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SOBRE LA VISIBILIDAD DE LA IGLESIA

19 Jan

Muy claro; de los documentos más claros que ha escrito. De asumir las verdades contenidas en el texto, las implicaciones serán devastadoras para la Iglesia conciliar. El problema es que el demonio nos tiene durmiendo.

Para aquellos que tanto enarbolan la visibilidad de la Iglesia pretendiendo desvirtuar todo sedevacantismo, (sin distinción) negando su posibilidad, no se percatan que la misma visibilidad, e incluso la indefectibilidad de la Iglesia se tornan en contra de lo que vana y absurdamente pretenden probar a fuerza de dogmatizar prejuicios que provienen de su escaso y miope bagaje teológico.

Es más, el hecho de la Sede Vacante, lejos de contravenir la visibilidad del primado, de la Cátedra de Pedro y de la Iglesia, lo reafirma, si bien se mira, señalándolo, indicándolo.

Por esto, vuelvo a desempolvar lo que ya estaba dicho en un escrito de hace más de veinte años la Consideración Teológica sobre la Sede Vacante, y añadir los textos (para mi desconocidos en aquel entonces) de Mons. Lefebvre sobre la visibilidad de la Iglesia que no tiene (ni puede tener) la Nueva Iglesia Conciliar o Post- Conciliar.

Visibilidad de la Iglesia con un Papa Hereje Cismático y/o Apóstata

Otra de las cuestiones que se presentan ante la eventualidad de un Papa hereje cismático y/o apóstata, es la cuestión de la visibilidad de la Iglesia. ¿Qué pasa con la Iglesia que debe ser visible con un Papa hereje? La visibilidad de la Iglesia es un dogma de fe.

Pues bien, es la misma visibilidad de la Iglesia la que exige la profesión pública de la fe: «Lo que constituye la visibilidad de la Iglesia es su organización exterior, tanto más que es de derecho divino, organización manifiesta a todas las miradas y a la cual todos los fieles deben pertenecer por el vínculo visible de la misma fe obligatoria, exteriormente profesada, por el vínculo de la obediencia frente a una autoridad común visible y por el vínculo de una misma comunión en la participación a los Sacramentos establecidos por Jesucristo.» (D.T.C. Église, col. 2144). Luego es evidente que la visibilidad de la Iglesia exige en primer lugar la profesión pública de la fe católica, pues: «la Iglesia es la sociedad de los fieles unidos por la profesión integral de la misma fe católica, por la participación a los Sacramentos y por la sumisión a la misma autoridad sobrenatural emanando de Jesucristo, principalmente a la autoridad del Pontífice Romano Vicario de Cristo». (D.T.C. Église, col. 2109-2110).

«El Cardenal Torquemada (+ 1468) define la Iglesia como la sociedad de los católicos o la universalidad de los fieles, que sean predestinados o no, que estén o no en la caridad, por vista que ellos profesen la fe católica integral y que no sean separados de la Iglesia por la justa sentencia de sus pastores». (D.T.C. Église, col.2141).

Vemos que la profesión pública e integral de la fe es el primer requisito para pertenecer a la Iglesia visible, sin profesión pública e integral de la fe no hay visibilidad de nuestra pertenencia a la Iglesia. La visibilidad de la Iglesia pasa primera y fundamentalmente por la profesión integral y pública de la fe católica apostólica y romana.

La distinción teológica entre cuerpo y alma de la Iglesia, comprende los elementos visibles e invisibles de la misma, de tal modo que la pertenencia al cuerpo de la Iglesia es lo que constituye su visibilidad o sea que hablar de visibilidad de la Iglesia, es considerar el cuerpo de la Iglesia, es referirse a la visibilidad de la misma: «el cuerpo de la Iglesia comprende el elemento visible o la sociedad visible, a la cual se pertenece por la profesión exterior de la fe católica, por la participación a los Sacramentos y por la sumisión a los legítimos pastores, y el alma comprende el elemento invisible o la sociedad invisible, a la cual se pertenece por el hecho que se posean los dones interiores de la gracia». (D.T.C. Église, col. 2154).

Quede claro entonces que para pertenecer al cuerpo de la Iglesia se requiere la profesión de la fe, en primer término, pues San Roberto Belarmino «señala tres condiciones indispensables para pertenecer al cuerpo de la Iglesia o a la Iglesia visible que es la única verdadera Iglesia. La primera condición (es lo que aquí más nos interesa) la profesión de la verdadera fe, siempre requerida por la Tradición constante y universal de la Iglesia que ha considerado sin cesar los herejes como no pertenecientes a la Iglesia según los textos anteriormente citados y de los cuales muchos están aquí indicados por San Roberto Belarmino ». (D.T.C. Église, col. 2160).

