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The Remnant solicita a S.S. Francisco que cambie de rumbo o renuncie al cargo de Sucesor de S. Pedro

9 Dec

The Remnant solicita a S.S. Francisco que cambie de rumbo o renuncie al cargo de Sucesor de S. Pedro

8 de diciembre de 2015
Festividad de la Inmaculada Concepción

Santidad:

Celestino V (reinó en 1294), reconociendo un incapacidad para el cargo, al que había sido elegido de forma muy inesperada siendo el ermitaño Pietro da Morrone, y dándose cuenta del grave daño que estaba haciendo a la iglesia con su inepto gobierno, abdicó tras un reinado de apenas cinco meses. Clemente V lo canonizó en 1313. A fin de que no quedase duda de la validez de tan inusitado acto pontificio, Bonifacio VIII, confirmó a perpetuidad (ad perpetuam rei memoriam) que «el Romano Pontífice es libre para abdicar de su cargo».

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Oh María sin pecado concebida, rogad por nosotros que recurrimos a Vos

Son cada vez más los católicos, entre los que se cuentan cardenales y obispos, que están conscientes de que vuestro pontificado, igualmente fruto de una elección imprevista, está causando también un serio perjuicio a la Iglesia. Ya no es posible negar que os falta la capacidad o la voluntad para aquello que tan acertadamente señaló vuestro predecesor que debe cumplir todo pontífice: «vincularse constantemente a sí mismo y la Iglesia a la obediencia a la Palabra de Dios, frente a todos los intentos de adaptación y alteración, así como frente a todo oportunismo».

Al contrario, como se puede ver en los hechos que adjuntamos, vuestra santidad ha dado numerosas indicaciones de tener una alarmante hostilidad a la doctrina, disciplina y práctica tradicionales de la Iglesia, así como a los fieles que las defienden, a la vez que manifiesta preocupación por cuestiones sociales y políticas que no son competencia del Romano Pontífice. A consecuencia de ello, los enemigos de la Iglesia constantemente se regocijan de vuestro pontificado, exaltándoos por encima de vuestros predecesores. Esta situación tan calamitosa no tiene precedentes en la historia de la Iglesia.

El año pasado, hablando de la abdicación de Benedicto, Vuestra Santidad declaró que haría igual si se sintiera incapaz de ejercer su cargo. En el primer aniversario de la abdicación de Benedicto, pidió a los fieles que lo acompañaran en sus oraciones por S. S. Benedicto XVI, «hombre de gran valor y humildad».

Con gran inquietud, y bajo la mirada de Aquel que nos juzgará en el Último Día, estos humildes súbditos ruegan respetuosamente a Vuestra Santidad que cambie de rumbo por el bien de la Iglesia y de las almas. Si eso no fuera posible, ¿no sería preferible que Vuestra Santidad renunciase a la Silla de S. Pedro a que presida una catastrófica transigencia en la integridad de la Iglesia?

Hacemos nuestras las palabras de Santa Catalina de Siena, doctora de la Iglesia, en su famosa carta a Gregorio XI, en la que lo instaba enderezar bien el rumbo de la Iglesia en una de sus mayores crisis: «Dios os ha concedido autoridad y la habéis asumido. Por tanto, debéis hacer uso de vuestra virtud y autoridad. Y si no estáis dispuestos a emplearlas, sería mejor que abandonaseis el cargo que había tomado…»

¡María, Auxilio de los Cristianos, ruega por nosotros!

Vuestros súbditos en Cristo,

Christopher A. Ferrara
Michael J. Matt
Dr. John Rao
Professor Brian McCall
Elizabeth Yore
Timothy J. Cullen
Chris Jackson
Michael Lofton
Father Celatus
Connie Bagnoli
Susan Claire Potts
Robert Siscoe
John Salza, Esq.
Vincent Chiarello
John Vennari

Hechos

Vuestro predecesor Benedicto XVI, cuando se sentó por primera vez en la cátedra petrina, recordó a los fieles católicos que «el Papa no es un soberano absoluto, cuyo pensamiento y voluntad son ley. Al contrario: el ministerio del Papa es garantía de la obediencia a Cristo y a su Palabra». De conformidad con ello, dijo Benedicto, «un papa no debe proclamar sus propias ideas, sino vincularse constantemente a sí mismo y la Iglesia a la obediencia a la Palabra de Dios, frente a todos los intentos de adaptación y alteración, así como frente a todo oportunismo».

El rumbo que ha seguido hasta el momento vuestro pontificado nos obliga a declarar públicamente que no habéis respetado la naturaleza del cargo petrino, sino que habéis abusado de él como nunca se ha visto. Por la presente, exponemos a Vuestra Santidad las principales inquietudes que han suscitado la alarma en todos los niveles de la Iglesia motivando esta súplica.

Primero. En lugar de enseñar en todo momento la doctrina de la Iglesia sobre la Palabra de Dios, Vuestra Santidad ha proclamado incesantemente sus propias ideas en homilías, conferencias de prensa, comentarios improvisados, entrevistas con la prensa, discursos varios e interpretaciones extravagantes de las Escrituras.

Dichas ideas, desde las simplemente inquietantes hasta las claramente heterodoxas, están bien representadas en vuestro manifiesto personal Evangelii Gaudiumdocumento que contiene varias declaraciones asombrosas que jamás se atrevido a expresar pontífice alguno. Entre otras, vuestro sueño de «transformarlo todo, para que las costumbres, los estilos, los horarios, el lenguaje y toda estructura eclesial se convierta en un cauce adecuado para la evangelización del mundo actual más que para la autopreservación». Resulta increíble que un pontífice plantee una inexistente oposición entre la autopreservación de la Iglesia Santa Católica y Romana y la misión de ésta en el mundo.

Segundo. En vez de sumarse usted, y a la Iglesia, a la obediencia de la palabra de Dios, ha usted menospreciado en repetidas ocasiones las tradiciones apostólicas y eclesiásticas, así como a los fieles que las defienden. Aquí Evangelii Gadium resume su ideario: «Más que el miedo a perder el camino, tengo esperanza de que encontremos motivación en el miedo a quedar atrapados dentro de estructuras que nos aportan un sentido falso de seguridad, dentro de normas que nos vuelven jueces austeros, dentro de costumbres en las que nos sentimos seguros mientras que a nuestra misma puerta hay personas muriéndose de hambre y Jesús no se cansa de decirnos: “Dadles algo de comer” (Mc 6, 37)».

El catolicismo se tambalea ante el espectáculo de un pontífice romano denigrando la constitución, doctrina y costumbres de la Iglesia refiriéndose a ellas como «estructuras», «normas» y «costumbres» que roban al pueblo de su sustento espiritual dejándolo morir de hambre a sus puertas. Se atreve usted a referirse de esta manera a la Iglesia que construyó y transformó civilizaciones enteras, educó un sin número de santos, que creó órdenes religiosas, vocaciones sacerdotales y religiosas, institutos de caridad para la salvación de almas e incomparables obras de beneficencia.

Así mismo, ha insultado usted con tanta frecuencia a los fieles que defienden las tradiciones de la Iglesia que un observador ha recopilado un «Pequeño libro de insultos» que recoge muchos ejemplos de abusos sin precedente por parte de un Papa a sus súbditos. Entre los epítetos lanzados a los católicos devotos con una ligereza imprudente  se encuentran «fundamentalistas», «fariseos», «pelagianos»,  «triunfalistas», «agnósticos», «nostálgicos», «cristianos superficiales», «banda de los escogidos», «pavorreales», «moralistas de nimiedades», «uniformistas», «orgullosos y autosuficientes», «aristócratas del intelectualismo», «murciélagos cristianos que prefieren la obscuridad a la luz de la presencia del Señor», etc.

Sin embargo, ni una sola palabra dura le ha usted dirigido a los enemigos declarados de la doctrina de la fe, o a los degenerados sexuales que infestan la jerarquía católica. Por el contrario, declara usted «¿Quién soy yo para juzgar?» con respecto a «personas gay» entre el sacerdocio. En  particular el reconocido clérigo homosexual que permite usted que encabece vuestro hogar, y que guarda un parecido repugnante  a vuestra persona. Usted ha permitido audiencias ampliamente difundidas de depravados sexuales, incluyendo transexuales y homosexuales, organizando estos encuentros personalmente por teléfono. Usted ha rehabilitado y hasta recompensado con cargos prestigiosos a teólogos de la liberación, que habían sido silenciados y suspendidos por sus dos predecesores anteriores, a promotores de la homosexualidad  y a prelados que encubrieron los delitos sexuales de sacerdotes homosexuales.

Evangelii Gaudium resume perfectamente el desprecio —sin precedente en los anales del papado— que usted guarda para con los defensores de la doctrina y la probidad litúrgica. Se burla usted de «una ostentosa preocupación por la liturgia, por la doctrina y por el prestigio de la Iglesia»,  y temerariamente acusa a los católicos que sostienen una postura tradicional de «carecer de interés de que los evangelios tengan un impacto entre los  que son fieles a Dios y por las necesidades concretas de nuestros días»; cruelmente e injustificadamente caricaturizándolos como personas que reducirían a la Iglesia a «una pieza de museo o a un objeto propiedad de unos cuantos».

Un momento que indica el estado de ánimo despectivo de Su Santidad con respecto a este tema es la humillación al acólito, que ya ha sido dada a conocer a todo el mundo y conmemorada en Internet.

Mientras el joven se encontraba postrado, con sus manos unidas en oración, a la entrada de los grutas del Vaticano, los cuales usted visitaba en ese momento, le separó usted las manos mofándose de él con las palabras « ¿Acaso tenéis las manos atadas? ¡Ya, parecen estar atoradas!». Para mérito suyo, el joven volvió a unir sus manos inmediatamente, resumiendo el comportamiento adecuado a la dignidad de la ocasión y en obediencia a una formación espiritual cuidadosa. Nos preguntamos, sin embargo, qué efecto tendrá esta humillación pública, ya permanentemente accesible a todo el orbe, sobre la vida espiritual en una mente susceptible como ésta.

Quizá el más injurioso de los insultos de Su Santidad a los fieles aparece en Evangelii Gaudium, donde denuncia usted a los tradicionalistas católicos por un supuesto «ensimismamiento prometeico neo pelagiano». Asumiendo usted conocer su criterio interno declara que estos católicos «se sienten superiores a su prójimo porque siguen ciertas normas y se mantienen fieles a un estilo católico particular del pasado»; como si nuestra religión fuera asunto de estilos que pasan de moda como la ropa. Llega usted al extremo de burlarse de «una supuesta solidez de doctrina y disciplina» calificándola como «narcisista, un elitismo autoritario, que en vez de evangelizar se dedica a analizar y a clasificar a los demás…»

Por el bien de la verdad y la justicia, Santo Padre, debemos decirle a usted que parece ser que usted mismo ha dedicado bastante tiempo a analizar, clasificar y, ciertamente, a juzgar a los demás, para mayor consternación y vergüenza de sus súbditos, que jamás han presenciado tal comportamiento de un pontífice romano. Y este comportamiento no parece llegar a término alguno. Recientemente durante una conferencia para la formación sacerdotal, aseveró usted —con gran deleite de los presentes— que tenía usted «miedo de los sacerdotes inflexibles… no me acerco a ellos. ¡Creo que muerden!» ¿Qué propósito tiene esa retórica burlona si no es humillar y marginalizar a aquellos sacerdotes que aún tienen el valor de defender las enseñanzas impopulares de la Iglesia, sin compromiso, ante un mundo en guerra con Dios y Su ley? ¡No es del todo sorprendente que los medios aclamen vuestro pontificado!

Hay aún más que las palabras, Santo Padre,  ya que ha dirigido usted la persecución abierta de órdenes religiosas dedicadas a restaurar la ortodoxia, la piedad sobria, la vida interior y la tradición litúrgica en medio de lo que su predecesor describiócomo las «calamidades» y el «sufrimiento» que ha soportado la Iglesia en nombre del Vaticano II, incluyendo «seminarios cerrados, conventos cerrados, la banalización de la liturgia…».  Bajo vuestras órdenes específicas los florecientes Frailes Franciscanos de la Inmaculada han sido destruidos por motivo de lo que vuestro comisionado apostólico (quien más tarde murió de una apoplejía) calificó como «definitivamente un giro tradicionalista». Así mismo, las Hermanas de la Inmaculada, afiliadas a aquella orden, han sido colocadas bajo un comisionado apostólico debido a supuestas «desviaciones» que consisten en una formación «preconciliar»; en otras palabras, una liturgia tradicional, una vida conventual tradicional, como si estas cosas sagradas fuesen una enfermedad que debe ser erradicada de la Iglesia. Estas son acciones propias de un dictador motivado por una ideología, no de un paternal guardián del patrimonio sagrado de la Iglesia.

