de la Iglesia

Ortodoxa, sino que es utilizada por los católicos romanos,

anglicanos y protestantes pero en menor grado. En el Monte

Sinaí y en Athos, los monjes lograron un sistema completo de

contemplación basado en esta sencilla oración practicada en

silencio total. Estos monjes se dieron a conocer como los

“Quietistas” (en griego: “Hesicastas”).

San Gregorio Pálamas (1296-1359), el último de los Padres

de la Iglesia se convirtió en el representante de los hesicastas.

Después de una larga y cansada batalla ganó un lugar irrefutable

para la ORACIÓN DE JESÚS y los Quietistas dentro de la Iglesia.

En el Siglo XVIII cuando el zarismo obstaculizó el monasticismo

en Rusia y los turcos aplastaron la Ortodoxia en Grecia, el

Monasterio Neamtzu en Moldavia (Rumanía) se convirtió en uno

de los grandes centros de la ORACIÓN DE JESÚS.

Esta Oración es considerada altamente espiritual porque

está dirigida totalmente hacia Jesús: todos los pensamientos y

esfuerzos; la esperanza, la fe y el amor están expresados

devotamente a Dios el Hijo. Ella cumple también dos

mandamientos básicos del Nuevo Testamento. En el primero

Jesús dice: “A ustedes les digo, cualquier cosa que pidan al

Padre en mi nombre se las dará. Pero aún no han pedido nada

en mi nombre: pidan y recibirán, para que su gozo sea completo”

(Juan 16:23-24). El otro mandamiento es de San Pablo que nos

pide orar sin cesar (1 Tesalonicenses 5:17). También sigue las

instrucciones de Jesús sobre cómo orar (las que dio al mismo

tiempo que enseñó a sus discípulos el Padre Nuestro): “Cuando

ores entra en tu cuarto y cuando hayas cerrado la puerta ora a tu

Padre que está en lo secreto, y tu Padre que ve en lo secreto te

lo concederá” (Mateo 6:6).

Jesús enseñó también que todos los ímpetus buenos y

malos tienen su origen en el corazón del hombre. “El hombre

bueno del buen tesoro de su corazón saca lo bueno; y el hombre

malo del tesoro maligno de su corazón saca lo malo; porque de la

abundancia del corazón habla la boca” (Lucas 6:45).

En estos y en muchos otros mandamientos del Nuevo

Testamento, así como en el Antiguo los Santos Padres, aún antes

que San Simeón, basaron su oración sencilla y ferviente.

Desarrollaron un método de contemplación en el que la oración

incesante se hizo tan natural como respirar, siguiendo la cadencia

rítmica de los latidos del corazón. Todos los caminos que llevan

a Dios están rodeados de trampas porque el enemigo (Satanás)

está siempre al acecho para derribarnos. Naturalmente ataca con

más insistencia cuando estamos más interesados en encontrar el

camino de la salvación porque ésto es lo que más le interesa

detener. En la oración mística las tentaciones que encontramos

exceden en peligro a todas las otras; puesto que nuestros

pensamientos están a un nivel más alto, las atracciones son

proporcionalmente más sutiles. Alguien dijo que el “misticismo

empieza en niebla y termina en cisma”*; esta observación cínica

dicha por un no creyente conlleva cierta verdad. El misticismo

tiene un valor espiritual real solamente cuando se practica con

absoluta sobriedad.

En cierta época surgió la controversia sobre algunos

Quietistas, que cayeron en actos excesivos de piedad y ayuno

porque perdieron el sentido de moderación sobre el cual nuestra

Iglesia tiene gran estima. No tenemos que caer en malos usos

de la ORACIÓN DE JESÚS para darnos cuenta que toda

exageración es peligrosa y que en todo momento debemos ser

moderados. “La práctica de la ORACIÓN DE JESÚS es la forma

tradicional de cumplir la orden del Apóstol Pablo de ‘orar

siempre’; y no tiene nada que ver con el misticismo heredado de

nuestros ancestros paganos”. (Introducción a Escritos de la

Filocalia.)

