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La nave vacía

11 Nov

La nave vacía

La semana pasada apareció en la revista americana The Spectator un artículo titulado “El Papa versus la Iglesia. La anatomía de una guerra civil católica” (que pueden leer aquí en traducción de “Adelante la Fe”) y cuya portada se ilustraba con el dibujo que acompaña este post. La idea que subyace es: “El Papa Francisco está destruyendo la Iglesia a puro golpe de herramientas de demolición”. Sin embargo, yo creo que Bergoglio no está destruyendo la Iglesia sino vaciándola
Estamos asistiendo al mismo proceso de vaciamiento que sufrieron las iglesias cristianas occidentales a lo largo de  dos siglos aunque, en el caso de la iglesia católica, los tiempos se han acelerado exponencialmente. 
Las iglesias protestantes, luteranas y calvinistas, más allá de su herejía, conservaban estructuras que actuaban como refugios o barcas a las que los hombres podían izarse a fin de escapar del oleaje que golpea a todos los mortales. Es fácil verlo en la historia y los relatos literarios. Por ejemplo, la novela de Karen Blixen, La fiesta de Babette, llevada magistralmente al cine por Gabriel Axel, muestra la vida de los habitantes de una perdida aldea de pescadores en la península de Jutlandia a mediados del siglo XIX. Allí, la iglesia protestante local, elemental y carismática, les ofrecía un encuentro semanal, una mínima liturgia, normas morales, reglas ascéticas, memoria de un Dios encarnado y de un líder religioso y la esperanza de una vida futura. Todos ellos elementos secos y despojados con respecto a la Iglesia católica como lo muestra la obra, pero elementos religiosos al fin. 
Frente a eso, relato una experiencia personal. En enero de 1999 visité la catedral de Lausanne, emblemática ciudad junto a Ginebra, del calvinismo. El templo del siglo XIII había sido católico hasta la Reforma, y yo no vi más que un gran espacio vacío: sin imágenes religiosas y con apenas una mesa en el centro en remedo de un altar. Pero lo más significativo era una gran lápida moderna colocada en el pórtico que explicaba a los visitantes qué era la iglesia reformada del cantón de Vaud: el largo texto no mencionaba en ninguna ocasión la palabra “Dios”. Era el manifiesto de lo que el protestantismo es en la actualidad: una mera organización de carácter social y asistencial vaciado completamente de contenido religioso. 
En la iglesia anglicana ocurrió algo similar. Y para entender el fenómeno basta leer al cardenal Newman. Él, durante la primera mirad del siglo XIX, cayó en la cuenta que el liberalismo estaba socavando los fundamentos de la iglesia de Inglaterra, y como reacción nació el Movimiento de Oxford que frenó en buena medida este proceso, pero no lo detuvo del todo. Un siglo más tarde, Ronald Knox alertaba sobre la tormenta que veía avecinarse luego de las conferencias de Kikuyo, que tratamos en este blog hace un año. Finalmente, ocurrió lo que está a la vista: el anglicanismo ya no es más que una instancia cultural reducida a su mínima expresión. Es sintomático del proceso el hecho de que el anterior arzobispo de Canterbury, Rowan Williams, un conocido patrólogo profesor en Oxford, haya renunciado y la sede primada haya sido ocupada por el ex Ceo de una multinacional devenido obispo. La iglesia de Inglaterra, despojada de todo contenido religioso, ha dejado de existir.
La Iglesia católica romana había resistido con mayor o menor acierto a estos embates. El paso de los siglos, es verdad, había acumulado en la barca de Pedro una buena cantidad de cosas inútiles de las que había que desprenderse y, por otro lado, había que redistribuir las cargas a bordo fin de encontrar el punto de equilibrio que evitara que la nave escorara. Nada nuevo para una Iglesia bimilenaria. Pero el problema fue que la tripulación no acertó esta vez en encontrar al piloto apropiado: Juan XXIII convocó imprudentemente un concilio ecuménico que se le fue rápidamente de las manos y que, con la ayuda del papa Montini, empezó a tirar por la borda todo lo que pudo: desde lo latines y las puntillas hasta el dogma y la moral. Los pontificados de Juan Pablo II y Benedicto XVI lograr frenar, en buena medida, el naufragio: el primero de ellos, sosteniendo con firmeza los principios morales de nuestra fe, y el segundo, la doctrina y el dogma. Pero a comienzos de 2013 nos encontramos con que los cardenales colocaron como timonel de la barca al personaje más inapropiado que pudieron encontrar. Como escribe Damian Thompson, autor del artículo del The Spectator, Bergoglio “a veces se asemeja a un conductor que va a toda velocidad sin un mapa o espejo retrovisor. Y cuando el coche se detiene, intenta solucionar el problema golpeando el capó con un palo”. 