Quien no es miembro del cuerpo de la Iglesia, no puede ser su Cabeza, y si no se profesa la fe, primer requisito de todo miembro del cuerpo de la Iglesia ¿cómo puede ser Papa, es decir su Cabeza?, oigamos al mismo San Roberto Belarmino (citado por Da Silveira, op. cit. p.172). «El Papa hereje manifiesto, deja por sí mismo de ser Papa y Cabeza, del mismo modo que deja por sí mismo de ser cristiano y miembro del cuerpo de la Iglesia; y por eso puede ser juzgado y punido por la Iglesia. Esta es la sentencia de todos los antiguos Padres, que enseñan que los herejes manifiestos pierden inmediatamente toda jurisdicción, y concretamente de San Cipriano (Lib. 4, Espist. 2) el cual así se refiere a Novaciano, que fue Papa (antipapa) en el cisma que hubo durante el Pontificado de San Cornelio».

Notemos que al decir San Roberto Belarmino que pierde toda jurisdicción no quiere decir que excluya una sustentación por parte de Nuestro Señor Jesucristo en el caso del Papa hereje. Tal como hoy podría ser. Se refiere sí a la pérdida por derecho de la jurisdicción perdiendo el Pontificado, sin que excluya la sustentación de hecho puramente actual y (no habitual) según el bien común de la Iglesia y la salvación de las almas.

Sin la profesión de fe pública e integral no hay pertenencia a la Iglesia, no se es miembro del cuerpo de la Iglesia, pues la visibilidad de la Iglesia así lo exige. Un Papa que no profesa la fe católica está fallando en el primer vínculo visible de la unidad de fe, está fallando en la unidad visible de la fe por la carencia en la profesión exterior de la misma. Sin la unidad de fe visible por la profesión pública e íntegra de la fe, ¿cómo se puede considerar miembro del cuerpo visible de la Iglesia a quien falla en la profesión de la fe? Sin profesión pública de la fe integral no hay el vínculo visible que permita afirmar que se pertenece al cuerpo de la Iglesia, esto es claro como el agua. Y quien no es miembro del cuerpo visible de la Iglesia, ¿cómo puede ser su cabeza? O se profesa la fe públicamente o no se es miembro del cuerpo de la Iglesia.

Como dice Melchor Cano (citado por Da Silveira) «no se puede ni siquiera concebir que alguien sea cabeza y Papa, sin ser miembro y parte». (Op. Cit. p.173). Y ¿cómo se puede ser miembro y parte de la Iglesia visible sin la profesión pública e íntegra de la fe católica apostólica y romana?

La profesión de fe es un vínculo necesario para pertenecer al cuerpo de la Iglesia, San Roberto Belarmino, así también lo confirma al referirse al hereje en un texto que trae Da Silveira: « (…) el hereje manifiesto no es de modo alguno miembro de la Iglesia, es decir, ni espiritualmente ni corporalmente, lo que significa que no lo es ni por unión interna ni por unión externa. Porque inclusive los malos católicos están unidos y son miembros espiritualmente por la fe y corporalmente por la confesión de la fe (…)». (Op. Cit. p.173). Es evidente que la profesión (confesión) de la fe es necesaria para pertenecer corporalmente a la Iglesia, o sea para ser miembro del cuerpo de la Iglesia visible.

Luego un Papa que no profesa la fe católica íntegramente no puede ser miembro del cuerpo de la Iglesia y si no puede ser corporalmente miembro, mucho menos puede ser su cabeza. Esto es hasta de una evidencia física. El que no lo vea, es porque no lo quiere ver, y no hay peor ciego que el que no quiere ver. Pero al pan pan y al vino vino, le seguiremos diciendo nosotros.

La cuestión de la visibilidad de la Iglesia está directa e íntimamente relacionada con la pertenencia a la Iglesia como miembro. Pertenencia visible o pertenencia al cuerpo de la Iglesia que se funda primera y principalmente en la profesión pública de la fe católica integralmente.

Luego es la misma visibilidad de la Iglesia la que no admite al Papa hereje, pues lo rechaza y repele como a un miembro muerto y putrefacto, lo mismo para el cismático y/o el apóstata.