Y sin embargo, después de un año de investigaciones el proceso disciplinario, iniciado por el papa Benedicto, del Directorio de Religiosas (LCWR por sus siglas en inglés) bajo vuestra supervisión, ha sido encubierto y dispensado a pesar de su apoyo al aborto la eutanasia y el «matrimonio homosexual»  y su notoria promociónpor lo que el cardenal Müller, Prefecto de la Congregación para la Doctrina de la Fe, ha descrito como «errores fundamentales acerca de la omnipotencia divina, la Encarnación de Jesucristo, la realidad del pecado original, la necesidad de la salvación y la naturaleza definitiva de la acción salvífica de Cristo en el Misterio Pascual».

Tercero. Al persistir con su menosprecio programático de la doctrina y la disciplina tradicional de la Iglesia y de los que la defienden, usted presidió y controló un “Sínodo sobre la Familia”, que pasó a ser un esfuerzo sostenido para diluir o adaptar la enseñanza infalible de la Iglesia sobre el matrimonio, la procreación y la sexualidad, con el fin de acomodar el espíritu rebelde de la época y la inmoralidad que se ha fomentado en toda nuestra civilización post-cristiana.

En el nombre de la “misericordia” –los prelados progresistas que dominan su círculo de asesores, incluyendo el infame cardenal Kasper, cuyos puntos de vista se han promovido desde el inicio de su pontificado– ahora se proclama una falsa disyuntiva entre la doctrina y la intrínsecamente relacionada práctica pastoral, como si la Iglesia pudiera prohibir la conducta inmoral como principio, mientras que da acogida a la práctica de la misma. Como un cardenal prominente lo ha manifestado, esta “es una forma de herejía, una patología esquizofrénica peligrosa“. Sin embargo, se ha convertido en un tema de su pontificado, ya que se invoca a la “misericordia” sin cesar contra las leyes morales de la Iglesia, que se degradan como “reglas de mentes pequeñas“, “barreras“, “puertas cerradas“, y “casuística“.

Los progresistas que usted personalmente designó para la secretaría del Sínodo y la comisión de redacción, además de los 45 progresistas agregados a los miembros votantes, incluido el cardenal Kasper, se juntaron para atacar la indisolubilidad del matrimonio mediante la promoción de la admisión “caso por caso” de los divorciados y “vueltos a casar” a la santa comunión. Esto significaría el derrocamiento de la disciplina sacramental milenaria de la Iglesia, enraizada en las palabras de Nuestro Señor: “Todo el que repudia a su mujer, y se casa con otra, comete adulterio… (Lc. 16, 18.)”. Esta disciplina la reafirmaron Benedicto XVI y Juan Pablo II frente a los desafíos por disidentes Católicos de la enseñanza, siendo el Cardenal Kasper uno de los más importantes entre ellos. Es evidente que usted desea abandonar la disciplina, como lo hizo cuando era arzobispo de Buenos Aires y cuando ya fue Papa, cuando se permitió llamar personalmente por teléfono, a una mujer en Argentina, casada por lo civil con un hombre divorciado, para decirle que podía recibir la sagrada comunión a pesar de que su “rígido” párroco había dicho lo contrario.

En la primera sesión del sínodo en 2014, en la que usted personalmente aprobó y ordenó publicar al mundo, un informe intermedio“, antes de que los padres sinodales lo hubieran revisado y que nunca fue aprobado por ellos, y de hecho, era una invención al parecer escrita antes del sínodo que no representaba ni remotamente su consenso real. Este documento vergonzoso abogaba por un tratamiento tipo “caso por caso” para abandonar la disciplina de la Iglesia, respecto a los divorciados “vueltos a casar” y el “valorar” la “orientación” homosexual. Un prelado valiente calificó este hecho como “un punto negro que ha manchado el honor de la Sede Apostólica“. Sin embargo, después de que la mayoría en el sínodo rechazó con fundamento estos puntos, usted denunció a “los llamados… tradicionalistas” por “querer cerrarse dentro de la palabra escrita… y no dejarse sorprender por Dios, por las sorpresas de Dios…“. Y entonces usted pidió que el mismo documento se distribuyera a los obispos del mundo, junto con tres párrafos del informe final que no recibieron la mayoría necesaria, pero que usted pidió fueran incluidos de todos modos, después de haber “quebrantado el libro de reglas” de un sínodo que fue “amañado” para lograr un resultado arreglado de antemano, pero que por la gracia de Dios no se logró.

En la segunda sesión del sínodo en 2015, usted solicitó que todas las deliberaciones se basarán en un Instrumentum laboris tan heterodoxo, que una coalición internacional de clérigos y laicos advirtió que se “pone en peligro toda la estructura de la enseñanza católica sobre el matrimonio, la familia y la sexualidad humana…“. Cuando ese documento fue igualmente rechazado por la mayoría en el sínodo y sustituido en el último minuto por un documento compromiso (que crea aberturaspara el derrocamiento de la disciplina sacramental de la Iglesia), usted denunció los “corazones cerrados, que con frecuencia se ocultan incluso detrás de las enseñanzas de la Iglesia o de las buenas intenciones, con el fin de sentarse en la silla de Moisés y del juez… casos difíciles“. Es decir, usted condenó a los padres sinodales que habían defendido la disciplina sacramental constante de la Iglesia.

En su evidente determinación para dar cabida a los divorciados “casados nuevamente” por lo civil, a quienes inexplicablemente usted caracterizó como “los pobres“, justo antes del sínodo 2015, usted inventó en secreto, sin consultar a cualquier dicasterio competente del Vaticano, una repentina y drástica “racionalización” del proceso de anulación. Un canonista de renombre mundial, que reflexionó y comentó sobre la alarma generalizada por esta “reforma” imprevista, la describió como “proporcionar un camino que se parece a la versión católica de divorcio sin culpa“. Usted mismo libremente reconoció que “no se me ha escapado, el hecho de que un juicio abreviado podría poner en riesgo el principio de la indisolubilidad del matrimonio… “.

Cuarto. Al mantener su asombrosa sugerencia, rápidamente aclamada por los medios de comunicación, de que la Iglesia ha estado “obsesionada” con “el aborto, el matrimonio gay y el uso de métodos anticonceptivos“, por su propio reconocimiento, usted “no había hablado mucho sobre estas cosas, y fue reprendido por ello“. Sin embargo, estas faltas graves amenazan la supervivencia misma de nuestra civilización en medio de lo que Juan Pablo II llamó una “cultura de la muerte” y “apostasía silenciosa”. Mientras tanto, Vuestra Santidad tuvo una opinión muy vocal sobre muchos temas políticos, a la vez que permanecía en completo silencio mientras que la que una vez fue Irlanda católica, legalizó el “matrimonio gay” por referéndum popular y la Corte Suprema de los Estados Unidos impuso esta abominación en los cincuenta estados.

Por otra parte, mientras el mundo occidental se hunde en el abismo de la depravación y los musulmanes fanáticos están masacrando a los cristianos de todo el Medio Oriente, África y en el corazón de Europa, usted está preocupado por “el cambio climático”. Su encíclica, con la extensión de un libro, sobre una supuesta “crisis ecológica”, Laudato si, la única encíclica que ha producido, postula la existencia de una “crisis ecológica” y adopta acríticamente los reclamos ideológicamente motivados, fuertemente impugnados por la “ciencia del cambio climático”, sobre los que un Papa no tiene absolutamente ninguna competencia para evaluar, y mucho menos presentar a los fieles como hechos indiscutibles.

La misma encíclica lamenta el “calentamiento global”, el uso excesivo de aire acondicionado, la pérdida de manglares, la supuesta amenaza para el plancton y los gusanos, la extinción de diversas plantas y animales, que se denuncia como una ofensa a Dios, antes de mencionar el aborto (mientras que falla completamente en no mencionar la práctica sumamente anti-natural de la anticoncepción). En cuanto al aborto, la encíclica habla sólo de un fracaso “para proteger un embrión humano”, cuando en realidad el aborto es el asesinato en masa y brutal de seres humanos inocentes, desgarrándolos miembro a miembro en el útero o apuñalándolos con unas tijeras quirúrgicas en el mismo momento del nacimiento.

No es de sorprender que los poderes del mundo hayan aclamado universalmente a Laudato si, como parte de “la revolución de Francisco“, y que los medios de comunicación, incluida la prensa progresiva “católica”, hayan estado alabando la misma a lo largo de su pontificado.

Quinto. Vuestra Santidad ha desestimado constantemente todas las diferencias doctrinales con los protestantes, considerándolas insignificantes, y ha declarado en repetidas ocasiones, muy falsamente, que «todos los bautizados son miembros del mismo Cuerpo de Cristo, su Iglesia». En esto también desestima la enseñanza de Juan Pablo II, Benedicto XVI y todos los papas que los precedieron, incluido Pío XI, que enseñó todo lo contrario en relación con la situación de los protestantes: «Dado que el Cuerpo Místico de Cristo, esto es, su Iglesia, a semejanza de su cuerpo físico, es uno, compacto y unido, sería necedad y absurdo el decir que puede estar compuesto por miembros desunidos y separados: quienquiera, pues, que no esté unido a él no es miembro suyo, ni está unido a la cabeza, que es Cristo».

En este sentido, Vuestra Santidad parece indiferente a la creciente inmoralidad y herejía de las mismas sectas protestantes que participan en interminable y absurdo «diálogo ecuménico» con el Vaticano. Después de cincuenta años de «diálogo», esas sectas toleran el divorcio, la anticoncepción, el aborto, la homosexualidad y el «matrimonio gay», pretenden ordenar «sacerdotes» y «obispos» a mujeres y homosexuales practicantes, y continúan rechazando firmemente dogmas fundamentales de la única religión verdadera revelada por Cristo para la salvación del mundo.

¿Y qué hay de lo de que la verdad que nos hace libres? (Juan 8, 32) ¿Qué sucede con el testimonio de innumerables santos y mártires que gastaron su fortuna y ofrendaron su vida para defender y transmitir la fe católica ante los numerosos errores y la destrucción social generados por la revuelta protestante, cuyas últimas consecuencias se están jugando ante los propios ojos de Vuestra Santidad?

Sexto. Parece que sus declaraciones públicas de estos últimos días se han vuelto cada vez más descuidadas y desordenadas, causando aún más escándalo y aprensión entre los fieles:

El 15 de noviembre, durante su participación en un servicio de oración dominical luterana, Vuestra Santidad afirmó que las enseñanzas de los católicos y los luteranos acerca de Cristo son «las mismas», ya que se trata simplemente de una cuestión de «lenguaje católico» o «lenguaje luterano». Calificó el dogma definido y la realidad ontológica de la transubstanciación como meras «explicaciones e interpretaciones», declarando que «la vida es más que explicaciones e interpretaciones». Como si «la vida» fuera «más» que la presencia real de Dios encarnado en la Sagrada Eucaristía, que los protestantes niegan.

En la misma ocasión, sugirió que si los protestantes pueden recibir la Sagrada Comunión es algo que les corresponde determinar a los teólogos, cuando la Iglesia ya ha determinado infaliblemente que es imposible sin la conversión y la profesión de la misma fe de los católicos. Afirmando que el asunto estaba más allá de su competencia -pero es precisamente competencia del Papa sostener la doctrina de la Iglesia en este sentido-,  dio a entender que un luterano casado con una católica podría recibir la Sagrada Comunión después de «hablar con el Señor», pero que «no se atreve a decir más». Pero ya había dicho demasiado al remitir públicamente un asunto de grave importancia para la salvación a la conciencia privada, propensa a errores personales: «El que come y bebe no haciendo distinción del cuerpo del Señor, come y bebe su propia condenación» (1 Cor. 11,29).

El 21 de noviembre declaró en una conferencia mundial de educadores católicos: «Nunca hagan proselitismo en las escuelas. Educar cristianamente es sacar adelante a los jóvenes con unos valores humanos en toda su realidad, y uno de ellos es la trascendencia». Por el contrario, la educación católica consiste sobre todo en inculcar los valores divinos: el Evangelio y lo que se exige a los católicos, de hecho a todo el mundo, no valores meramente humanos o una «trascendencia» vaga desprovista de su propio fin, que es el Dios que se ha revelado en la persona de Jesucristo, el Verbo Encarnado.

Durante su viaje a África del 25 al 30 de noviembre, opinó que el mundo está «al borde del suicidio» por el «cambio climático». Como ha hecho a lo largo de su pontificado, no abordó el verdadero peligro de suicidio para la civilización de nuestro tiempo, destacado por su gran predecesor el venerable Pío XII: que casi todo el género humano está dejándose arrastrar a dos campos opuestos, o por Cristo o contra Cristo. La especie humana está inmersa hoy en una crisis suprema que resultará en su salvación por Cristo o en su terrible destrucción. A fuerza de dirigir la atención de la Iglesia a una mundana «crisis ecológica», consigue que los fieles pierdan de vista la crisis cristológica que pone en peligro en nuestro tiempo la felicidad eterna de innumerables almas.