El Papa Francisco está vaciando la Iglesia, despojándola de todo aquello que la convertía en segura y acogedora arca de salvación para los perdidos y entumecidos náufragos del mundo.

Newman, varias años antes de su conversión, hizo un viaje a Italia. Y describe: “Haciendo una excursión caminando por las zonas rurales de Sicilia, a las seis de la mañana llegué a una pequeña iglesia, escuché voces y entré. Estaba llena, y todos los fieles cantaban. Por supuesto, se estaba celebrando la Misa aunque yo en ese momento no lo sabía. Y, en los agotadores días que pasé en Palermo [donde estuvo gravemente enfermo], me resultó muy reconfortante y consolador visitar las iglesias, lo cual nunca olvidaré. Y en esos días nuevamente, reconocí como de origen apostólico el celo de la Iglesia católica por mantener la doctrina y la regla del celibato, y su fidelidad a muchos puntos de las doctrinas antiguas, lo cual fue para mí un argumento en favor de la gran iglesia de Roma”.  Newman descubría en esos momentos que la Iglesia católica conservaba elementos de origen apostólico -la doctrina, la liturgia, el celibato- que su iglesia, la anglicana, estaba desechando. Y será ésta una de las razones por las cuales, varios años más tarde, se convierte. Y su caso no es aislado. Hace pocas semanas setenta ex-pastores protestantes y ciento cuarenta intelectuales conversos pidieron al Papa que evitara caer en los errores del protestantismo. Lo que argumentan es que todos ellos se convirtieron a la Iglesia de Roma porque ésta conserva los principios apostólicos de la fe y, con enorme preocupación, observan que las políticas del actual pontífice consiste en tirar todo por la borda, rodeado de los aplausos del mundo. 
Estamos todos en una nave milenaria que, probablemente el paso de los siglos había sobrecargado y necesitaba un reordenamiento de los pesos. Y  nos encontramos con que el timonel ha ordenado vaciarla, arrojando por la borda desde la muceta y los zapatos colorados, hasta la disciplina sacramental y la fe ortodoxa en el Dios trinitario. 
Advertimos desde este blog desde el mismísimo 13 de marzo de 2013 que todo esto ocurriría, frente a la incredulidad y críticas de la gran mayoría de sitios colegas. Decíamos: “Hagan algo; frénenlo porque este hombre se lleva puesta la Iglesia”. Ahora, hasta The Spectator nos da la razón: “Comienza a parecer como si Jorge Bergoglio fuera el hombre que heredó el papado y luego lo rompió”, finaliza Thompson su artículo.  
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Last holy Popes?

21 Mar

P. MÉRAMO: Visión del Padre Luigi Villa sobre un Papa Hereje

Visión del Padre Luigi Villa sobre un Papa Hereje

APÉNDICE

“Si un Papa cae en herejía o cisma”

(Tomado del libro “VATICANO II DIETRO FRONT” Editrice Civiltá. Brescia 2011, p.197-201, Sac. Dott. Luigi Villa)

-Traducción no oficial-

“Hoy en día, también se podría decir que la jerarquía de la Iglesia está demoliendo la doctrina católica de siempre, al dar una ‘nueva religión’. Pero, ¿cómo es posible esto?

¿Cómo es posible que aquellos que siguen las nuevas líneas doctrinales, a menudo en contradicción con la doctrina católica, estén fuera de la Fe anterior al Concilio Vaticano II?

Pudiéramos anotar toda la documentación conciliar y todos los actos de Pablo VI y Juan Pablo II, si la limitación del espacio de este escrito fuera suficiente para manifestar ‘hechos’ y ‘palabras’ que harían resultar evidente el contraste con la doctrina y la práctica de la Iglesia tradicional.