Recordemos además que la visibilidad de la Iglesia se basa en aquello que es de constitución divina, es decir en el Papado, en la jerarquía, más que en las personas privadas que ocupan tales cargos públicos. La visibilidad de la Iglesia dada por su jerarquía divinamente instituida se refiere a los cargos (o investiduras) como es el Papado, el Episcopado etc… Es la persona pública, el cargo u oficio público divinamente instituido y no la persona privada que lo ocupa, ejerce, y desempeña. La visibilidad de la Iglesia no se pierde porque la Sede está Vacante lo cual sucede siempre que los Papas mueren. La misma Sede Vacante muestra la visibilidad de la Iglesia en cuanto al Papado hasta que sea ocupada la Santa Sede por un legítimo sucesor de San Pedro. Las instituciones divinas no se destruyen por la falencia de los hombres, por eso la Iglesia es divina a pesar de los hombres.

Por cuerpo de la Iglesia se entiende, (dice Hugon) la obligación de pertenecer a este organismo por el carácter bautismal y por los vínculos visibles de una triple unidad: de fe, de culto, de gobierno. (Hors de l’Eglise Point de Salut, p. XVIII).

El cuerpo visible de la Iglesia exige un triple vínculo, tres vínculos que son visibles, y el primero de estos tres vínculos visibles es el de la profesión exterior de la fe católica. El vínculo de la fe, no es sólo la fe interior, no basta para ser un vínculo visible que exige por lo mismo la visibilidad de esa fe, la cual se manifiesta por su profesión exterior.

En este sentido afirma Hugon: «La unidad, causa de vida, signo de verdad, es visible y tangible, porque implica la profesión exterior de los mismos artículos por todo el mundo, y que requiere un magisterio público y auténtico al cual todos están obligados a someterse. Sin esta autoridad soberana e infalible, las controversias serían interminables como lo son en el protestantismo». (Ibídem, p. 246).

Precisamente este Magisterio infalible que dirime las controversias y define los Dogmas es el que actualmente es negado por los modernistas, sean en las apariencias progresistas o conservadores, como el Cardenal Ratzinger Prefecto de la Congregación para la Fe (que vela por la fe) sobre quien Mons. Lefebvre lo dijo poco antes de morir haciendo alusión a la revista Sí Sí, No No (Ed. Italiana del 15 de Enero 1991): «Os invito a leer el denso artículo de fondo de «Sí Sí No No» que ha aparecido hoy sobre el Cardenal Ratzinger. ¡Es aterrador! El autor del artículo no sé quién es, pues ponen siempre seudónimos, y no se sabe entonces quien es. Pero en fin, el artículo está muy bien documentado y concluye que el Cardenal es hereje. El Cardenal Ratzinger es hereje. No solamente, se enfrenta a los decretos y declaraciones dogmáticas según él ha afirmado. Se puede incluso discutir, si es infalible, si no es infalible: «Quanta Cura», «Pascendi Dominici Gregis», el Decreto «Lamentabili» etc.., se puede discutir. No es esto lo que es grave en el cardenal Ratzinger, sino que pone en duda la realidad misma del Magisterio de la Iglesia. Pone en duda que hay un Magisterio que sea permanente y definitivo en la Iglesia. Esto no es posible. Se acomete contra la raíz misma de la enseñanza de la Iglesia. Ya no hay una verdad permanente en la Iglesia, verdades de fe, Dogmas en consecuencia. No hay más Dogmas en la Iglesia ¡Esto es radical! Evidentemente es herético, está claro. Es horrible, pero es así». (Última conferencia espiritual de Mons. Lefebvre en Ecône, 8 y 9 de Febrero 1991).

Si esto dijo Mons. Lefebvre poco antes de morir en su última conferencia espiritual a los seminaristas de Ecône, la herejía no se puede negar, existe en las personas más encumbradas en la Iglesia y en Roma mismo. El Cardenal Ratzinger es el brazo derecho de Juan Pablo II en las cuestiones teológicas y piensan igual, de eso no cabe duda, tal para cual, la conclusión se impone, pero de esto hablaremos más adelante. Queda asentado por todo lo expuesto que sin la profesión de la fe no se puede pertenecer al cuerpo de la Iglesia visible. Un Papa que no profesa la fe ¿cómo va a transmitirla?, es imposible por esto Mons. Lefebvre dijo refiriéndose al Papa, en aquel entonces Pablo VI: «Y como sucesor de Pedro debe transmitir la fe de sus predecesores. En la medida que no nos transmita la fe de sus predecesores, ya no es el sucesor de Pedro. Entonces se volvería una persona que se separa de su cargo, que reniega de su cargo, que no se dedica a su cargo. No puedo hacer nada, no es mi culpa». (La Condamnation… p. 262).