Durante la conferencia de prensa en el vuelo de regreso a Roma desde África, denunció una vez más a los católicos «fundamentalistas», burlándose de las convicciones religiosas absolutas de los miembros ortodoxos de su rebaño, basadas en la palabra revelada de Dios y la enseñanza infalible del Magisterio en la fe y la moral:

El fundamentalismo es una enfermedad que se encuentra en todas las religiones… Entre nosotros los católicos tenemos algunos… no algunos, muchos, ¿eh? –que se creen que poseen la verdad absoluta y van por ahí ensuciando a otros con calumnias, con difamaciones, y hacen mal… El fundamentalismo religioso no es religioso, porque no tiene a Dios, y es idólatra, como la idolatría del dinero.

Después de acusar a «muchos» miembros de su propio rebaño de ser idólatras que prescinden de Dios, propuso más tarde una equivalencia moral entre los cristianos y los musulmanes fanáticos que masacran, torturan, violan, esclavizan y obligan a exiliarse a cristianos por todo el mundo: «No se puede acabar con una religión solo porque haya algunos o varios grupos de fundamentalistas en un momento dado de la historia… Piense en cuántas guerras hemos librado los cristianos. No fueron los musulmanes los culpables del Saco de Roma».

Una vez más Vuestra Santidad avergüenza a la Iglesia -y a usted mismo- con un comentario malconsiderado, bastante inadecuado para el Romano Pontífice. El histórico registro requiere rectificación de su absurdo.

Antes que nada, los musulmanes sí saquearon Roma en el 846, saqueando el viejo San Pedro y provocando que el Papa León IV construyera las “murallas leoninas” “para defender la sede de Pedro de una yihad islámica”.

En segundo lugar, si se estaba refiriendo al saqueo de Roma en 1527, a manos del ejército de Carlos V, no tuvo nada que ver con “fundamentalismo” religioso, sino que más bien implicó básicamente represalia política contra Clemente VII, un Papa débil y vacilante, que desafortunadamente había forjado una alianza con el rey de Francia (Francisco I), con quien Carlos estaba en guerra. En efecto, el ejército del emperador incluía mercenarios alemanes, la mayor parte de los cuales eran luteranos, y fueron ellos los principales responsables de la devastación de la santa Sede, y la violencia contra sus habitantes católicos.

En tercer lugar, durante el mismo periodo, por supuesto, los saqueadores musulmanes -que de hecho eran violentos “fundamentalistas”- estaban expandiendo el imperio otomano, a base de la conquista de tierras cristianas, hasta la rotunda y milagrosa derrota de la flota musulmana en la batalla de Lepanto en 1571, que evitó una conquista musulmana de toda Europa y, probablemente, otro saqueo musulmán de Roma.

Provocando incluso más escándalo, en respuesta a una pregunta sobre si la Iglesia debería “cambiar su postura” sobre la inmoralidad de la contracepción, para permitir el uso de condones como un método de limitar nuevas infecciones de VIH, usted se refirió a esta nefasta práctica como “uno de los métodos”, pareciendo legitimarlo de este modo, mientras sugería que presenta un dilema moral para la Iglesia, incluso equiparándolo a la curación de nuestro Señor en el sábado:

La pregunta me parece demasiado pequeña. Me parece también una pregunta parcial. Sí, es uno de los métodos. La moral de la Iglesia se encuentra, pienso, en este punto, frente a una perplejidad. O el quinto o el sexto mandamiento: la vida (con condones) o que la relación sexual esté abierta a la vida. Pero este no es el problema. El problema es más grande.

Esta pregunta me hace pensar en la que le hicieron a Jesús una vez: “Dime, maestro, ¿es lícito curar el sábado?” Es obligatorio curar. Esta pregunta si es lícito curar. La malnutrición, el trabajo esclavo, la explotación, la falta de agua potable… Esos son los problemas.

No hablemos de si se puede usar esta tirita o no para esa herida. El gran problema la injusticia social, la injusticia del    medio ambiente…

Así que parece que usted aceptó que hay lugar para considerar este “método”, aunque usted lo ve como un asunto más bien trivial (una tirita), incluso si facilita la fornicación y una cultura de total depravación sexual. ¡Usted entonces ha subordinado la ley moral a la preocupación por la justicia social y ambiental! Y así, una vez más, la Iglesia se encuentra herida por el escándalo y la confusión, a causa de su costumbre de comentarios a la prensa descuidados y fruto de la casualidad, sobre temas morales de peso y cuestiones teológicas, acerca de las cuales un Papa debería hablar o escribir con la máxima prudencia y reflexión, invocando la asistencia divina.

Finalmente, justo ha aparecido en la web del Vaticano una entrevista de su Santidad al semanal Credere, en la que alude favorablemente (una vez más) a la falsa noción de “misericordia” del cardenal Kasper, y revela que usted pretende dirigir una “revolución de la ternura” -una alusión al título del libro del cardenal Kasper que lo elogia a usted: El Papa Francisco. Revolución de la ternura y el amor-. Usted declara que esta “revolución de la ternura” tendrá lugar durante su Jubileo de la Misericordia, que implicará “tantos gestos”, incluyendo “un gesto diferente” el “viernes de cada mes”.

El motivo señalado para la “revolución de la ternura” es que, según usted, “la Iglesia misma a veces sigue una línea dura, cae en la tentación de seguir una línea dura, en la tentación de poner énfasis sólo las reglas morales, mucha gente es excluida”. Afirmando la sugerencia de su entrevistador que la Iglesia debe “descubrir” a “un Dios que Es conmovido y Quien tiene compasión para el hombre”, usted responde: “El descubrirlo nos llevará a tener una actitud más tolerante, más paciente, más llena de ternura”—como  si a la Iglesia le faltara paciencia y compasión por los pecadores antes de su elección.

¿Qué son estas afirmaciones asombrosas sino una amenaza totalmente sin precedentes, hecha por un Romano Pontífice de poner de lado las “reglas morales”—esto es, la enseñanza constante del infalible Magisterium—en el nombre de una falsa misericordia, evidentemente refiriéndose a los divorciados, a los “vueltos a casar” y a otros quienes usted estima “excluidos” de alguna manera? ¿Cómo debemos tomar a un papa que dice que la Iglesia que Cristo fundó para enseñar infaliblemente sobre la fe y la moral ha “caído” en la tentación de tomar una línea dura sobre la moral? ¿Qué, además de horror, deberían experimentar los fieles cuando un papa dice tales cosas que nunca han sido escuchadas desde la Sede de Pedro en 2,000 años?

Los católicos saben que una verdadera revolución de ternura ocurre en cada alma que pasa por el Bautismo o que, correspondiendo a la gracia del arrepentimiento, entra al confesionario con el firme propósito de hacer enmienda y con un corazón contrito, se libra del peso del pecado, recibe la absolución por un sacerdote ejerciendo in persona Christi, y emerge “blanca como la nieve”, citando a su propio antecesor, hablando del Sacramento de la Confesión. La Iglesia Católica siempre ha sido una fuente inagotable de divina misericordia por medio de sus Sacramentos. ¿Qué es lo que su propuesta “revolución” le puede agregar a lo que Cristo ya ha provisto en Su Iglesia? ¿Puede usted declarar la amnistía al pecado mortal? ¿Puede usted perdonar lo que no es perdonable sin el arrepentimiento y la contrición? ¿Puede usted sobrepasar la misericordia del Mismo Dios?

A diario crece la percepción de que aunque usted es el Vicario de Cristo, usted simplemente no tiene el interés de defender la fe y la moral, las cuales están siendo atacadas como nunca antes, ni tiene intención alguna de llamar a las ovejas extraviadas al redil establecido por Nuestro Señor para su salvación. Por el contrario, parece que usted ha dedicado su papado a un verdadero programa de laxitud doctrinal y disciplinario, cuyo tema es el de denunciar a los católicos ortodoxos regularmente, combinado con las acusaciones de que a la Iglesia le falta misericordia. Al mismo tiempo, usted persigue asuntos sociales y políticos, ámbitos en los cuales  un papa no tiene injerencia ni autoridad alguna, tales como “el cambio climático”, el medio ambiente, y restaurar relaciones diplomáticas entre Cuba y los Estados Unidos.

Después de ser vilipendiado por una tormenta de controversias, una tras otra, ocasionada por vuestras palabras y acciones sin precedente, los fieles se sienten cada vez más como si “el barco de la Iglesia hubiera perdido su brújula.

En suma, Santo Padre, durante los últimos dos años y medio usted ha ganado la alabanza unánime del mundo mientras que ha sumergido al bien común eclesiástico en un estado de confusión y de división. Ha ridiculizado, regañado y condenado a los ortodoxos, mostrado tolerancia sin límites a los heterodoxos y a los desviados sexualmente, y ha buscado subvertir a la disciplina sacramental defendida por el mismo Papa a quien usted declaró como un santo. Acompañado a todas partes por la adulación de los medios y del rugir de las multitudes, usted parece no hacerle caso a la amonestación de Nuestro Señor: “Miseria a ustedes cuando los hombres los bendigan: porque esto mismo hicieron sus padres a los falsos profetas.”

La situación ha alcanzado el punto en donde un oficial superior en jefe del Vaticano, haciendo reflexiones sobre las preocupaciones de los católicos de todos los rangos,  se ha visto obligado  a advertirle a un bien conocido periodista católicoque “este pontificado supone serios riesgos para la integridad de la enseñanza Católica en cuestión de fe y de la moral”.

De acuerdo con el prelado, estamos obligados ante Dios a declarar públicamente, en conciencia, que su pontificado sólo puede ser visto como un claro y presente peligro para la Iglesia, un peligro que parece aumentar con cada día que pasa. Verdaderamente los efectos dañinos de su pontificado están en evidencia por doquier, con los Católicos alrededor del mundo tratando a las enseñanzas de la Iglesia sobre la fe y la moral cada vez con más y más desdén, tomando como su punto de referencia vuestras propias palabras y acciones —jubilosamente proclamadas al mundo por los medios de comunicación— en vez de la enseñanza infalible del Magisterum sobre la fe y la moral durante los últimos 2000 años.

Ahora, en tanto que usted condena la “línea dura” de la Iglesia sobre “las reglas morales” y proclama una “revolución de ternura”, nos vemos encarados ante la inminente amenaza de inauditos “gestos” de “misericordia” que podrían socavar la estructura moral de la Iglesia con un gran daño para las almas, cuya salvación está en riesgo. Entre estos gestos al parecer podría estar una exhortación apostólica post-sinodal autorizando la admisión a la Santa Comunión de los públicamente adúlteros, de acuerdo con el juicio individual de los obispos o conferencias episcopales. Esto significaría nada más y nada menos que el sacrilegio masivo, la práctica destrucción de la unidad de la Iglesia, la abolición de facto de la doctrina sobre el pecado mortal y los requerimientos del estado de gracia para una vida sacramental, el colapso de las enseñanzas morales de la Iglesia, y en última instancia, la rendición de su reclamo a un Magisterium infalible. Se tiene la sensación de un giro casi apocalíptico de los acontecimientos en la historia de la Iglesia.

No nos atrevemos a juzgar sus motivos ni sus intenciones subjetivas con respecto a lo que usted ha dicho y hecho en detrimento a la Iglesia en el transcurso de un papado turbulento, sin parecido a ninguno que la Iglesia haya tenido jamás. Pero no nos podemos quedar silenciosos ante el daño objetivo que la Iglesia ya ha sufrido, ante la alabanza sin fin del “papa de la gente”, o a un futuro daño que ahora parece inminente.

Para recordarnos una vez más de las palabras de su predecesor, un papa debe ejercer su poder para “atarse a sí mismo y a la Iglesia a la obediencia a la Palabra de Dios, ante cualquier intento de adaptarla o diluirla, así como a cualquier tipo de oportunismo“. Cuando un papa no puede o no quiere seguir este fin, cuando de hecho él parece determinado a actuar en contra de ella, ¿no estaría mejor servida la Iglesia si él dejara el puesto, tan augusto, de Vicario de Cristo? Mejor esto que arriesgar un fatal compromiso de la doctrina y disciplina de la Iglesia, subvertiendo 2,000 años de tradición apostólica y eclesiástica e incurriendo, para citar la famosa fórmula del Papa San Pío V, “ la ira de Dios Todo Poderoso y del de los Benditos Apóstoles Pedro y Pablo.

8 de Diciembre de 2015

Fiesta de la Inmaculada Concepción

SI DESEA ADHERIRSE A ESTA PETICIÓN PUEDE HACERLO FIRMANDO EL FORMULARIO EN EL ARTÍCULO ORIGINAL INGLÉS, AL FINAL DEL MISMO ENCONTRARÁ EL FORMULARIO PARA RELLENARLO. EL NOMBRE DEL FIRMANTE NO SE MUESTRA PÚBLICAMENTE.

[Traducción: J.E.F., Enrique Treviño, Cecilia González-Paredes, Rocío Salas, José Antonio Gutiérrez, Tina Scislow. Artículo original]

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Sobre Francisco, a un año de su Pontificado

4 Mar

Antonio Caponnetto

A un año del Pontificado de Francisco

En el número 107 de Cabildo (enero-febrero 2014) publiqué la presente nota. Bastante más ampliada y retocada la hago circular ahora, con la esperanza de que pueda prestar algún servicio.

El próximo 19 de marzo, Festividad de San José, se cumple un año de la asunción pontificia del Cardenal Bergoglio.