Ciertamente, no se puede pensar que Pablo VI y Juan Pablo II no conocían la doctrina católica, ostentando títulos en teología, y después de haber sido advertidos por muchos sobre su falso proceder con el nuevo curso de su nueva Iglesia’, demostrando un conflicto irreconciliable entre su nueva doctrina y los dogmas tradicionales de la fe católica, turbando a los fieles con tanta diversidad de opiniones teológicas.

Y entonces, ¿qué? ¿Cómo olvidar que la Iglesia de Cristo siempre ha sido esencialmente tradicional, basada en el ‘Depositum fidei’, transmitido desde los Apóstoles hasta ahora? Cómo no tienen en cuenta lo que la Iglesia ha dicho y hecho lo largo de los siglos?

Por esta razón, muchos teólogos se han planteado la cuestión de un Papa, que deviniese hereje o cismático, como sucedió con los Papas Liberio, Honorio, Pascual II, Juan XXII.

Vamos a escuchar a algunos:

Uguaccione escribió: ‘Cuando el Papa cae en la herejía, puede ser juzgado por los súbditos. De hecho, cuando el Papa cae en herejía se convierte, no en mayor, sino en inferior que cualquier Católico’.

Juan el Teutónico, un gran decretalista, se plantea la cuestión de si es lícito acusar ‘al Papa’ en caso de que caiga en herejía, y responde que sí, porque de lo contrario ‘socavaría el bien de toda la Iglesia, lo cual no es lícito’ y también ‘A causa de la herejía, el Papa, dejaría de ser el Jefe de la Iglesia, siempre que el crimen es conocido por confessionem vel pro facti evidentia (por confesión o por evidencia de hechos)’.

El Cardenal Juan de Torquemada (no el inquisidor) comentando el ‘Corpus iuris canonici’, afirma: ‘Respondo con esta conclusión, diciendo que el Papa no tiene juez superior en la tierra, excepto en el caso de herejía’. Y afirma además: ‘Desviado de la fe, significa, cuando se aleja de la fe pertinazmente y cae de la piedra de la fe, de la piedra sobre la cual ha estado fundada
(cf. Mt. XVI).’

(El Papa) se vuelve menor e inferior que cualquiera de los fieles, y por lo tanto, puede ser juzgado por la Iglesia, o más bien puede ser declarado ya condenado, según cuanto está escrito, que quien no cree ya está juzgado, y el Papa no puede establecer una ley para que nadie no pueda acusarlo de herejía, porque se vería puesta en peligro toda la Iglesia y sería confuso el estado general de la misma.

Inocencio III, en tres sermones declaró expresamente que en el caso en que él mismo cayese en la herejía, se haría culpable de un delito contra la fe.

San Roberto Belarmino, en su ‘De Romano Pontífice’, escribe que en el caso (el Papa) tuviera errores doctrinales, debe decirse que el Papa no habría sido válidamente elegido; y si este cae en la herejía, cesaría de ser Papa, ya que ‘quien está fuera de la Iglesia no puede ser su cabeza.’

En nuestros tiempos, el asunto viene equiparado al de la época medieval. De hecho, el Cardenal Journet, en 1969, declaró: ‘Los teólogos medievales, decían que el Concilio no debía ni siquiera deponerlo, sino que solamente basta con verificar el hecho de la herejía y significar a la Iglesia que el que fue Papa ha decaído de su función principal. ¿Quién lo ha quitado? Ninguno, fuera de él mismo. Cómo él (el Papa) puede abdicar por un acto de voluntad, del mismo modo, puede decretar voluntariamente, por sí mismo, su propia decadencia, por un acto de herejía. El motivo es que renegando de la fe, aquel que fue el Papa ha dejado de ser parte de la Iglesia, de ser su miembro. Desde el momento en que el hecho es declarado públicamente, él no podría por lo tanto, continuar siendo su cabeza. En un caso tal, una eventual sentencia del Concilio es solamente declarativa, y no proclama, en modo alguno, la supremacía del Concilio sobre el Papa‘.

En el ‘Enchiridium Iuris Canonici’, redactado por Stefano Sipos, tal sentencia es resumida en diversos modos.