Así pues, el argumento de la visibilidad de la Iglesia, se torna en contra de aquellos que lo invocan para negar la posibilidad de la hipótesis de la Sede Vacante, y de hecho refutar la Conclusión Teológica sobre la misma.

El argumento de la visibilidad, les cae como rocío sobre el rostro, como aquel que para defenderse, escupe para arriba.

La visibilidad de la Iglesia, no puede ser jamás la de una jerarquía que pontifica en el error, dado que la indefectibilidad de la Iglesia, estaría evidenciando dicho error; ya no se diga cuando ese error está en flagrante ruptura con la Tradición, lo cual evidencia una escisión o cisma, conculcando incluso el dogma, lo cual es una herejía; o se llega además a subvertir la fe, proponiendo otra, lo cual sería ya una flagrante apostasía.

Por esto, Monseñor Lefebvre pudo decir y dijo acerca de la visibilidad de la Iglesia, con respecto a la Nueva Iglesia Conciliar (o Post- Conciliar) :

“Pero este último tiempo se nos ha dicho que era necesario que la Tradición entrase en le Iglesia visible. Pienso que se comete allí un error muy grave.

No que no haya Iglesia fuera nosotros; no se trata de eso. Pero este último tiempo, se nos ha dicho que era necesario que la Tradición entrase en la Iglesia visible.

¿Dónde es la Iglesia visible? La Iglesia visible se reconoce por las señales que siempre ha dado para su visibilidad: es una, santa, católica y apostólica.

Les pregunto: ¿dónde están las verdaderas notas de la Iglesia? ¿Están más en la Iglesia oficial (no se trata de la Iglesia visible, se trata de la Iglesia oficial) o en nosotros, en lo que representamos, lo que somos?

Queda claro que somos nosotros quienes conservamos la unidad de la fe, que desapareció de la Iglesia oficial.

(…) La unidad de la fe realizada en el mundo entero es la catolicidad. Ahora bien, esta unidad de la fe en todo el mundo no existe ya, no hay pues más de catolicidad prácticamente.

(…) ¿La apostolicidad? Rompieron con el pasado. Si hicieron algo, es bien éso. No quieren saber más del pasado antes del Concilio Vaticano II.

(…) La apostolicidad: nosotros estamos unidos a los Apóstoles por la autoridad. Mi sacerdocio me viene de los Apóstoles; vuestro sacerdocio les viene

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de los Apóstoles. Somos los hijos de los que nos dieron el episcopado. Mi episcopado desciende del santo Papa Pío V y por él nos remontamos a los Apóstoles. En cuanto a la apostolicidad de la fe, creemos la misma fe que los Apóstoles. No cambiamos nada y no queremos cambiar nada.

Y luego, la santidad. No vamos a hacernos cumplidos o alabanzas. Si no queremos considerarnos a nosotros mismos, consideremos a los otros y consideremos los frutos de nuestro apostolado, los frutos de las vocaciones, de nuestras religiosas, de los religiosos y también en las familias cristianas. De buenas y santas familias cristianas germinan gracias a vuestro apostolado. Es un hecho, nadie lo niega. Incluso nuestros visitantes progresistas de Roma constataron bien la buena calidad de nuestro trabajo.

(…) Todo eso pone de manifiesto que somos nosotros quienes tenemos las notas de la Iglesia visible.

Si hay aún una visibilidad de la Iglesia hoy, es gracias ustedes. Estas señales no se encuentran ya en los otros.

No hay ya en ellos la unidad de la fe; ahora bien es la fe que es la base de toda visibilidad de la Iglesia.

La catolicidad, es la fe una en el espacio. La apostolicidad, es la fe una en el tiempo.

La santidad, es el fruto de la fe, que se concreta en las almas por la gracia del Buen Dios, por la gracia de los Sacramentos.

Es totalmente falso considerarnos como si no formáramos parte de la Iglesia visible. Es increíble.

(…) Pienso que es necesario que tengamos esta convicción para no caer en los errores que se está extendiéndose ahora”.