Otros estarán capacitados para hacer un balance exhaustivo, completo y erudito.Lo esperamos con necesidad espiritual. Otros no querrán hacerlo, limitándose a un aséptico encogimiento de hombros, a una aprobación irrestricta y apriori de carácter papolátrico o a una condena en bloque de todos sus dichos y quehaceres; y otros –me temo que los más- se desvivirán en panegíricos de burdo tinte mundano,como ya viene sucediendo para desconcierto de la católica grey, pues tales encomios gozan del beneplácito del homenajeado, o al menos de su tácita aquiescencia. Lo que no resulta aconsejable para ninguna práctica de la tan declamada humildad.

De mi parte –y hablo deliberadamente en primera persona, pues no quiero involucrar a nadie en este juicio- debo decir,con genuino dolor de súbdito, que lo que he podido analizar objetivamente hasta hoy confirma y potencia cuanto escribí en su momento en mi obra La Iglesia traicionada, editada en el año 2010.

En efecto, el Cardenal Bergoglio, devenido ya en el Pontífice Francisco, es un hombre que conspira contra la Verdad. Y lo hace de los cuatro modos posible más comunes: por vía de la mentira, del error, de la confusión y de la ignorancia.

Como los ejemplos se multiplican, para nuestra hiriente desazón y pesadumbre impar, sólo pondremos un caso: su tratamiento de la cuestión judía. Y como este tratamiento tiene su vez un sinfín de facetas –desde dedicarles públicas ternezas a los hebreos que a otros católicos se les niega, hasta permitirles sus ritos cultuales en el Vaticano, acompañando activamente los mismos; desde remitirles misivas con un afecto no simétrico hacia los descalificados por “cristianos restauracionistas”, hasta felicitarlos por sus fiestas, aunque ellas supongan la virtual negación de Cristo como Mesías- nos limitaremos a lo enseñado en la Exhoración Apostólica Evangelii Gaudium; esto es, a una expresión formal, institucional y oficial de su magisterio petrino.

-Es mentira que la Alianza entre Dios y el pueblo judío “jamás ha sido revocada”(Evangelii Gaudium,247). Se prueba de muchas y complementarias formas –yendo a los Padres, a los Doctores, a los Santos, a las encíclicas,los concilios, las bulas, los textos litúrgicos, a Tomás de Aquino y al Catecismo de primeras nociones- pero está dicho en la Sagrada Escritura, sin posibilidades de equívoco. De modo expreso, por ejemplo en Hebreos 8,6-9: “porque ellos no permanecieron fieles a mi alianza, y yo me desentendí de ellos, dice el Señor”. “Mirad, días vendrán, dice el Señor, en que concluiré una alianza nueva con la Casa de Israel y con la Casa de Judá, no conforme a la alianza que concerté con sus padres el día que los tomé de la mano para sacarlos de la tierra de Egipto” (Jeremías, 31, 31-34). Y de modo no menos expreso, pero con lenguaje simbólico,quedá probado en la Parábola de la Higuera Estéril o de Los viñadores Homicidas.

No; es exactamente al revés: la Alianza fue revocada; lo que no quiere decir –como bien lo explica el Apóstol- que la misericordia de Dios no pueda reinjertar a los israelitas contritos, conversos y vueltos humildemente hacia el Autor de la Vida que “matásteis”(Hechos 3,13-15) y al Señor de la Gloria que “crucificásteis”(I Cor.2,8).Se supone que para eso estábamos hasta hoy,entre otras cosas, los católicos, para procurar la conversión de los judíos, no para mantenerlos en sus idolatrías, agasajándolos con comida kosher.
•Es error sostener que “creemos juntos[católicos y judíos] en el único Dios que actúa en la historia, y acogemos con ellos[los judíos]la común Palabra revelada” (Evangelii Gaudium,247).

El único Dios que actúa en la historia es Jesucristo, Segunda Persona de la Santísima Trinidad. Ni un catecúmeno de parroquia barrial puede desconocer que los judíos no creen en la Santa Trinidad, ni en Jesucristo como verdadero Dios Hijo del Padre. Y no pueden creerlo, precisamente porque rechazan una parte sustancial de la “Palabra revelada” que es el Nuevo Testamento. La “común Palabra revelada” que podríamos tener, si por ella se alude al universo veterotestamentario,está toda ordenada, encaminada y dirigida a la aceptación de Cristo, como desde siempre enseñó el Magisterio. Luego, al negar los judíos su natural y sobrenatural coronación y desenlace, deja de ser un patrimonio “común”. Por el contrario, se convierte en crucial y dramática divisoria de aguas.
•Es confusión afirmar que “si bien algunas convicciones cristianas son inaceptables para el Judaísmo”, igual podemos “compartir muchas convicciones éticas y la común preocupación por la justicia y el desarrollo de los pueblos” (Evangelii Gaudium,249). La confusión es presentar “las convicciones cristianas” con un cierto aire de lamento o de reproche hacia las mismas, por no permitir una comunión más plena y totalizadora con los israelitas. La confusión es partir de la base de que “las inaceptables” para el Judaísmo, son “algunas” de nuestras “conviciones”, y no las formulaciones dogmáticas del Credo, empezando por la que dice:“Et in Iesum Christum, filium eius unicum, Dominum Nostrum”.La confusión es pensar que “la común preocupación por la justicia” se puede mantener en pie si el Verdadero Dios no es la fuente y la razón de la Justicia; si las “convicciones éticas” no remiten del ethos al nomos y al logos divinos de Jesucristo. La confusión es hablar del “desarrollo de los pueblos” como supuesto factor de unidad, cuando no es ni puede ser el mismo el concepto de desarrollo popular para quien niega o acepta la Reyecía Social de Jesucristo. La confusión es pensar que podemos obrar en común en acciones inmanentes y temporales, cuando nos separan tajantes e irrevocables diferencias trascendentes e intemporales.La confusión, en suma, es no queder advertir ni manifestar que esas obstaculizantes convicciones no son materia opinable. Han sido pagadas al altísimo precio de la sangre derramada en el Calvario. Efusión en la cual, los judíos, cumplieron y cumplen el trágico protagonismo de verdugos.
•Es ignorancia “lamentar sincera y amargamente las terribles persecuciones de las que fueron y son objeto [los judíos],particularmente aquellas que involucran o involucraron a cristianos (Evangelii Gaudium,248). Es ignorancia de los innúmeros fraudes con que han enmascarado y enmascaran esas presuntas persecuciones. Es ignorancia de la peligrosa teología dogmática hebrea sobre el holocausto, que destrona a Cristo como víctima para colocarlo como victimario. Es ignorancia del carácter teórico y práctico de persecutores activos que han ejercido los hebreos contra los cristianos, y que aún hasta hoy siguen ejerciendo. Es ignorancia del historial de crímenes y de latrocinios mediante los cuales Israel se constituyó en Poder Mundial. Es ignorancia de las Actas de los Mártires, de los Hechos de los Apóstoles y del santoral pasado y presente que incluye un sinfín de víctimas de la vesania judía. Es ignorancia incluso de que la plana mayor del judaísmo “argentino”, recibida cordialísimamente por el Papa, no sólo representa las antípodas de un supuesto ideal de Iglesia de los pobres, puesto que sus miembros constituyen una voraz oligarquía, persecutora y expoliadora de los que menos tienen, sino que es responsable ineludible de un sinfín de ataques y de vejámenes a las instituciones y tradiciones cristianas de la patria. ¡Cuánto habría que decir al respecto!¡Y cuánto de lo sucedido recientemente por culpa y causa de ellos! ¡Qué cantidad de imperdonables olvidos comete Francisco frente a estos personajes siniestros, al sentarlos a su mesa sin pedirles el más mínimo acto de contrición por la larga lista de iniquidades perpetradas!

Mentira, error, confusión e ignorancia. Se analice el tema que se analizare, tras un año de pontificado, estas son las cuatro y trágicas notas dominantes que aparecen. Quede en claro que hemos tomado apenas un ejemplo representativo. Tomar el conjunto demandaría mucho más que esta nota. No nos place ser cronistas de la apostasía; quisiéramos acaso merecer el anhelo de ser testigos de la Verdad.

El nuevo orden mundial

22 Sep

Las verdades

30 Jul

Las verdades del evangelio seguirían siendo verdades, aun cuando todos los hombres no las vean. A propósito de las declaraciones de Francisco

San Pablo contra Sodoma. Y qué del homosexualismo

15 Jul

San Pablo contra Sodoma.

 
 

La Sagrada Escritura y, especialmente el sentido común son tan claros sobre el tema de la homosexualidad que el Magisterio de la Iglesia a tratado muy poco de esta materia. (1)

 
1. En el Antiguo Testamento, además del castigo de Sodoma (Génesis 19), debemos citar la ley dada por Dios a Israel: Lev. 18, 22 designa a la sodomía como una abominación, Lev 20, 13 castigados con la muerte).En el Nuevo Testamento, San Pablo condena explícitamente este vicio en varias epístolas (Romanos 1, 24-32, que se citan a continuación 1 Cor 6,10: “Ni los fornicarios, ni los idólatras, ni los adúlteros, ni los afeminados, ni los infames, ni los ladrones, […] heredarán el reino de Dios (2)”, 1 Tim 1,10, dice la misma manera que “los asesinos, los fornicarios, los infames […](3)”.
 
2. El sentido común también es suficiente para ver que este vicio es contra la naturaleza, puesto que utiliza al contrario de su finalidad natural una función que Dios ha dado para la transmisión de la vida. Una desviación así de grave, en un asunto tan importante para el bien común (el futuro de la sociedad depende de ello), evidente que es gravemente pecaminosa.
 
 
 
Sin embargo, esto ya no aparece tan obvio para muchos de nuestros contemporáneos. Debemos ahora argumentar para defender lo que antes era evidente.
Comencemos pues el asunto, preguntando por qué y cómo se puede haber llegado a tal extremo.
Sobre este punto en particular la Sagrada Escritura, y San Pablo especialmente, van a aclararnos mucho.
 
San Pablo va hasta la raíz del mal
 
En el primer capítulo de su epístola a los Romanos, San Pablo no se limita, en efecto, a denunciar el vicio. Él establece claramente un vínculo causal entre la infidelidad (idolatría) y la impureza contra la naturaleza. Leamos el pasaje (Rom 1,18-32):
 
1. La idolatría de los gentiles es inexcusable, porque el verdadero Dios se manifiesta en la creación.
En efecto, la cólera de Dios se revela desde el cielo contra toda impiedad e injusticia de los hombres que aprisionan la verdad en la injusticia; pues lo que de Dios se puede conocer, está en ellos manifiesto: Dios se lo manifestó. Porque lo invisible de Dios, desde la creación del mundo, se deja ver a la inteligencia a través de sus obras: su poder eterno y su divinidad, de forma que son inexcusables; porque, habiendo conocido a Dios, no le glorificaron como a Dios ni le dieron gracias, antes bien se ofuscaron  en sus razonamientos y su insensato corazón  se entenebreció: jactándose de sabios se volvieron estúpidos,  cambiaron la gloria  del Dios incorruptible por una representación en forma de hombre corruptible, de aves, de cuadrúpedos, de reptiles.
 
2. Consecuencia de esta maldad, Dios los abandonó a sus pasiones.
Por eso Dios los entregó a las apetencias de su corazón hasta una impureza tal que deshonraron entre sí sus cuerpos; a ellos que cambiaron la verdad de Dios por la mentira, y adoraron y sirvieron a la criatura en vez del Creador, que es bendito por los siglos. Amén.
 
3. Consecuencia (continuación): el vicio contra la naturaleza
Por eso los entregó Dios a pasiones infames; pues sus mujeres invirtieron las relaciones naturales por otras contra la naturaleza; igualmente los hombres, abandonando el uso natural de la mujer, se abrasaron en deseos los unos por los otros, cometiendo la infamia de hombre con hombre, recibiendo en sí mismos el pago merecido de su extravío.
 
4. San Pablo repite su razonamiento: causa y consecuencia.
Y como no tuvieron a bien guardar el verdadero conocimiento de Dios, entrególos Dios a su mente insensata, para que hicieran lo que no conviene: llenos de toda injusticia, perversidad, codicia, maldad, henchidos de envidia, de homicidio, de contienda, de engaño, de malignidad, chismosos, detractores, enemigos de Dios, ultrajadores, altaneros, fanfarrones, ingeniosos para el mal, rebeldes a sus padres, insensatos, desleales, desamorados, despiadados, los cuales, aunque conocedores del veredicto de Dios que declara dignos de muerte a los que tales cosas practican, no solamente las practican, sino que aprueban a los que las cometen.
 