Un documento de importancia teológica es la Constitución Apostólica ‘Cum ex Apostolatus officio’ del Papa Pablo IV, en el que empeña la plenitud de sus poderes:

‘Con esta Nuestra Constitución, que es válida a perpetuidad, en odio a tan gran crimen (herejía), en relación con el cual nada puede ser más grave y pernicioso para la Iglesia de Dios, con la plenitud de nuestro poder apostólico, establecemos,

decretamos y definimos’ abiertamente que el mismo Romano Pontífice, quien, antes de su ascenso a cardenal, o su elevación al Sumo Pontífice, se había desviado de la Fe católica o caído en una herejía, o fuese incurso en un cisma, o haya suscitado esto, sea nula, inválida y de ningún valor, la promoción o elevación, aunque sea ésta avenida con la concordancia y el consenso unánime de todos los cardenales’.

La misma argumentación se lee en la Bula ‘Inter multiplices’ de San Pío V.

En este punto, cabe preguntarse si Juan Pablo II pronunció herejías ‘ex Cathedra’, o si él, privada o personalmente fuese un hereje o no.

Después de todo aquello que habíamos denunciado sobre su actuar, ¿cómo puede haber habido un ‘Papa’ Juan Pablo II? Si el ‘agere secuitur esse’, podemos ver que sus acciones no se corresponden con los que deberían ser.

En efecto, ¿cómo podría recibir en la frente, como ‘Papa’, el signo de los adoradores de Shiva? ¿cómo podría decir a los adoradores del ‘dios-pitón’, de su fe en un Dios único y Bueno? ¿cómo podría presidir las reuniones, como las de Asís y otras similares?

Pío XI en su encíclica ‘Mortalium animos’ dice:

‘(…) Tales tentativas no pueden, de ninguna manera, obtener la aprobación de los católicos, puesto que están fundadas en la falsa opinión de los que piensan que todas las religiones son, con poca diferencia, buenas y laudables, pues, aunque de distinto modo, todas nos demuestran y significan igualmente el ingénito y nativo sentimiento con que somos llevados hacia Dios y reconocemos obedientemente su imperio. Cuantos sustentan esta opinión, no sólo yerran y se engañan, sino también rechazan la verdadera religión, adulterando su concepto esencial, y poco a poco vienen a parar al naturalismo y ateísmo’.

Ahora bien, es un dogma de fe que la Iglesia es santa, por lo que la santa Iglesia no nos puede darse unos Sacramentos, una Fe, unas leyes que no sean santas.

Así ahora, ¿cómo es posible que el ‘Nuevo Código’ de Derecho Canónico, el ‘Novus Ordo Missae’, contienen ‘errores’? La única respuesta podría ser la siguiente: si el Papa promulga leyes universales contrarias a la Fe tradicional y contraria a la santidad de la Iglesia, su autoridad no sería legítima.

Reflexionando sobre los discursos y los ‘hechos’ de Juan Pablo II, debemos decir que Karol Wojtyla es sin duda un hereje, y esto confirma la ausencia de autoridad, desde el principio, en su persona. Preguntémonos, entonces, ¿dónde está la verdadera Iglesia?

Si aceptamos la profecía de Nuestra Señora de La Salette,
la Iglesia verdadera es visible en aquellos que huyen de la herejía, conservando todavía la Fe.

Sin embargo, esto plantea el problema de que la Iglesia, mañana, deberá aclarar este período oscuro de su historia y deberá, por lo tanto, constatar la invalidez de los documentos del Vaticano II, de la falsa reforma litúrgica, del vacuo Derecho Canónico, del catecismo herético y de las veinte encíclicas.

¡Que Jesucristo, Dios, fundador de su Iglesia, ilumine y dirija esta solución de Su Iglesia!”.

(Y tiene también el Padre Villa, esta cita al final del libro)

“Siento a mi alrededor innovadores que quieren desmantelar el Santuario, destruir la llama universal de la Iglesia, rechazar sus ornamentos, inducir remordimiento por su pasado heroico. Bien, Mi querido amigo, estoy convencido de que la Iglesia de Pedro debe apropiarse del propio pasado, de lo contrario cavará su misma tumba… Llegará un día en que la mundo civilizado negará a su Dios, cuando la Iglesia dudará como dudó Pedro.

Se verá tentada a creer que el hombre se ha convertido en Dios, que Su Hijo no es más que un símbolo, una filosofía como muchos otras y, en las iglesias, los cristianos buscarán en vano la luz roja en donde Dios les espera, como la pecadora que gritaba frente a la tumba vacía: ¿dónde lo pusieron? “. (De: “Pío XII Devant l’histoire”).