Por supuesto, se podrá objetársenos: ‘¿Es necesario, obligatoriamente, salir de la Iglesia visible para no perder el alma, salir de la sociedad de los fieles unidos al Papa?’

No somos nosotros, sino los modernistas quienes salen de la Iglesia.En cuanto a decir ‘salir de la Iglesia visible’, es equivocarse asimilando Iglesia

oficial a la Iglesia visible.(…) ¿Salir, por lo tanto, de la Iglesia oficial? En cierta medida, ¡!,

obviamente.

(…) Si nos alejamos de esta gente, es absolutamente de la misma manera que con las personas que tienen el SIDA. No se tiene deseo de atraparlo. Ahora bien, tienen el SIDA espiritual, enfermedades contagiosas. Si se quiere guardar la salud, es necesario no ir con ellos”. (Extractos de la Conferencia dada por S. Exc. Mgr Lefebvre en Ecône el 9 de septiembre de 1988, después del Retiro Sacerdotal. Fideliter n°66, noviembre- diciembre de 1988).

Y en una entrevista a Mons. Lefebvre, un año después de las consagraciones, volvió a manifestar lo mismo:

“Fideliter – Algunos dicen: sí pero Monseñor tendría que haber aceptado un acuerdo con Roma, porque una vez que la Fraternidad hubiese sido reconocida y las sanciones levantadas, habría podido actuar de una manera más eficaz dentro de la Iglesia, mientras que ahora se colocó afuera.

Monseñor: Son cosas que son fáciles de decir. Ponerse dentro de la Iglesia, ¿qué es lo que eso quiere decir? Y en primer lugar, ¿de qué Iglesia se habla? Si es de la Iglesia conciliar, sería necesario que nosotros, quienes luchamos contra ella durante veinte años porque queremos la Iglesia Católica, volviésemos a entrar en esta Iglesia conciliar para supuestamente volverla católica. ¡Es una ilusión total!’.

(…) Es increíble que se pueda hablar de Iglesia visible en relación a la Iglesia conciliar y en oposición con la Iglesia Católica que nosotros intentamos representar y seguir.

(…) Somos nosotros quienes tenemos las notas de la Iglesia visible: la unidad, la catolicidad, la apostolicidad, la santidad. Es eso lo que constituye la Iglesia visible.

(…) Somos nosotros quienes estamos con la infalibilidad, no la Iglesia conciliar. Ella está en contra de la infalibilidad, es absolutamente cierto.

(…) Obviamente estamos en contra de la Iglesia conciliar, que es prácticamente cismática, incluso si no lo aceptan. En la práctica es una Iglesia virtualmente excomulgada, porque es una Iglesia modernista”. (Fideliter n° 70, julio- agosto de 1989).

Por todo esto, no se puede excluir teológicamente, como se pretende, ni que un Papa pueda caer en herejía, el cisma o la apostasía, ni que por el mismo hecho la Sede de Pedro quede vacante; salvo que se pretenda que es un dogma de fe, como en el fondo pareciera ser, para aquellos que excluyen la posibilidad de la Sede Vacante argumentando con la visibilidad de la Iglesia.

Y para acabar con esta historia baste solamente este texto para dejar de insistir y pretender aplastar refutando, negando toda posibilidad de Sede Vacante:

“Nos encontramos verdaderamente frente a un dilema gravísimo, que creo no se planteó jamás en la Iglesia: que quien está sentado en la Sede de Pedro participe en cultos de falsos dioses; creo que esto no sucedió jamás en toda la historia de la Iglesia. ¿Qué conclusión deberemos quizás sacar dentro de algunos meses ante estos actos repetidos de comunión con falsos cultos? No lo sé. Me lo pregunto. Pero es posible que estemos en la obligación de creer que este Papa no es Papa. No quiero decirlo aún de una manera solemne y formal, pero parece, sí, a primera vista, que es imposible que un Papa sea hereje pública y formalmente”. (Sermón del Domingo de Pascua del 30 de marzo de 1986 en Ecône).

Y quince días después en Ecône, en la conferencia a los seminaristas, dijo Mons. Lefebvre refiriéndose a lo dicho el Domingo de Pascua:

“Queridos amigos, ¡pudieron, durante las vacaciones, reflexionar sobre el sermón del Domingo de Pascua…

El papa no está sobre las leyes divinas.(…) Entonces el problema se plantea.Primer problema: la communicatio en sacris.Segundo problema: la cuestión de la herejía.Tercer problema: ¿el Papa es aún Papa cuando es hereje?