 
San Pablo lo dice pues y lo repite: la ceguera moral llevada hasta la aprobación de los vicios contra la naturaleza es una consecuencia de la impiedad. Una máxima atribuida a San Agustín resume esta enseñanza: Este estigma no es sólo un pecado, es más bien el castigo del pecado (4)
 
 
La explicación de Santo Tomás
 
En su comentario sobre la Epístola a los Romanos, Santo Tomás de Aquino insiste también:
           
Cabe señalar que es con razón que el Apóstol pone los vicios contra la naturaleza -que son el más grave de los pecados de la carne- como castigo por la idolatría. Se percibe que estos defectos parecen haber comenzado a desarrollase con la idolatría – es decir, los días de Abraham, cuando se reconoce generalmente que la idolatría comenzó. Se lee en el capítulo 19 del Génesis que estos defectos han sido castigados por primera vez en la persona de los habitantes de Sodoma. Y del mismo modo, los vicios de este tipo han crecido progresivamente a medida que creció la idolatría. Así se lee en el segundo libro de los Macabeos que Jasón se atrevió a poner los jóvenes más nobles en lugares infames (5) y no fue el comienzo, sino el desarrollo y el progreso de la adopción de costumbres paganas (6)
 
El Doctor Angélico se refiere indirectamente al mismo tema en una cuestión de su Summa Theologica. Se pregunta por qué el rito de la circuncisión fue instituida en la época de Abraham, y no justo después de la caída original. Él respondió que en la época de Adán, incluso después del pecado, la fe y la razón natural era todavía lo suficientemente fuerte por lo que el hombre no necesitaba ese rito. Sin embargo, al tiempo de Abraham, la religión se había debilitado al punto que la mayoría de personas se volcaron a la idolatría, y a la vez, la razón natural estaba oscurecida por las pasiones de la carne hasta el punto de hacer caer al hombre en pecado contra la naturaleza. Por lo tanto, era el momento en que Dios instituyese, para el hombre, un rito que fuese al mismo tiempo la señal de la fe en Dios, y un remedio para el deseo carnal (7).
 
Encontramos así, en esta respuesta, el vínculo entre el progreso de la idolatría y el de los vicios contra la naturaleza. El primero es una falta contra la naturaleza divina, Dios permite como castigo la segunda, que va en contra de la naturaleza del hombre (8).
 
Confirmación en el siglo XVII
 
En el siglo XVII, el famoso exégeta Cornelius a Lapide (9) confirma esta explicación:
 
Las pasiones monstruosas son la pena de la infidelidad, la impiedad y la herejía (10).
 
Tras señalar que los herejes de su tiempo (protestantes) han manifestado la verdad de esta frase en sus costumbres(11), investiga la causa de ese vínculo entre la impiedad y la impureza. Da dos razones.
 
1. En primer lugar, porque donde no hay fe, no hay gracia de Dios; y donde no hay gracia de Dios, no encontramos la castidad, sino todo tipo de concupiscencias. Era justamente por eso que Lutero decía que la fornicación era tan necesaria al hombre como el alimento, y que se oye por todos lados, entre los innovadores, el axioma de que la castidad es imposible; porque, realmente, es imposible a Lutero y a los herejes. Eso es justo lo que San Jerónimo dijo: “Es difícil encontrar a un hereje que ame la castidad; aunque la pueda recomendar por palabras y alabarla”.
 
2. En segundo lugar, a causa de que la herejía y la infidelidad nacen del orgullo, y que la pasión impura es el castigo del orgullo, del mismo modo en que la castidad es la recompensa de la humildad (12).
 
Confirmación al día de hoy
 
La conclusión se impone por si misma: la repugnante invasión de los vicios de Sodoma en nuestros países – y su formalización por infames leyes – no son sólo azotes sociales. Son también, y principalmente, castigos.
Nuestros países son, hace tiempo, oficialmente apóstatas; oficialmente ateos. Incluso, por la ideología de los derechos humanos, oficialmente idólatras. Por tanto, es natural, lógico, necesario, que estas costumbres se instalen en ellos. San Pablo dijo:
 
No tienen excusa, porque habiendo conocido a Dios, no lo glorificaron como a Dios, y le dieron gracias, sino que se entregaron a sus deseos y sus corazones sin inteligencia se hundieron en la oscuridad. […] Por eso Dios los entregó a las pasiones vergonzosas […] Ya que no se preocuparon por conocer a Dios, Dios los entregó a su mente réproba.
 
 
Esto no quiere decir que en el orden individual sólo un idólatra, o un impío, puedan experimentar las tentaciones contra la naturaleza. Todos los seres humanos están marcados por el pecado original y el desorden de la naturaleza se manifiesta de diferentes maneras en cada uno. Sin contar las patologías propiamente dichas, uno nacerá más propenso a la ira, el segundo fue la pereza, y otro más vulnerable a tal o cual tentación de lujuria. Una educación inadecuada, choques psicológicos mal curados u ocasiones precoces de escándalo podrán exacerbar y agravar esta herida, en la fragilidad de la infancia o la adolescencia. En este caso, como frente a cada uno de los pecados capitales, sólo la lucha diaria, con la oración y la gracia de Dios, permitirá superar el vicio y establecer la virtud.
 
Pero en el orden público, aquel de cada nación, la aceptación del vicio contra la naturaleza, tal como lo estamos experimentando hoy en día, no puede ser más que un castigo. La paganización de las costumbres es la consecuencia inevitable de la paganización de las ideas.
 
¿Cómo reaccionar?
 
¿Estarán los católicos condenados a asistir impotentes a la destrucción gradual de la sociedad? Ciertamente que no. Por eso, para actuar con eficacia, para escapar del ciclo de derrotas en que parecen haber caído, deben tomar consciencia, ante todo, de las verdaderas causas del mal – aquellas que denuncia San Pablo.
 
Nuestra sociedades apóstatas y ateas no pueden ser bendecido por Dios. La decadencia que las golpea es el castigo de aquella impiedad. No sirve de nada luchar contra esta decadencia si no luchamos al mismo tiempo, y primeramente, contra esa impiedad. Luchar sin Dios contra los males que resultan precisamente de la ausencia de Dios es, obviamente, un sin sentido (13).
 
Después de haber comentado extensamente a San Pablo, podemos concluir citando a San Juan:
 
Todo lo que es nacido de Dios vence al mundo. Y esta victoria sobre el mundo, nuestra fe. – Omne natum quod ex Deo vincit mundum, et haec est victoria quae vincit mundum, fides nostra. (1 Juan 5: 4)
___________________
 
1) Solo accidentalmente la enseñanza tradicional ha abordado la cuestión. Un decreto del Santo Oficio del 24 de septiembre 1665 trata de la sodomía no para definir que es un pecado (parece demasiado obvio), sino para indicar cómo este pecado se debe acusar en la confesión (la naturaleza de la culpa debe ser especificado de forma explícita, una acusación genérica no es suficiente para que la confesión sea íntegra) (DS 2044). – La anarquía generalizada introducida en la Iglesia por el Concilio Vaticano II permitió que algunos “teólogos” trataran de legitimar este vicio. Frente a esto, el Vaticano a terminado por intervenir para recordar que “los actos homosexuales son intrínsecamente desordenados y que no puede en ningún caso ser aprobados” (29 de diciembre de 1975, DS 4583, reproducido en el nuevo Catecismo de la La Iglesia Católica, § 2537). Pero este “magisterio conciliar” se desacredita por los errores que también promueve, y no puede considerarse como una referencia solida (a lo más es una argumento ad hominem o un argumento a fortiori [ “Si hasta las autoridades conciliares, tan inclinadas al laxismo, denuncian este pecado …”]); tampoco se impuso de manera firme, y los errores contrarios continúan siendo impunemente difundidos. – Un ejemplo reciente: la “Documentation catholique”, del 2 de enero  de 2005, publicó una conferencia de Timothy Radcliffe (antiguo Maestro de la Orden Dominicana), titulado “La afectividad y la Eucaristía”. En la introducción, explica que T. Radcliffe fue interrogado, después de su intervención, sobre el “matrimonio homosexual”. Y sin mostrar ni asombro, ni desaprobación, la introducción añade: “respondió que era favorable a la apertura de la Iglesia hacia los homosexuales para ” buscar con ellos la verdad y escuchar su experiencia. “(DC 2327, p. 38.)
2) Neque fornicarii, neque idolis servientes, neque adulteri, neque molles, neque masculorum concubitores, neque fures […] regnum Dei possidebunt.. El término “infame” (en latín: concubitores masculorum) se refiere a los sodomitas.
3) […] Homicidis, fornicariis, masculorum concubitoribus […].
4) Haec spurcitia non solum peccatum est, sed et poena peccati (PL 40, col. 1326; esta serie de sermones que ahora comúnmente se considera apócrifa.)
5) 2 Mc 4, 13 (cita de Thomas de la Vulgata). – En tiempos de Antíoco Epifanio, Jason consigue hacerse nombrar sumo sacerdote en Jerusalén, y se esfuerza por introducir las costumbres griegas entre los ciudadanos. La Biblia cuenta: ” Era tal el auge del helenismo y el progreso de la moda extranjera a causa de la extrema perversidad de aquel Jasón,     que tenía más de impío que de sumo sacerdote,      que ya los sacerdotes no sentían celo por el servicio del altar, sino que despreciaban el Templo; descuidando los sacrificios, en cuanto se daba la señal con el gong se apresuraban a tomar parte en los gimnasios de los ejercicios contrarios a la ley; sin apreciar en nada la honra patria, tenían por mejores las glorias helénicas. Por esto mismo, una difícil situación les puso en aprieto, y tuvieron como enemigos y verdugos a los mismos cuya conducta emulaban y a quienes querían parecerse en todo. Pues no resulta fácil violar las leyes divinas; así lo mostrará el tiempo venidero”. (2 Mc 4, 13-17).
6) «Et est notandum quod satis rationabiliter Apostolus vitia contra naturam quae sunt gravissima inter peccata carnalia, ponit idolatriaepoenam, quia simul cum idolatria incepisse videntur, scilicet tempore Abrahae, quando creditur idolatria incepisse. Unde et tunc primo leguntur in Sodomitis punita esse, ut Gn 19. Simul etiam idolatria crescente, huiusmodi vitia creverunt; unde dicitur 2 Mc 4, quod Jason ausus est sub arce optimos quosque epheborum in lupanaribus ponere. Erat autem hoc non initium, sed incrementum quoddam et profectus gentilis et alienigenae conversationis. » (Saint THOMAS, Com. in Rm 1, lect. VIII)
7) St. Thomas, III, q. 70, a. 2, ad 1.
8) Santo Tomás dice que todo pecado es en cierto sentido, contra la naturaleza porque va en contra de lo que nuestra razón nos dice que ser conforme a nuestra naturaleza racional, pero algunos pecados se oponen no sólo a nuestra naturaleza racional, sino la naturaleza física en sí (que compartimos con los animales). Son doblemente contra la naturaleza.
9) Cornelio a Lapide (Cornelius Van den Steen), SJ., 1567-1637.
10) “Hinc patet infidelitatis, impietatis et haeresis pœnam esse monstrosas libidines” (Cornelio a Lapide, en Romanos, 1, 26).
11) “Talia monstra quoque ab haeresi nata nostra vidit et protulit aetas. – Nuestro siglo también ha visto y ha producido ese tipo de monstros, nacidos de la herejía. “(Ibíd.).
12) “Primo, quia ubi non est fides, ibi non est gratia Dei ; ubi non est gratia Dei, ibi non est castitas, sed omnis concupiscentia : ut merito dixerit Lutherus, concubitum homini tam necessarium esse quam cibum, et passim apud Novantes personat hoc axioma, castitatem esse impossibilem, quia vere Luthero et haereticis impossibilis est. Vere ergo dixit S. Hieronymus, lib. II Comment, in Osece cap. IX: “Difficile est invenire haereticum qui diligat castitatem, etiamsi eam verbis commendet et prae se ferat”.  Secundo, quia haeresis et infidelitas oritur ex superbia, superbiae autem poena est libido, sicut humilitatis praemium est castitas”(Ibid)
13) Recordamos las palabras del Cardenal Pie: “Cuando Jesús Cristo no reina por los beneficios que se derivan de su presencia, reina por todas las calamidades inseparables de su ausencia”. (Discurso en Chartres, 11 de abril de 1858; Episcopal de Obras, v. 1, p. 84.)
 
Extraído de La Sal de la Tierra Nº 52, por Dominicus.

LA PASIÓN DE LA IGLESIA

29 Mar

LA PASIÓN DE LA IGLESIA – Por Christopher Fleming

de Christopher Fleming

Estos días que conmemoramos y revivimos la Pasión de Nuestro Señor Jesucristo, también conviene reflexionar sobre un acontecimiento paralelo que encontramos en las Sagradas Escrituras y en las profecías de diversos visionarios y místicos. Hablo de la Pasión de la Iglesia. Sabemos que la Iglesia, el Cuerpo Místico de Cristo, tendrá que sufrir una Pasión parecida a la de Nuestro Señor en los últimos tiempos, porque conviene que la Iglesia, la Esposa de Cristo, padezca lo mismo que padeció Nuestro Señor, para identificarse hasta el extremo con Su Divino Esposo. Por tanto, la Iglesia tendrá que ser traicionada por los que están dentro; condenada y humillada públicamente; azotada hasta ser desfigurada; crucificada; y finalmente enterrada. Sólo después de estos terribles sufrimientos llegará la verdadera restauración de la Iglesia, su Resurrección.