La Iglesia Ortodoxa está llena de profunda vida mística, la

cual guarda y rodea con la fortaleza de sus reglas tradicionales;

así pues sus místicos raramente se pierden. La’vida ascética’ es

una vida en la que las virtudes ‘adquiridas’, por ejemplo virtudes

que resultan de un esfuerzo personal, pero que están

acompañadas por esa gracia general que Dios concede a toda

buena voluntad, prevalecen. La ‘vida mística’ es una vida en la

que los dones del Espíritu Santo predominan sobre los esfuerzos

humanos y en la que las virtudes ‘infusas’ predominan sobre las

‘adquiridas’; el alma se ha vuelto más pasiva que activa.

Utilicemos una comparación clásica. Entre la vida ascética, en la

que las acciones humanas predominan, y la vida mística, en la

que las acciones de Dios predominan, existe la misma diferencia

que entre remar y velear; el remo es el esfuerzo ascético, la vela

es la pasividad mística que se despliega para agarrar el viento

divino”. (Introducción a la Espiritualidad Ortodoxa, p. 40). La

ORACIÓN DE JESÚS es la esencia de la oración mística y puede

ser utilizada por cualquier persona en cualquier momento, no hay

nada de misterioso al respecto (no confundamos “misterioso” con

“místico”). Empezamos siguiendo los mandatos y ejemplos dados

a menudo por Nuestro Señor. Primero, retírate a un lugar

tranquilo: “vengan aparte a un lugar desértico, y descansen un

rato” (Marcos 6:31); “estudia para estar tranquilo” (1

Tesalonicenses 4:11). Luego ora en lo secreto – solo y en

silencio.

Las frases “orar en secreto, solo y en silencio” creo

necesitan un poco de explicación. “Secreto” debe ser entendido

como se utiliza en la Biblia: por ejemplo, Jesús nos pide hacer

nuestra caridad secretamente – que no sepa tu mano izquierda lo

que hace la derecha. No debemos hacer desfilar nuestras

devociones, ni alardear de ellas. “Solo” significa separarnos de

nuestro alrededor inmediato y de las influencias que nos distraen.

De hecho nunca estamos tan acompañados como cuando

oramos “…viendo que estamos rodeados de una gran nube de

testigos…” (Hebreos 12:1). Los testigos son todos aquellos que

oran: ángeles, arcángeles, santos y pecadores, los vivos y los

muertos. Es en la oración, especialmente la ORACIÓN DE

JESÚS que nos hacemos agudamente conscientes de pertenecer

al cuerpo vivo de Cristo. En “silencio” implica que no decimos

nuestra oración audiblemente. Ni siquiera meditamos en las

palabras; solamente las usamos para llegar más allá de ellas a la

esencia misma.

En nuestra vida tan ocupada ésto no es fácil, sin embargo

puede lograrse – cada uno de nosotros puede encontrar algunos

minutos en los cuales utilizar una oración que contiene pocas

palabras, o aun solamente una. Esta oración debe ser repetida

tranquilamente, sin prisa, y pensada. Cada pensamiento debe

estar concentrado en Jesús, olvidando todo el resto, gozos y

tristezas. Cualquier pensamiento vago, bueno o piadoso, puede

convertirse en un obstáculo. Cuando abrazas a alguien que

amas no te detienes a meditar cómo y porqué amas – solamente

amas con todo el corazón. Es lo mismo cuando asimos

espiritualmente a Jesús el Cristo a nuestro corazón. Si

prestamos atención a la profundidad y calidad de nuestro amor,

significa que estamos preocupados de nuestras propias

reacciones, más que de darnos a nosotros mismos sin reservas a

Jesús – no reteniendo nada. Piensa la oración a medida que

inhalas y exhalas; calma la mente y el cuerpo utilizando como

ritmo la palpitación del corazón. No busques palabras sino

continúa repitiendo la ORACIÓN, o el nombre de Jesús solo, con

amor y adoración. ¡Eso es TODO! ¡Extraño – en tan poco

encontramos todo!

Es bueno tener horas regulares de oración y retirarse

siempre que sea posible al mismo cuarto o lugar, de preferencia

delante de un icono. El icono está cargado de la presencia

objetiva de Aquel representado, y por lo tanto ayuda mucho

nuestra invocación. Los monjes y monjas ortodoxos se ayudan

de una camándula para mantener fija la atención. Puede ser

bueno cerrar tus ojos – volviéndose hacia adentro

La ORACIÓN DE JESÚS puede ser usada para alabanza y

petición; como intercesión, invocación, adoración y acción de

gracias. Es un medio por el cual ponemos a los pies de Jesús

todo lo que hay en nuestros corazones por Dios y por el hombre.