¡Yo no sé, no zanjo! Pero pueden plantearse la cuestión ustedes mismos. Pienso que todo hombre juicioso debe plantearse la cuestión. No sé. Entonces, ahora, ¿es urgente hablar de esto?…

Se puede no hablar, obviamente… Podemos hablar entre nosotros, privadamente, en nuestras oficinas, en nuestras conversaciones privadas, entre seminaristas, entre sacerdotes… ¿Es necesario hablar a los fieles? Muchos dicen: -No, no habléis a los fieles. Van a escandalizarse. Eso va a ser terrible, eso va a ir lejos…

Bien. Yo dije a los sacerdotes, en París, cuando los reuní, y luego a vosotros mismos, ya os había hablado, les dije: pienso que, muy suavemente, es necesario, a pesar de todo, esclarecer un poco a los fieles…No digo que sea necesario hacerlo brutalmente y lanzar eso como condimento a los fieles para asustarlos… No. Pero pienso que, a pesar de todo, es una cuestión precisamente de fe. Es necesario que los fieles no pierdan la fe. Somos encargamos de guardar la fe de los fieles, de protegerla.

Van a perder la fe… incluso nuestros tradicionalistas. Incluso nuestros tradicionalistas no tendrán ya la fe en Nuestro Señor Jesucristo. ¡Ya que esta fe se pierde! Se pierde en los sacerdotes, se pierde en los obispos.

(…) Y se dice: Monseñor va a hacer cisma. ¿Pero quién hace cisma? ¡No soy yo! Para hacer cisma es necesario dejar la Iglesia. Y dejar la Iglesia, es dejar la fe, en primer lugar.

¿Quién deja la fe de la Iglesia? La autoridad está al servicio de la fe. Si ella abandona la fe, es ella quien hace cisma. Entonces no somos nosotros quienes hacemos cisma”. (Conferencia en Ecône del 15 de abril de 1986).

 

  1. Basilio Méramo Bogotá, Enero 18 de 2016
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The Remnant solicita a S.S. Francisco que cambie de rumbo o renuncie al cargo de Sucesor de S. Pedro

9 Dec

The Remnant solicita a S.S. Francisco que cambie de rumbo o renuncie al cargo de Sucesor de S. Pedro

8 de diciembre de 2015
Festividad de la Inmaculada Concepción

Santidad:

Celestino V (reinó en 1294), reconociendo un incapacidad para el cargo, al que había sido elegido de forma muy inesperada siendo el ermitaño Pietro da Morrone, y dándose cuenta del grave daño que estaba haciendo a la iglesia con su inepto gobierno, abdicó tras un reinado de apenas cinco meses. Clemente V lo canonizó en 1313. A fin de que no quedase duda de la validez de tan inusitado acto pontificio, Bonifacio VIII, confirmó a perpetuidad (ad perpetuam rei memoriam) que «el Romano Pontífice es libre para abdicar de su cargo».

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Oh María sin pecado concebida, rogad por nosotros que recurrimos a Vos

Son cada vez más los católicos, entre los que se cuentan cardenales y obispos, que están conscientes de que vuestro pontificado, igualmente fruto de una elección imprevista, está causando también un serio perjuicio a la Iglesia. Ya no es posible negar que os falta la capacidad o la voluntad para aquello que tan acertadamente señaló vuestro predecesor que debe cumplir todo pontífice: «vincularse constantemente a sí mismo y la Iglesia a la obediencia a la Palabra de Dios, frente a todos los intentos de adaptación y alteración, así como frente a todo oportunismo».

Al contrario, como se puede ver en los hechos que adjuntamos, vuestra santidad ha dado numerosas indicaciones de tener una alarmante hostilidad a la doctrina, disciplina y práctica tradicionales de la Iglesia, así como a los fieles que las defienden, a la vez que manifiesta preocupación por cuestiones sociales y políticas que no son competencia del Romano Pontífice. A consecuencia de ello, los enemigos de la Iglesia constantemente se regocijan de vuestro pontificado, exaltándoos por encima de vuestros predecesores. Esta situación tan calamitosa no tiene precedentes en la historia de la Iglesia.