Esto es lo que dice el artículo 677 del Nuevo Catecismo sobre la Pasión de la Iglesia:

La Iglesia sólo entrará en la gloria del Reino a través de esta última Pascua en la que seguirá a su Señor en su muerte y su Resurrección (cf. Ap 19, 1-9). El Reino no se realizará, por tanto, mediante un triunfo histórico de la Iglesia (cf. Ap 13, 8) en forma de un proceso creciente, sino por una victoria de Dios sobre el último desencadenamiento del mal (cf. Ap 20, 7-10) que hará descender desde el cielo a su Esposa (cf. Ap 21, 2-4).

Reflexionando sobre los acontecimientos de la Pasión de Nuestro Señor ahora en la Semana Santa, he visto un paralelismo con los tiempos que nos han tocado vivir, porque creo que estamos entrando en lo que el Señor llamó “la hora del poder de las tinieblas” (Lucas 22:53). Naturalmente no corresponde la duración los tiempos; la Pasión de Nuestro Señor duró desde el jueves santo por la noche hasta el viernes a las 15:00, y la Pasión de la Iglesia puede durar bastantes años. Pero sí vemos que la sucesión de acontecimientos sigue el mismo orden y la misma lógica en ambas historias. Veamos por partes en qué sentido podemos decir que la Iglesia está a punto de entrar en su Pasión.

La entrada triunfal en Jerusalén

El Domingo de Ramos Jesucristo, montado en un burro, entró triunfalmente en Jerusalén, la ciudad donde tenía que padecer y morir cinco días más tarde. En la década de los 50 la Iglesia se encontraba aparentemente en un momento glorioso, a tan sólo diez años del cataclismo. En los años 50 la Iglesia estaba en plena expansión misionera por todo el mundo; tenía un ejército disciplinado y eficaz de sacerdotes y religiosos que trabajaban y oraban por el triunfo de la fe católica; los fieles por lo general practicaban y vivían su fe con una intensidad encomiable; la Iglesia era gobernada con mano firme por un Papa valiente y santo; la doctrina católica era predicada en todos lugares (parroquias, colegios, universidades) sin ambigüedades ni concesiones a los gustos modernos; y las herejías eran duramente reprimidas dondequiera que surgían.

Pero como no es oro todo lo que reluce, dentro de la Iglesia ya había un cáncer. Hasta que no se encuentre en fase de metástasis, un cáncer no se manifiesta; se queda a veces en espera, y de pronto ataca y se extiende por el resto del cuerpo. En la primera mitad del siglo XX, tras la derrota del modernismo por parte del Papa San Pío X, los enemigos internos de la Iglesia no desaparecieron, sino que más bien hibernaron. Mientras se ocultaban, esperando su oportunidad, la Iglesia prosperó, y muchos creían que la Iglesia estaba en el umbral de una segunda “era dorada”, fuera de cualquier peligro. Con la elección de Juan XXIII los modernistas clandestinos obtuvieron lo que necesitaban; recuperar la legitimidad dentro de la Iglesia, y reorientarla a su gusto mediante un concilio. Pío XI y Pío XII habían tanteado la idea de convocar un concilio ecuménico, pero le habían desaconsejado sabiamente sus cardenales. Esto es lo que dijo el Cardenal Billot a Pío XI en 1923 acerca de convocar un nuevo concilio:

La existencia de profundas diferencias en medio del episcopado mismo no puede ser ocultada…  [Ellos] corren el riesgo de dar lugar a discusiones que serán prolongadas indefinidamente…  [un concilio puede ser] manipulado por los peores enemigos de la Iglesia, los modernistas, quienes ya se están preparando, como ciertas indicaciones muestran, a producir la revolución en la Iglesia, un nuevo 1789.

En los años 50 muy pocos católicos de a pie se imaginaban el desastre que ocurriría en la siguiente década. El cambio fue tan repentino y tan tremendo que pilló por sorpresa a la inmensa mayoría de fieles. Los católicos no se prepararon para resistir el embiste del modernismo de los años 60, porque no se lo esperaban, a pesar de las profecías que hablaban de una apostasía general. El Domingo de Ramos los apóstoles tampoco se esperaban que en tan poco tiempo la situación daría un giro tan espectacular, a pesar de que el Señor les había profetizado sobre lo que tenía que ocurrir. Mientras el Señor entraba a Jerusalén, Judas ya maquinaba contra su Maestro y el Sanedrín buscaba la manera de acabar con Él. Mientras el pueblo cantaba y recibía al Señor con palmos de olivos, el Demonio preparaba su jugada. El triunfo tiene un peligro enorme; la sensación intoxicante del éxito nos ciega ante los peligros que acechan.

La traición.

La traición de Jesucristo por Judas fue pactada con los líderes del Sanedrín el miércoles santo y consumada el jueves santo. El precio: treinta monedas de plata. La traición de la Iglesia Católica fue pactada en agosto de 1962 y consumada durante el Concilio Vaticano II (1962-1968). El precio: la asistencia en el Concilio de unos observadores representando la iglesia rusa (y de paso la KGB). Para un análisis del desgraciado Pacto de Metz, en mi opinión el acontecimiento que definió el rumbo que tomaría la Iglesia hasta nuestros días, leer este artículo. En Metz, al optar por callarse ante el mal más terrible del momento, el comunismo, la Iglesia traicionó a cientos de miles de mártires y a su deber sagrado de denunciar el error, con la ironía añadida que el Concilio, en palabras de Juan XXIII, quería dar respuesta a los problemas más acuciantes del hombre en el mundo moderno. ¿Qué problema era más acuciante entonces que el comunismo? Lejos de disiparse el peligro del comunismo, en los años 60 el comunismo estaba en plena expansión, y muchos vaticinaban que era inevitable que finalmente lograra su objetivo de conquista mundial. Con lo cual la necesidad de denunciarlo y combatirlo era aún más urgente. En 1937 Pío XI había denunciado sin paliativos el comunismo en su encíclica Divini Redemptoris. Mientras los Padres conciliares se reunían en Roma, ese “sistema de esclavitud de masas… intrínsicamente perverso”, en palabras de Pío XI, oprimía bajo una tiranía diabólica a una cuarta parte de la población mundial.

Los obispos católicos y el Papa a la cabeza, tienen el deber de advertir a los fieles de los peligros que amenazan a los cristianos, sobre todo en lo que toca la doctrina. Aunque el comunismo se plasme en un sistema político, antes de que triunfe la Revolución, primero tiene que corromper las almas con sus múltiples errores. En la década de los 60 errores intrínsicos al comunismo, como son el igualitarismo, el colectivismo, y el evolucionismo, estaban seduciendo a muchos católicos, entre ellos miembros del clero. Un obispo, entre otras cosas, es como un centinela, que vigila desde una atalaya. Donde vea herejías y falsedades debe desenmascararlas para proteger las almas de los fieles a su cargo. El Señor le pedirá cuentas si decide mirar para otro lado. El profeta Ezequiel da esta terrible advertencia a los centinelas negligentes que se duermen en su puesto y no dan la alarma cuando se acerca el enemigo:

Pero si el vigila ve que amenaza la espada y no toca el cuerno, si el pueblo no es avisado y llega a matar la espada a alguien del pueblo, ése será segado debido a su pecado, pero le pediré al centinela cuenta de su sangre. (Ezequiel 33:6)

A los dos meses de rubricar este pacto con los “ortodoxos”, que en realidad no eran más que títeres del régimen soviético, arrancó el Concilio Vaticano II, el escenario de un choque violento entre dos visiones completamente opuestos de la Iglesia. Por un lado estaban los conservadores, los obispos que aún conservaban la verdadera fe católica tradicional; y por otro lado estaban los progresistas que deseaban una completa renovación, no sólo en la estructura de la Iglesia, sino también en su doctrina y en su liturgia. Al contar con el apoyo de dos Papas liberales, primero Juan XXIII, y después Pablo VI, la victoria de los progresistas era un fait accompli. El grupo de obispos conservadores, reunidos en el Coetus Internationalis Patrum, hizo todo lo posible para mitigar los daños, pero las fuerzas modernistas estaban mejor organizadas y contaban con medios superiores.

El mundo aplaudió el Concilio y los católicos se encontraron de pronto con una Nueva Misa. Esta Nueva Misa antropocéntrica transmitía perfectamente la nueva religión del Hombre, y significaba el impío matrimonio de la Iglesia con las falsas religiones. Sin una liturgia fiable donde refugiarse de los errores que inundaban la Iglesia, la mayoría de fieles hizo una de dos cosas; o abandonó su fe o la acomodó a los tiempos. Desde los púlpitos se predicaba todo tipo de herejías, sin que las autoridades eclesiales hiciera nada por impedirlo. La doctrina se corrumpió y la moral también. ¡Fuera la mortificación y la disciplina ascética! Ahora hay que darse gusto al cuerpo. Y ante un camino más fácil, la mayoría de los católicos lo prefirieron al camino estrecho y angosto de la moral tradicional. Así se cumplió lo que advirtió San Pablo:

Llegará el tiempo en que los hombres no soportarán más la sana doctrina; por el contrario, llevados por sus inclinaciones, se procurarán una multitud de maestros que les halaguen los oídos, y se apartarán de la verdad para escuchar cosas fantasiosas. (2 Timoteo 4:3-4)

La condena

El viernes santo de madrugada Jesucristo fue condenado a muerte por el Sanedrín, la máxima autoridad religiosa de Israel. En 1988 Monseñor Lefebvre y Monseñor Antonio Castro-Meyer fueron excomulgados por consagrar a cuatro obispos sin permiso del Papa. La condena del Señor fue una farsa, con falsos testigos incluidos. Todo fue un complot destinado a quitar en medio a Aquel que amenazaba el status quo de los líderes religiosos del momento. Caifás y su gente querían seguir mandando, imponiendo sus “tradiciones de hombres”, recibiendo honores del pueblo por su “devoción”. No tuvieron la humildad necesaria para doblar la rodilla ante Dios-hecho-hombre, a pesar de haber visto con sus propios ojos como Lázaro había salido de la tumba cuatro días después de su muerte.

Juan Pablo II no podía soportar la idea de que él había traicionado la Tradición de la Iglesia al proseguir con el camino marcado por sus predecesores; la colegialidad, el ecumenismo y el dialogo interreligioso. La denuncia de estos dos obispos ante el acto sacrílego de Asís, donde dos años antes había convocado a representantes de todas las falsas religiones para rezar por la paz, le había dolido mucho, y había marcado una línea roja entre él y los tradicionalistas. Juan Pablo II se encontró ante un dilema. Era evidente que los tradicionalistas eran buenos católicos, que la persecución desatada contra ellos bajo Pablo VI era una iniquidad, y que sus peticiones eran justas. Sin embargo, si otorgaba libertad para decir la Misa Tridentina, tácitamente daba la razón a los que criticaban la Misa nueva; si admitía que los tradicionalistas tenían razón en cuestiones doctrinales, se descalificaba a sí mismo. En esta situación la opción más cómoda era la excomunión de los rebeldes, y fue la opción que escogió el Papa. Esta excomunión fue otra farsa, porque ni siquiera se sostiene según el nuevo código de derecho canónico, promulgado cinco antes por el propio Juan Pablo II. En el artículo 1323 de dicho código dice lo siguiente:

No queda sujeto a ninguna pena quien, cuando infringió una ley o precepto: … quien actuó coaccionado por miedo grave, aunque lo fuera sólo relativamente, o por necesidad o para evitar un grave perjuicio, a no ser que el acto fuera intrínsecamente malo o redundase en daño de las almas.

Durante la homilía de las consagraciones episcopales Mons. Lefebvre dijo explícitamente que obraba por necesidad, en una situación excepcional de crisis en la Iglesia, para asegurar la continuidad del auténtico sacerdocio católico. Aunque Mons. Lefebvre estuviera equivocado en su valoración de un estado de necesidad, la excomunión seguiría siendo inválida, porque la sentencia se extralimitó al juzgar las intenciones, en contra de las palabras del condenado. Sólo Dios puede juzgar las intenciones; los demás nos tenemos que atener a los hechos. Y los hechos son muy claros en este caso; Mons. Lefebvre afirmó su lealtad al Papa y su fe en la Iglesia Católica, por lo que nadie puede acusarle de cismático, y no se puede aplicar la sentencia de excomunión.

