Comunicado del Instituto Mater Boni Consilii relativo a la elección de Jorge M. Bergoglio

17 Mar

Comunicado del Instituto Mater Boni Consilii relativo a la elección de Jorge M. Bergoglio
 

El comunicado de nuestro Instituto del 11 de febrero, terminaba con estas palabras: “Sólo la elección de un verdadero sucesor de Pedro podría poner fin a esta crisis de autoridad, pero la composición del cuerpo electoral deja presagiar – un vista humana – que la noche será aún más profunda y el alba todavía lejana. ” Por desgracia, la realidad – con la elección del 13 de marzo pasado- fue más allá de las más pesimistas predicciones. Si el Gran Oriente de Italia, y aún más aquella particular organización masónica B’nai B’rith (Hijos de la Alianza) se han alegrado vivamente de la elección de la persona de Jorge Mario Bergoglio, el mundo católico, al contrario, llora está de luto por el contrario no sólo por estar aún privado de un verdadero, auténtico y legítimo Sucesor de Pedro y Vicario de Cristo, sino también porque ocupa la Sede Apostólica – en castigo por nuestros pecados y por otras razones inescrutables – un verdadero enemigo interno de la Iglesia Católica.

En este momento histórico, y a la espera de actos objetivos que confirmen o – ¡Lo quisiera Dios!- desmentir lo apenas escrito, en nuestro carácter de simples bautizados, confirmados o sacerdotes de la Iglesia Católica, pretendemos profesar nuestra fe, hacer algunas consideraciones, y presentar una apelación.

En primer lugar, los miembros del Instituto pretendemos aquí públicamente renovar la profesión propia de la fe católica del Concilio de Trento y el Vaticano I (DH 1862-1870) y el juramento antimodernista (DH desde 3537 hasta 3550), y, en particular, la propia fe “en orden al  Primado y al Autoridad Magisterio Infalible del Romano Pontífice, Vicario de Cristo y sucesor de Pedro, a quien Cristo ha confiado las llaves del reino de los cielos, la tarea de confirmar sus hermanos en la fe, y de apacentar su rebaño “. Primado que Cristo ha confiado a Pedro solo, y no establemente a todo el colegio apostólico y mucho menos con el “colegio episcopal”.

Los advenimientos recientes (renuncia de Joseph Ratzinger, la elección de Jorge M. Bergoglio) han, pues, recordado el rol de Dios y el de los hombres durante la vacancia de la Sede y la elección del nuevo Pontífice. Durante la vacancia de la Sede, la Autoridad permanece siempre en Cristo, la Cabeza invisible de la Iglesia y sólo “in radice” en el cuerpo moral que puede designar al nuevo pontífice.

Este cuerpo moral elige un candidato con los actos humanos propios de cada uno de los electores; la persona elegida debe pues aceptar, no sólo en las palabras, sino en la realidad el Sumo Pontificado, el que incluye la voluntad objetiva y habitual de realizar el fin mismo del Papado y el bien de la Iglesia.

También esta aceptación e intención son actos humanos, sujetos a todas las debilidades de otro acto humano. Estos actos humanos – de los electores y de los elegidos – constituyen el aspecto material del papado, papado que, sin embargo, no viene de los hombres, sino de Cristo mismo quien gobierna, santifica, enseña a la Iglesia, habitualmente, “con su” Vicario ” Yo estaré con vosotros … “(Mat. 28: 20). Cristo comunica, por consiguiente, a quien ha sido canónicamente elegido y realmente ha aceptado la Autoridad que lo constituye formalmente el Sumo Pontífice.

Y con simple acto voluntario de renuncia que Joseph Ratzinger ha rechazado la elección que había sido hecha de su persona, dejando así totalmente vacante a Sede, ha hecho explícito el no querer verdaderamente gobernar la Iglesia, “junto con Cristo” que le impedía, desde el principio, ser Papa.  Y con un acto de su voluntad, analógicamente, que Jorge M. Bergoglio no tiene objetivamente  la intención de gobernar la Iglesia aceptando el Sumo Pontificado, a tal punto que la noche de la elección no se ha él mismo presentado no como el Papa, sino sólo como el “obispo de Roma”, según la nueva doctrina de la colegialidad episcopal. Todos los actos de Jorge M. Bergoglio en su sede de Buenos Aires atestiguan, sin una sombra de duda, que pretende su rol en orden al diálogo interreligioso, especialmente con el judaísmo y al Ecumenismo (llegando al punto de hacerse bendecir e imponer las manos por los herejes), en fraternal unión con todos los enemigos de la Iglesia y de Cristo, en el más total desprecio por la Tradición dogmática litúrgica y disciplinar de la Iglesia Católica. Una semejante pública, habitual  intención es incompatible con el ser Papa, esto es con el ser  “una cum” la Cabeza Invisible de la Iglesia, Jesucristo nuestro Señor. Este es el análisis que nos parece debe hacerse para comprender la situación actual de la autoridad en la Iglesia.

Por lo tanto, dirigimos nuestra oración a Cristo, el Señor: “Domine, salva nos, perimus”! (Mateo 8: 23) Sólo el Señor, en la mediación de María, puede salvar y salvará a Su Iglesia.

Apelamos, pues, a los católicos que todavía se sienten unidos a la Tradición de la Iglesia, a fin de que abran los ojos y rompan audazmente la comunión con quien no puede representar a Jesucristo y Su Esposa, la Iglesia Católica.

Suplicamos, en fin, a los Santos Apóstoles Pedro y Pablo, a fin de que protejan la Iglesia Romana, y a los Santos Pontífices San Pío V y San Pío X a fin de que sostengan con su intercesión a todos los defensores de la Iglesia de sus enemigos internos y externos.

Verrua Savoia, 15 de marzo 2013

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