Los tres últimos Papas: Paulo VI, Juan Pablo II y Benedicto XVI, sin contar a Juan Pablo I que solo duró 33 días, lo cual lo deja sin mayor relevancia histórica, fueron judíos y masones según el mismo Padre Luigi Villa.

Paulo VI judío, masón y hasta homosexual: “En noviembre del 2000, publiqué el libro ‘Un monumento masónico a Paulo VI’, donde mostré que, en esa escultura, la Francmasonería habría elogiado a su ‘hombre’ Paulo VI, como ‘Jefe Supremo’ de la Francmasonería y como ‘Papa Judío’, y lo habría glorificado por sus ’3 actos de justicia masónica’, esto es: la traición a Cristo, a la Iglesia y a la Historia de las naciones cristianas”. (¿Quién es el Padre Luigi Villa?, por el Dr. Franco Adessa. p.38-40).

“El Padre Luigi Villa estaba al corriente del hecho que el Card. Pietro Palazzini había enviado una carta al Postulador de la ‘causa de beatificación’ de Paulo VI, que contenía 3 nombres de los últimos amantes homosexuales de Paulo VI. El Cardenal Pietro Palazzini era una autoridad en ese campo, porque el Cardenal guardaba 2 carpetas de documentos que mostraban inequívocamente el vicio impuro y antinatural de Paulo VI“. (Ibídem, p. 33, 34.).

El testimonio de Robin Bryans, escritor irlandés, declaradamente homosexual, en su autobiografía de 1992, ‘The Dust Never Settles” (El polvo nunca se asienta), afirma que su amigo Hugh Montgomery le dijo que él y el joven Montini, habían sido amantes, cuando él fue nombrado diplomático en el Vaticano. El escritor francés y ex Embajador Roger Peyrefitte, homosexual confeso y defensor de los ‘derehos gay’, en 1976, en una entrevista de D.W. Gunn y J. Murat, representante de la ‘Gay Sunshine Press’, habló de la homosexualidad de Paulo VI quien, cuando era arzobispo de Milán, iba a una casa apartada para reunirse con muchachos ad hoc” (Chiesa Viva n° 441, Setiembre 2011, p. 55).

“En ‘O Vatican, a Slightly Wiched View of the Holy See’ (El Vaticano, una visión un poco maliciosa de la Santa Sede), el ex corresponsal de la oficina romana del ‘New York Times’, dio también el nombre de un famoso actor italiano, Paolo Carlini, que se habría convertido en un visitante frecuente de Paulo VI, en sus apartamentos privados en el Vaticano”. (Ibídem, p. 56).

“Siempre Bellegrandi, escribe que Montini, apenas asumió el cargo de Pontífice, fue sometido al chantaje por parte de la Masonería italiana. A cambio de su silencio por las furtivas permanencias del Arzobispo Montini en un Hotel de Suiza, para sus encuentros con su actor-amante, los masones pidieron que el Papa eliminara la tradicional prohibición de la Iglesia de la cremación después de la muerte.(…) El escritor escribió que él consideraba que los Británicos (MIS) y los Americanos (OSS) sabían de la homosexualidad de Montini y la usaban para obtener su cooperación para hacer fusionar las redes Vaticano-Aliados, después de la guerra. Las informaciones sobre chantajes a Montini, por parte de la KGB y de la GRU Soviéticos, luego de la guerra, vinieron a su vez de otra fuente. Un anciano gentilhombre de París, que trabajó como intérprete oficial para el Clero de alto nivel del Vaticano, le dijo que los soviéticos chantajeaban a Montini para saber el nombre de los Sacerdotes que el Vaticano mandaba clandestinamente al otro lado de la cortina de Hierro, para proveer a los fieles católicos, en la Unión Soviética, durante la guerra fría. La Policía Secreta Soviética, por lo tanto, estaba siempre pronta y, apenas los sacerdotes clandestinos atravesaban el confín ruso, eran tomados presos y fusilados o mandados al Gulag”. (Ibídem, p, 58). Queda claro así, el lema de Paulo VI “Flos florum”; se ve ya, de qué florcita se trata.