El año pasado, hablando de la abdicación de Benedicto, Vuestra Santidad declaró que haría igual si se sintiera incapaz de ejercer su cargo. En el primer aniversario de la abdicación de Benedicto, pidió a los fieles que lo acompañaran en sus oraciones por S. S. Benedicto XVI, «hombre de gran valor y humildad».

Con gran inquietud, y bajo la mirada de Aquel que nos juzgará en el Último Día, estos humildes súbditos ruegan respetuosamente a Vuestra Santidad que cambie de rumbo por el bien de la Iglesia y de las almas. Si eso no fuera posible, ¿no sería preferible que Vuestra Santidad renunciase a la Silla de S. Pedro a que presida una catastrófica transigencia en la integridad de la Iglesia?

Hacemos nuestras las palabras de Santa Catalina de Siena, doctora de la Iglesia, en su famosa carta a Gregorio XI, en la que lo instaba enderezar bien el rumbo de la Iglesia en una de sus mayores crisis: «Dios os ha concedido autoridad y la habéis asumido. Por tanto, debéis hacer uso de vuestra virtud y autoridad. Y si no estáis dispuestos a emplearlas, sería mejor que abandonaseis el cargo que había tomado…»

¡María, Auxilio de los Cristianos, ruega por nosotros!

Vuestros súbditos en Cristo,

Christopher A. Ferrara
Michael J. Matt
Dr. John Rao
Professor Brian McCall
Elizabeth Yore
Timothy J. Cullen
Chris Jackson
Michael Lofton
Father Celatus
Connie Bagnoli
Susan Claire Potts
Robert Siscoe
John Salza, Esq.
Vincent Chiarello
John Vennari

Hechos

Vuestro predecesor Benedicto XVI, cuando se sentó por primera vez en la cátedra petrina, recordó a los fieles católicos que «el Papa no es un soberano absoluto, cuyo pensamiento y voluntad son ley. Al contrario: el ministerio del Papa es garantía de la obediencia a Cristo y a su Palabra». De conformidad con ello, dijo Benedicto, «un papa no debe proclamar sus propias ideas, sino vincularse constantemente a sí mismo y la Iglesia a la obediencia a la Palabra de Dios, frente a todos los intentos de adaptación y alteración, así como frente a todo oportunismo».

El rumbo que ha seguido hasta el momento vuestro pontificado nos obliga a declarar públicamente que no habéis respetado la naturaleza del cargo petrino, sino que habéis abusado de él como nunca se ha visto. Por la presente, exponemos a Vuestra Santidad las principales inquietudes que han suscitado la alarma en todos los niveles de la Iglesia motivando esta súplica.

Primero. En lugar de enseñar en todo momento la doctrina de la Iglesia sobre la Palabra de Dios, Vuestra Santidad ha proclamado incesantemente sus propias ideas en homilías, conferencias de prensa, comentarios improvisados, entrevistas con la prensa, discursos varios e interpretaciones extravagantes de las Escrituras.

Dichas ideas, desde las simplemente inquietantes hasta las claramente heterodoxas, están bien representadas en vuestro manifiesto personal Evangelii Gaudiumdocumento que contiene varias declaraciones asombrosas que jamás se atrevido a expresar pontífice alguno. Entre otras, vuestro sueño de «transformarlo todo, para que las costumbres, los estilos, los horarios, el lenguaje y toda estructura eclesial se convierta en un cauce adecuado para la evangelización del mundo actual más que para la autopreservación». Resulta increíble que un pontífice plantee una inexistente oposición entre la autopreservación de la Iglesia Santa Católica y Romana y la misión de ésta en el mundo.

Segundo. En vez de sumarse usted, y a la Iglesia, a la obediencia de la palabra de Dios, ha usted menospreciado en repetidas ocasiones las tradiciones apostólicas y eclesiásticas, así como a los fieles que las defienden. Aquí Evangelii Gadium resume su ideario: «Más que el miedo a perder el camino, tengo esperanza de que encontremos motivación en el miedo a quedar atrapados dentro de estructuras que nos aportan un sentido falso de seguridad, dentro de normas que nos vuelven jueces austeros, dentro de costumbres en las que nos sentimos seguros mientras que a nuestra misma puerta hay personas muriéndose de hambre y Jesús no se cansa de decirnos: “Dadles algo de comer” (Mc 6, 37)».