Por grave e injusta que sea esta condena a los obispos Lefebvre y Castro-Mayer, no es la condena definitiva que tiene que producirse antes de la purificación de la Iglesia. Los dos obispos que desafiaron la jerarquía de Roma fueron condenados por las autoridades religiosas, pero no por las autoridades civiles. La Hermandad San Pío X hoy es una sociedad legal en muchos países del mundo, y nadie va a la cárcel por pertenecer a ella. Pero Jesucristo no sólo fue condenado por el Sanedrín, sino que esa condena injusta fue refrendada por la autoridad civil. Tiene que llegar el día en que los pocos católicos fieles a la Tradición sean condenados, no sólo por la Iglesia oficial en Roma, sino también por los gobiernos liberales que ostentan el poder secular. Lo más terrible es que, igual que con Caifás y Poncio Pilato, será un Papa quien instigue la persecución contra los católicos que permanecen fieles al Señor, y presione al gobierno ateo para que los declare fuera de la ley. Yo intuyo que tendrá algo que ver con la creación de una nueva religión mundial sincrética a la que se opondrán los católicos tradicionales. Cuando Roma y el poder de la élite mundialista se pongan de acuerdo en perseguir a los católicos tradicionales, habremos entrado de lleno en la Pasión de la Iglesia.

La flagelación, crucifixión y sepultura

Aún nos queda lo peor. La Iglesia tendrá que ser apaleada, azotada, crucificada y sepultada. Habrá un momento en que ni siquiera los más fieles verán donde está la Iglesia; sólo verán tinieblas y dolor. Igual que Nuestro Señor fue sepultado y ni siquiera los apóstoles creyeron en Su Resurrección, el mundo creerá que la Iglesia Católica ha muerto definitivamente, y que las puertas del infierno finalmente han prevalecido contra la Iglesia. Igual que el cielo se oscureció durante las tres horas que colgó Nuestro Señor de la Cruz, los místicos hablan de tres días de oscuridad en los últimos tiempos, una oscuridad preternatural, cuando los demonios serán liberados del infierno para llevarse con ellos a todos los hombres y mujeres que han renegado de Dios.

Estas profecías apocalípticas sobre un cataclismo mundial tienen fundamento bíblico, como demuestra esta cita del profeta Zacarías: Y sucederá en toda la tierra que dos terceras partes perecerán. Y la tercera parte quedará en ella. Ellos invocarán mi nombre. (Zacarías 13, 8-9.) Sin ánimo de asustar, pienso que conviene prepararse para lo peor. Nuestro Señor nos manda estar vigilantes, porque no sabemos cuándo puede llegar nuestra hora. Luego si nunca llega el Gran Castigo, nuestra preparación no habrá sido en vano. Toda la oración y penitencia que hagamos para la salvación de nuestra alma y las de los pobres pecadores será tenida en cuenta. Ninguna buena obra cae en saco roto. Esto es lo que dice sobre los tres días de oscuridad la beata Ana María Taigi (1769-1837):

Dios enviará dos castigos: uno en forma de guerra, revoluciones y peligros, originados en la tierra; y otro enviado desde el Cielo. Vendrá sobre la tierra una oscuridad total que durará tres dias y tres noches. Nada será visible y el aire se volverá pestilente, nocivo, y dañará, pero no solo a los enemigos de la Religión. Durante los tres días de tinieblas la luz artificial será imposible. Sólo las velas benditas arderán. Los fieles deben permanecer en sus casas rezando el Santo Rosario, y pidiendo a Dios Misericordia. Los malos perecerán en toda la tierra durante esta oscuridad universal, con excepción de algunos pocos que se convertirán. La tierra envuelta en llamas, hundiéndose numerosos edificios. La tierra y el cielo parecía que estaban agonizando. Millones de hombres morirán por el hierro, unos en guerras, otros en luchas civiles; millones perecerán en los tres días de tinieblas. Después de purificar al mundo y a su iglesia, y de arrancar de cuajo toda la mala hierba, Nuestro Señor operará un renacimiento milagroso.

La Resurrección

Después del terrible castigo la Iglesia resucitará. El reino del Anticristo será destruido y comenzará el reino de Nuestro Señor, que durará mil años hasta el Armageddon y el Juicio Final. El mundo entero será católico, las falsas religiones desaparecerán como el rocío desaparece con el sol de la mañana. Todas las naciones reconocerán la soberanía de Jesucristo, y Él reinará en todo. Será la mayor época de  esplendor de la Iglesia, mucho más glorioso aún que la era de la Cristiandad. Durará hasta que Satanás es liberado una vez más, para la Batalla Final que precede la Segunda Venida de Nuestro Señor. Esto es lo que dicen las Sagradas Escrituras sobre el reino de mil años de Nuestro Señor:

Vi después a un ángel que bajaba del cielo llevando en la mano la llave del Abismo y una cadena enorme. Sujetó al dragón, la serpiente antigua, que es Satanás o el diablo, y lo encadenó por mil años. Lo arrojó al Abismo, cerró con llave y además puso sellos para que no pueda seducir más a las naciones hasta que pasen los mil años. Después tendrá que ser soltado por poco tiempo. (Apocalipsis 20:1-3)

Vivamos, pues, con intensidad esta Semana Santa. Hagamos penitencia por nuestros pecados y los pecados del mundo entero. Lo que tiene que pasar pasará. Eso no lo podemos cambiar. Lo que sí está en nuestras manos es nuestra santificación y la santificación de los que están a nuestro cargo. ¿Cómo podemos proteger a los nuestros de los peligros espirituales que ciernen sobre nosotros en estos tiempos tan oscuros que nos han tocado vivir? Con la asistencia frecuente a la Santa Misa tradicional, con la Confesión, con el rezo del Santo Rosario, con obras de misericordia, y con una vigilancia constante.

Transexualismo: La guerra contra el propio cuerpo

27 Mar

 

El pasado lunes 11 de febrero, mientras todos estábamos estupefactos por el anuncio de que el Papa Benedicto XVI renunciaría el próximo 28, pasó de agache otra noticia e mucha mayor gravedad: La Corte Constitucional hizo pública la sentencia T-876/12 por la cual ordena a una EPS a realizar el cambio de “Sexo” a una mujer que se considera hombre. Como habitual, lo que resuelve la Corte sería irrelevante de no ser por las consideraciones y planteamientos que ha debido utilizar para justificar tales resoluciones.

En la sentencia la Corte revoca el fallo de la sala laboral del Tribunal Superior de Bogotá que había revocado a su vez el fallo del juzgado 32 laboral de Bogotá. Por esta razón lo primero será examinar lo fallado en las instancias primeras para entender las consideraciones de la Corte.

La joven de 25 años después de recibir “apoyo” de terapeutas y psicólogos, además de la Red de apoyo a Transgeneristas, para administrarse testosterona solicitó a la EPS que le autorizara una intervención quirúrgica de sustracción de genitales, llamada eufemísticamente “cambio de sexo”. La EPS negó la solicitud por tratarse de una intervención que no estaba contemplada en el POS, y que además estaba catalogada como ‘estética’ en tanto que no tenía efectos en la salud más que los negativos propios de la intervención. Ante la negativa, la joven con ayuda del Defensor Regional del Pueblo de Cundinamarca instauró una tutela contra la EPS por supuesta violación al derecho fundamental a la salud.

El juzgado 32 laboral concedió la tutela considerando:

“el cambio de sexo de Julián Sneider no está necesitando por vanidad ni por belleza, solamente porque tiene derecho a tener una identidad definida ante la sociedad, y no como lo indican las accionadas en su respuestas… pese a existir una orden médica impartida por un profesional del Hospital Universitario la Samaritana”, además expresó que “la doctrina jurídica considera que el perfil sicológico o genético prevalece sobre el criterio estructural o biológico, ya que permite la expresión de la identidad personal y sexual de la persona como el ejercicio del derecho al libre desarrollo de la personalidad (f. 83 ib.).

Además, destacó que la carta política ha reconocido el derecho al libre desarrollo de la personalidad, en el cual está incluido “un verdadero derecho a la identidad personal, que en estrecha relación con la autonomía, identifica a la persona como un ser que se autodetermina, se autogobierna, es decir que es dueño de sí, de sus actos y su entorno. Así, el derecho a la identidad personal supone en su núcleo esencial el derecho al libre desarrollo de la personalidad. Sin embargo, la identidad personal se convierte en un bien especial y fundamental, en cuanto exige de la comunidad el respeto del propio ‘modo de ser’ de cada hombre en el mundo exterior (f. 85 ib.).

Igualmente, anotó que “la formación sexual hace parte del crecimiento y proyección de la personalidad del individuo, es indispensable preservar en todo momento y lugar la autonomía y libertad del hombre para definir a partir de la interrelación de los factores sociosexuales, culturales y sociales que le identifican su propia identidad sexual(f. 85 ib.).

Por último, indicó que “en el presente caso la afectación de la salud del joven Julián Sneider guarda una especial relación con el derecho a la vida en condiciones dignas, pues la cirugía de cambio de sexo, indiscutiblemente le permite llevar su vida en condiciones esperadas de normalidad. Así mismo, al momento de realizar el procedimiento quirúrgico se requiere continuar con los controles médicos necesarios. En este orden de ideas, es claro que en este caso se encuentran vulnerados sus derechos a la salud, la vida, la identidad y la dignidad humana, además su derecho a vivir en condiciones dignas toda vez que la cirugía de cambio de sexo le permite al joven disfrutar de una mejor calidad de vida, lo que constituye un mejoramiento en su desarrollo sexual y el mejoramiento del goce de su existencia (f. 87 ib.).

Este fallo es un claro ejemplo de lo que enunciamos en el título: conceder a las pretensiones subjetivas el carácter de derechos fundamentales, desligando estos por completo de la justicia objetiva, y por tanto, del derecho natural, llevará irremediablemente a la situación en que el hombre se convierta en objeto de tales derechos subjetivos, sean suyos o de otros.

Antes que nada, el juez 32 comete un grave error al decir “la doctrina jurídica considera que el perfil sicológico o genético prevalece sobre el criterio estructural o biológico” pues crea una falsa separación de identidades, dado que la identidad biológica se origina justamente en los genes. Identidad biológica e identidad genética, en este caso el sexo genital y el cromosómico, es lo mismo. Lo que en realidad pretende afirmar el juez, atribuyéndosela a la doctrina, es que la pretensión subjetiva prevalezca sobre la realidad objetiva de la persona, afirmación absurda por sí misma.

Encontramos también una expresión que ejemplifica fielmente lo que el Papa Benedicto XVI ha denunciado como fundamento de la Ideología de Género, pues entiende al ser humano como “un ser que se autodetermina, se autogobierna, es decir que es dueño de sí, de sus actos y su entorno” lo que en lenguaje común significa: El ser humano que pretende crearse a sí mismo. Esta mentalidad es la que causa justamente la existencia de casos como este, pues a tal pretensión no hay obstáculo mayor que la misma persona en su naturaleza objetiva. Toda aquella naturaleza con la cual el hombre nace, y que por lo tanto preexiste a sus deseos, es vista entonces como restricción injusta a la libertad. El hombre enemigo de sí mismo, el cuerpo enemigo de la mente, la herencia enemiga de la libertad.

Pero el juez va mucho más allá, y afirma que tal supuesto derecho, “exige de la comunidad el respeto del propio ‘modo de ser’ de cada hombre en el mundo exterior”. Es decir, que las pretensiones subjetivas van más allá de la violencia contra sí mismo y han de generar obligaciones para el conjunto de la sociedad. Bajo tal premisa, todo planteamiento identitario, así provenga del más grave de los desórdenes psíquicos, debe ser reconocido por la sociedad como “un proyecto de vida respetable”.

La sala laboral del Tribunal Superior de Bogotá revocó el fallo del juzgado 32 laboral de Bogotá como señala la Sentencia de la Corte Constitucional.

La Sala Laboral del Tribunal de Bogotá en mayo 30 de 2012, revocó la decisión del a-quo, aduciendo que esta Corte ha identificado los casos donde “las entidades prestadores de salud tienen la obligación de acceder a lo pedido, así no se halle cobijado por el POS, sin embargo al analizar el caso que nos ocupa, esta corporación debe señalar que no observa vulneración contundente de derecho alguno, pues si bien es cierto el accionante presenta un trastorno de identidad de género, este es eminentemente psicológico por disconformidad, mas no físicas o psicológicas transcendentales, que ponga efectivamente en riesgo la salud o la vida de quien la padece, es decir que en el tema de estudio nos encontramos es frente a un transexualismo entendido como ‘el conflicto entre el sexo físico normal y la tendencia psicológica que se experimenta en sentido opuesto’” (f. 7 cd. 2).

Señaló además que esta Corte en varios pronunciamientos “ha indicado el derecho al que gozan los individuos, para que le sea definido su sexo, hasta el momento no ha hecho para que se efectúe el cambio del mismo, toda vez que en el primer caso sí se estaría frente a la necesitad de definir la identidad sexual, al no saber la persona con certeza si es hombre o mujer, en razón a sus órganos genitales, como sucede en el caso de hermafrodismo o de ambigüedad genital, mas no por una inconformidad entre el sexo psicológico y el físico o biológico, como sucede en este caso” (fs. 7 y 8 ib.).

En este punto, el Tribunal hace notar que el fallo del juzgado parte de equiparar el libre desarrollo de la personalidad con el derecho a la salud. Esto sin que medie ningún riesgo real ni objetivo a la vida o la salud de la persona. Con esta identificación lo que el juez pretende conseguir es que se traslade la obligación que el Estado tiene de garantizar la atención médica necesaria a la financiación pública de cualquier “proyecto de vida”. En resumidas cuentas, como se indicó arriba, el conjunto de la sociedad queda obligado, no sólo a sostener los servicios de salud de cada individuo, sino a promocionar todo tipo de pretensión subjetiva.