Sobre Juan Pablo II, el P. Luigi Villa dice: “Para Wojtyla, también la religión judía es una parte de sí mismo, esto cuando ya era Arzobispo de Cracovia, como lo será también cuando se convierta en Papa. Esta relación con el judaísmo plantea un problema: pero, ¿Wojtyla era Judío?, bien, que, que Juan Pablo II fuese Judío, lo testimonia Yaskov Wise, estudioso de la genealogía judaica. Wise pesquisó la ascendencia del lado femenino de la familia Wojtyla. Se sabe que, por decreto rabínico solo la madre, no el padre, transmite el linaje hebreo. Ahora, la madre de Karol se casó con un católico, pero su nombre, Emilia Kaczorowski, es una adaptación polaca de un nombre judaico muy común en el mundo idish: Katz. (Chiesa Viva n° 430, Setiembre 2010, p. 22).

“De cualquier modo, es un hecho conocido que, por intermedio de Juan Pablo II y de masones de la Alta Masonería B’nai B’rith, se realizaron contactos regulares, intensos y constantes. Esto no puede sorprender, si se sabe que, antes de él, Paulo VI, debía su elección al pontificado, a la intervención de dos miembros de la alta masonería de la B’nai B’rith, que presentes en la sala vaticana, después de haber oído la elección del Papa del Cardenal Giuseppe Siri, amenazaron de persecución a los católicos de todo el mundo (…) Ciertamente puede decirse que Juan Pablo II era masón…”. (Ibídem, p.30).

Juan Pablo II, cuya divisa era “De labore solis” (que en el latín ciceroniano, es el eclipse del sol), hizo gala de ella, pues con sus múltiples viajes por todo el mundo, lo que hizo fue esparcir el error y las tinieblas, oscureciendo la luz de la verdad y de la fe.

“Zbigniew Brzezinski, ideólogo de la Comisión Trilateral y miembro de diferentes instituciones globalistas. De acuerdo a declaraciones hechas por W. Jaruselski y por el mismo Brzezinski, el habría sido el hombre que eligió a Karol Wojtyla como nuevo Papa”. (Ibídem, p.33).

De Benedicto XVI, cuyo nombre, Benedictos, curiosamente en griego, lengua en la que fue escrito el Apocalipsis, equivale a los números que sumados da igual a 666 que es el número del Anticristo.

El Padre Luigi Villa, quien como sabemos fue discípulo del Padre Pío y encargado por éste de estudiar la masonería y en especial la masonería eclesiástica, dos meses antes de su muerte el 18 de Noviembre del 2012, con 94 años de edad, publica en su revista Chiesa Viva n°452, del mes de Septiembre, con el sugestivo título ¿El Anticristo en la Iglesia de Cristo?: “Los Tauber: una de las ramas cabalísticas más importantes de la sinagoga. Es importante advertir que Joseph Alois Ratzinger (Tauber-Paintener), hoy Benedicto XVI, desciende de una de las ramas cabalísticas más importantes de la sinagoga (el Gran Rabinato de Praga). Además, hay que destacar el esfuerzo de las tribus hebreas, (particularmente la de Neftalí), desde hace al menos 500 años, por usurpar la sede de Pedro, como afirmó John Retcliffe en el capítulo ‘El cementerio hebreo de Praga y el Consejo de Representantes de las 12 Tribus de Israel, en su libro ‘Biarritz’( …) Entre sus antepasados el hebreo Joseph Alois Ratzinger Paintener (en realidad Tauber), proviene de una sucesión de 9 rabinos de Austria-Hungría y Germania, pero del modo particular del Maharal (Yeudah Loew ben Bezalel), considerado como uno se los sabios ocultistas más sabios de la historia. El Marahal, conocido entre los cabalistas satanistas, adquirió su gran fama como líder espiritual de la comunidad hebraica de Praga”. (Ibídem. p. 30).

Y así, como por casualidad, “De gloria olivae”, que es la divisa de Benedicto XVI según San Malaquías, se revela como el triunfo o gloria de la sinagoga dentro de la Iglesia. Y que aún después de su renuncia sigue llamándose Su Santidad, como Papa Emérito.

Es por todo lo anterior que son interesantes las reflexiones que el Padre Luigi Villa hace en su libro “VATICANO II DIETRO FRONT”, como un apéndice al final del mismo.

Padre Basilio Méramo

Bogotá, 21 de Marzo de 2013