Es un medio de comunión con Dios y con todos los que oran. El

hecho de que podamos entrenar nuestros corazones a orar aun

cuando dormimos nos mantiene ininterrumpidamente con la

comunidad de oración. Esta no es una afirmación imaginaria;

muchos han experimentado este hecho vivificador. Por supuesto

no podemos alcanzar esta continuidad de oración

inmediatamente, pero es alcanzable; por todo lo que vale

debemos “…correr con paciencia la carrera que está delante de

nosotros…” (Hebreos 12:1).

Yo tuve la prueba más profunda de comunión ininterrumpida

con todos aquellos que oran cuando me sometí a una cirugía.

Durante mucho tiempo estuve bajo anestesia. “Jesús” fue mi

último pensamiento consciente y la primera palabra en mis labios

al despertar. Fue maravilloso, más allá de cualquier palabra,

descubrir que aunque no sabía qué estaba sucediendo en mi

cuerpo, nunca perdí consciencia de la oración que se hacía por

mí y de mi propia oración. Después de una experiencia tal, a uno

ya no le extraña que existan grandes almas que dedican sus

vidas exclusivamente a la oración.

La oración siempre ha tenido para mí una importancia muy

real, y el hábito alcanzado en la niñez de orar por la mañana y

por la tarde nunca me ha dejado; pero en la práctica de la

ORACIÓN DE JESÚS soy una principiante. Sin embargo,

quisiera despertar tu interés en esta oración porque aún si

solamente he tocado el borde del manto celestial, lo he tocado – y

el gozo es tan grande que quiero compartirlo con otros. No es la

forma de oración para toda persona;

puede ser que tú no encuentres en ella el mismo gozo que yo,

porque su forma puede ser muy diferente que la mía – aún siendo

igualmente bellas.

En el temor y en el gozo, en la soledad y la compañía, esta

oración está siempre conmigo. No solamente en el silencio de

las oraciones diarias sino en todo momento y en todo lugar.

Transforma para mí ceños fruncidos en sonrisas; embellece,

como si se hubiera lavado una película de una foto vieja para que

los colores aparezcan claros y brillantes, como la naturaleza en

un día caluroso de primavera después de un chaparrón. Aún la

desesperación se ha atenuado y el arrepentimiento ha alcanzado

su objetivo.

Cuando me levanto en la mañana me inicia gozosamente el

nuevo día. Cuando viajo por aire, tierra o mar mora en mi

corazón. Cuando de pie en una plataforma me enfrento a mi

audiencia me da ánimo. Cuando reúno a mis hijos alrededor mío

murmura una bendición. Y al final de un día fatigado cuando me

acuesto a descansar, le doy mi corazón a Jesús: “(Señor) en tus

manos encomiendo mi espíritu”. Duermo – pero mi corazón al

latir ora con: “JESÚS”.

Para profundizar en la lectura

Existen varios libros sobre la Oración de Jesús. Esta

oración está mencionada en la mayoría de libros sobre la

Ortodoxia. Tres libros sobresalen y deben ser estudiados por

aquellos que quieren practicarla seriamente: El Peregrino Ruso

es una maravillosa introducción a la Oración de Jesús, escrito por

un peregrino ruso desconocido y bellamente traducido al español

(Nuestra Imprenta, Guatemala). El segundo libro también

anónimo es un análisis perfecto y profundo de muchos de los

aspectos de la Oración de Jesús: Invocación del Nombre de

Jesús (Narcea, Madrid, 1988) por “un Monje de la Iglesia de

Oriente”. Finalmente, La Filocalia de la Oración de Jesús

(Lumen, Buenos Aires, 1979), es una colección de escritos de los

primeros Padres de la Iglesia y es el libro de texto más

importante para la Oración de Jesús. Filocalia significa “amor de

lo bello”; compilado en el Siglo XIV para uso de los monjes, tiene

pasajes maravillosos aplicables a cualquiera de nosotros en

nuestra situación presente. Consulta también Introducción a la

Espiritualidad Ortodoxa (Lumen, Buenos Aires, 1989) por “un

Monje de la Iglesia de Oriente”.

* N. de T. Juego de palabras en inglés que dice: “mysticism started in

mist and ended in schism”.


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