Ahora, ¿Cuáles fueron las consideraciones de la Corte para revocar la sentencia del Tribunal? En primer lugar, la Corte optó por la definición más abierta posible del derecho a la salud:

4.1. “La salud es un estado de completo bienestar físico, mental y social, y no solamente la ausencia de afecciones o enfermedades”, según proclama el preámbulo de la Constitución de la Organización Mundial de la Salud, adoptada por la Conferencia Sanitaria Internacional celebrada en New York a mitad de 1946. Dicha definición ha sido acogida y desarrollada por la jurisprudencia constitucional colombiana, en la que se ha reconocido que la salud comporta todos aquellos aspectos que inciden en la configuración de la calidad de vida del ser humano, lo cual implica, de suyo, un reconocimiento a la trascendencia de los aspectos físico, psíquico y social dentro de los cuales conduce su existencia.

Verbigracia, en sentencia T-307 de abril 19 de 2006, M. P. Humberto Antonio Sierra Porto, esta Corte señaló: “La salud no equivale únicamente a un estado de bienestar físico o funcional. Incluye también el bienestar psíquico, emocional y social de las personas. Todos estos aspectos contribuyen a configurar una vida de calidad e inciden fuertemente en el desarrollo integral del ser humano. El derecho a la salud se verá vulnerado no sólo cuando se adopta una decisión que afecta el aspecto físico o funcional de una persona. Se desconocerá igualmente cuando la decisión adoptada se proyecta de manera negativa sobre los aspectos psíquicos, emocionales y sociales del derecho fundamental a la salud.” (No está en negrilla en el texto original.)

Tan abierta que absolutamente cualquier obstáculo o negación al deseo, por irracional que este sea, puede catalogarse como un “desconocimiento del derecho a la salud”. Toda negación a la voluntad subjetiva se convierte en violación del derecho a la salud una vez se demuestren los “efectos traumáticos” de tal negación.

Pero la sentencia va aún más allá, al citar, para justificar la obligación de la EPS de autorizar la intervención en este caso, la sentencia T-760 del 2008 donde dice:

“Este principio ha sido desarrollado en la jurisprudencia de la Corte Constitucional con base en diferentes normas legales y se refiere a la atención y el tratamiento completo a que tienen derecho los usuarios del sistema de seguridad social en salud, según lo prescrito por el médico tratante.

Al respecto ha dicho la Corte que ‘(…) la atención y el tratamiento a que tienen derecho los pertenecientes al sistema de seguridad social en salud cuyo estado de enfermedad esté afectando su integridad personal o su vida en condiciones dignas, son integrales; es decir, deben contener todo cuidado, suministro de medicamentos, intervenciones quirúrgicas, prácticas de rehabilitación, exámenes para el diagnóstico y el seguimiento, así como todo otro componente que el médico tratante valore como necesario para el pleno restablecimiento de la salud del paciente o para mitigar las dolencias que le impiden llevar su vida en mejores condiciones; y en tal dimensión, debe ser proporcionado a sus afiliados por las entidades encargadas de prestar el servicio público de la seguridad social en salud’.”

Surge entonces una duda central ¿Cuál es en este caso la dolencia que la intervención de sustitución de genitales vendría a mitigar? La realidad no deja de ser chocante: para la Corte Constitucional, la dolencia de esta joven no es otra que su propio cuerpo.

Sorprende hallar en estas épocas un retorno tal a la mentalidad gnóstica de algunas sectas del Imperio Romano. En efecto, en este fallo la Corte no hace cosa diferente a separar el cuerpo de la persona, el cuerpo deja de ser parte del Yo, a convertirse en un agregado.

Esta mentalidad, reducir el cuerpo a mera propiedad del sujeto puede evidenciarse en diferentes fenómenos, hoy en auge, como son la prostitución (El cuerpo como bien que puede venderse y comprarse), el consumo de drogas (Usar el propio cuerpo como medio para el placer, aún en perjuicio de este), y el transexualismo (Guerra contra el cuerpo como obstáculo para la propia libertad). Una vez la subjetividad se entroniza como único criterio de verdad, tarde o temprano el conflicto entre el sujeto y la realidad objetiva se traslada allí donde el sujeto entra en contacto con la realidad, esto es, su propio cuerpo.

Aunque el progresismo crea que con esto no hace más que garantizar la libertad de cada quien para desarrollar con libertad su propio proyecto de vida, entronizar al sujeto por encima de la realidad, no lleva más que a anular sus propias posibilidades. La exaltación del “derecho al libre desarrollo de la personalidad”, que la Corte Constitucional ha convertido en la medida de interpretación de todos los demás derechos, y en general de todo el ordenamiento jurídico, choca inevitablemente con la contradicción interna, el absurdo que implica el supuesto derecho.

En primer lugar, partamos de señalar lo ridículo de llamar “Cambio de sexo” a una castración, como si el sexo de la persona residiera exclusivamente en los genitales. En esto, al igual que en el aborto, el progresismo no siente ningún rubor por ignorar de plano las verdades científicas. El sexo, manifestación concreta y dual, de una misma naturaleza humana, se encuentra determinado por los cromosomas sexuales que podrán ser XX o XY, siendo en primer caso los de una mujer, y en segundo los de un hombre. Los cromosomas muestran la organización de los genes de una persona, se encuentran en cada una de sus células y determinan la formación de cada uno de sus órganos, cerebro incluido. El hombre será hombre en cada uno de sus células y de sus órganos, y esto no se quitará con la castración. La neurología reciente ha demostrado las diferencias entre el cerebro de hombres y mujeres y su forma diferente de organizar y procesar el pensamiento.

La tal operación de “cambio de sexo”, lejos de solucionar los conflictos internos del homosexual, trae consigo nuevos problemas y frustraciones, pues por un lado implican la pérdida absoluta de la capacidad reproductora, esterilización voluntaria, y en muchos casos la pérdida o reducción de la capacidad para sentir placer sexual, mientras que se revelan incapaces de “convertir a la mujer en hombre, o viceversa”. En México, por ejemplo, un 40% de quienes se realizan la operación, se han arrepentido, cuando esta es imposible de revertir. Hace apenas unos meses, trascendió en las noticias que la persona más joven que se sometió a un cambio de sexo en el Reino Unido se arrepintió y quiere volver a ser hombre.

El transexual no es un hombre vuelto mujer, o una mujer vuelta hombre, es un hombre que se ha hecho menos hombre, y una mujer que se ha hecho menos mujer, sin con ello haberse acercado un ápice al sexo opuesto. Pero ante todo, son cada vez menos, ellos mismos. Si se puede resumir el transexualismo en una palabra, esta es ‘enajenación’. El “libre desarrollo de la personalidad” se prueba como un oxímoron, pues es la personalidad desarrollada y armónica, en conciencia con la propia naturaleza y realidad, la que confiere libertad al individuo y le permite desarrollar sus capacidades.

La decisión de la Corte Constitucional de ordenar a la EPS una cirugía que no resuelve ningún problema de salud, basándose en el “libre desarrollo de la personalidad” como única referencia de dignidad, permitirá que ahora se pueda exigir toda cirugía estética a las EPS. No pasó una semana y ya otro transexual ha salido en los medios, solicitando un “cambio de sexo”, además del retiro de silicona líquida. ¿Puede la Corte conceder estas cirugías y no concederlas a una mujer que considera que requiere implantes de silicona, o un hombre que siente que necesita la faloplastia para mejorar su autoestima? En enero una niña de 14 años se suicidó en Cali porque su padre no quiso autorizarle una cirugía estética, víctima de la misma mentalidad. Si la Corte no admitiera también tales casos, significaría que para el Estado hay unas subjetividades más importantes que otras.

El Sentido religioso en el ser humano. Entrevista para el canal El Tiempo.

29 Mar

Felipe Cárdenas Támara
1.    La religión expresa  por lo menos dos dimensiones o  ejes constitutivos de la realidad y de la experiencia humana sobre la realidad. Primero, un eje antropológico, donde el hombre en su más profunda estructura humana, intuye la existencia de realidades internas a su ser, como externas a su ser,  que son percibidas, sentidas y pensadas como superiores o sagradas y que por lo tanto deben ser conocidas, reconocidas, respetadas y conservadas. Eso se define como religión natural, el hombre a lo largo del tiempo ha adorado árboles, animales, montañas, fenómenos naturales visibles e invisibles. La segunda dimensión, se refiere a cómo en su trajinar histórico el ser humano se encuentra con fuerzas divinas (dioses-politeísmo), entidades espirituales (animismo) o Dios (monoteísmo) que salen a su encuentro. La expresión más acabada y elaborada de ésta experiencia esta contenida en las grandes religiones reveladas: judaísmo, cristianismo e islam.
2.    Las grandes religiones son consubstanciales a la presencia del esplendor de la verdad en las grandes civilizaciones. No puedo comprender la grandeza de Europa sin el cristianismo, como tampoco puede comprender el mundo científico árabe sin una referencia al islam. Esas grandes religiones han creado símbolos, ritos y conceptos que tienen la función de recrear y restaurar la experiencia original y el sentido profundo que el mensaje religioso le brinda al creyente y a la comunidad, como a la sociedad.
3.    Con el tiempo, el mensaje religioso se puede tornar opaco. El rito, cumple la función de rememorar y recordar el mensaje original (plasmado en doctrinas y dogmas) que debe ser vivido tanto en lo social, como en lo personal, como experiencia viva de lo divino.
4.    El tema más complejo y delicado que abordan las principales religiones se refiere a la verdad y a la autenticidad de la experiencia religiosa. Las religiones tienen convergencias pero también grandes diferencias entre ellas. Los contenidos y significados religiosos no son los mismos entre las religiones. Sobre el dato de la diversidad religiosa, constatado por la historia y antropología de las religiones, se elabora un rico y fino discurso ontológico y teológico que pretende captar, capturar y buscar de la manera más exacta la verdad, y por ende la religión verdadera.
5.    La esencia de las religiones reveladas se expresa en la experiencia de una presencia divina que me convoca a desarrollar como creyente una auto conciencia reflectiva que me pone en movimiento hacia Dios. El mayor logro de esa orientación de la persona hacia el ser divino lo encontramos en el cristianismo, ya que su mensaje de amor es un mensaje participativo con hondas repercusiones éticas y políticas para la sociedad y la cultura de cualquier momento histórico. El mensaje del evangelio tiene repercusiones socio temporales, con el potencial de cambiar las estructuras de la sociedad, como del individuo o agente social.
6.    Hoy,  nuestra sociedad vive una profunda crisis moral. Las religiones no escapan a ella, pero una auténtica experiencia religiosa, mediada por las verdades conservadas por el pueblo de Jesucristo, se constituye en el Camino, la Verdad y la Vida (cf. Jn 14,6). Un elemento de esa crisis moral hoy, esta reflejado en lo de  Timoteo  decía hace casi dos milenios: « Proclama la Palabra, insiste a tiempo y a destiempo, reprende, amenaza, exhorta con toda paciencia y doctrina. Porque vendrá un tiempo en que los hombres no soportarán la doctrina sana, sino que, arrastrados por sus propias pasiones, se harán con un montón de maestros por el prurito de oír novedades; apartarán sus oídos de la verdad y se volverán a las fábulas. Tú, en cambio, pórtate en todo con prudencia, soporta los sufrimientos, realiza la función de evangelizador, desempeña a la perfección tu ministerio » (2 Tm 4,2-5).

Peace, Paz

16 Dec

Enfoques para el trabajo con habitantes de calle

3 Sep

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Lucía Cuéllar Ospina (compiladora)198 páginasFormato: 14×21ISBN: 9870901778

CÓD. BARRA:

9789870901778

Salida del depósito en: 48 hs. hábiles

$ 36.00

El presente libro es una recopilación del trabajo realizado por la Fundación Centir en el hogar de paso para los habitantes de la calle de la ciudad de Bogotá, que fundó la alcaldía de esa capital en convenio con la Cruz Roja Colombiana.
El interés principal de esta obra es dar a conocer, de la manera más clara y fiel posible, una aplicación, a través de la teoría logoterapéutica, en un contexto social y compartir la labor que se llevó a cabo con la intención de que, en otros lugares, puedan ser utilizados por el bien de esta población, que necesita tanto del acompañamiento humano.
Si bien el enfoque logoterapéutico fue el hilo conductor del proyecto, es importante destacar que se articuló esta teoría psicológica con otras disciplinas, como la antropología y la homeopatía, consiguiendo resultados muy interesantes y –sobre todo- aportando al bien de la población.
“Esperamos que este material sirva para motivar trabajos en muchos contextos sociales, especialmente con las personas que tan olvidadas están en la sociedad: los habitantes de la calle”, afirma Lucía Cuéllar Ospina, en la introducción de este libro.

http://www.san-pablo.com.ar/libreriavirtual/product_info.php?products_id=1704