El catolicismo se tambalea ante el espectáculo de un pontífice romano denigrando la constitución, doctrina y costumbres de la Iglesia refiriéndose a ellas como «estructuras», «normas» y «costumbres» que roban al pueblo de su sustento espiritual dejándolo morir de hambre a sus puertas. Se atreve usted a referirse de esta manera a la Iglesia que construyó y transformó civilizaciones enteras, educó un sin número de santos, que creó órdenes religiosas, vocaciones sacerdotales y religiosas, institutos de caridad para la salvación de almas e incomparables obras de beneficencia.

Así mismo, ha insultado usted con tanta frecuencia a los fieles que defienden las tradiciones de la Iglesia que un observador ha recopilado un «Pequeño libro de insultos» que recoge muchos ejemplos de abusos sin precedente por parte de un Papa a sus súbditos. Entre los epítetos lanzados a los católicos devotos con una ligereza imprudente  se encuentran «fundamentalistas», «fariseos», «pelagianos»,  «triunfalistas», «agnósticos», «nostálgicos», «cristianos superficiales», «banda de los escogidos», «pavorreales», «moralistas de nimiedades», «uniformistas», «orgullosos y autosuficientes», «aristócratas del intelectualismo», «murciélagos cristianos que prefieren la obscuridad a la luz de la presencia del Señor», etc.

Sin embargo, ni una sola palabra dura le ha usted dirigido a los enemigos declarados de la doctrina de la fe, o a los degenerados sexuales que infestan la jerarquía católica. Por el contrario, declara usted «¿Quién soy yo para juzgar?» con respecto a «personas gay» entre el sacerdocio. En  particular el reconocido clérigo homosexual que permite usted que encabece vuestro hogar, y que guarda un parecido repugnante  a vuestra persona. Usted ha permitido audiencias ampliamente difundidas de depravados sexuales, incluyendo transexuales y homosexuales, organizando estos encuentros personalmente por teléfono. Usted ha rehabilitado y hasta recompensado con cargos prestigiosos a teólogos de la liberación, que habían sido silenciados y suspendidos por sus dos predecesores anteriores, a promotores de la homosexualidad  y a prelados que encubrieron los delitos sexuales de sacerdotes homosexuales.

Evangelii Gaudium resume perfectamente el desprecio —sin precedente en los anales del papado— que usted guarda para con los defensores de la doctrina y la probidad litúrgica. Se burla usted de «una ostentosa preocupación por la liturgia, por la doctrina y por el prestigio de la Iglesia»,  y temerariamente acusa a los católicos que sostienen una postura tradicional de «carecer de interés de que los evangelios tengan un impacto entre los  que son fieles a Dios y por las necesidades concretas de nuestros días»; cruelmente e injustificadamente caricaturizándolos como personas que reducirían a la Iglesia a «una pieza de museo o a un objeto propiedad de unos cuantos».

Un momento que indica el estado de ánimo despectivo de Su Santidad con respecto a este tema es la humillación al acólito, que ya ha sido dada a conocer a todo el mundo y conmemorada en Internet.

Mientras el joven se encontraba postrado, con sus manos unidas en oración, a la entrada de los grutas del Vaticano, los cuales usted visitaba en ese momento, le separó usted las manos mofándose de él con las palabras « ¿Acaso tenéis las manos atadas? ¡Ya, parecen estar atoradas!». Para mérito suyo, el joven volvió a unir sus manos inmediatamente, resumiendo el comportamiento adecuado a la dignidad de la ocasión y en obediencia a una formación espiritual cuidadosa. Nos preguntamos, sin embargo, qué efecto tendrá esta humillación pública, ya permanentemente accesible a todo el orbe, sobre la vida espiritual en una mente susceptible como ésta.

Quizá el más injurioso de los insultos de Su Santidad a los fieles aparece en Evangelii Gaudium, donde denuncia usted a los tradicionalistas católicos por un supuesto «ensimismamiento prometeico neo pelagiano». Asumiendo usted conocer su criterio interno declara que estos católicos «se sienten superiores a su prójimo porque siguen ciertas normas y se mantienen fieles a un estilo católico particular del pasado»; como si nuestra religión fuera asunto de estilos que pasan de moda como la ropa. Llega usted al extremo de burlarse de «una supuesta solidez de doctrina y disciplina» calificándola como «narcisista, un elitismo autoritario, que en vez de evangelizar se dedica a analizar y a clasificar a los demás…»

Por el bien de la verdad y la justicia, Santo Padre, debemos decirle a usted que parece ser que usted mismo ha dedicado bastante tiempo a analizar, clasificar y, ciertamente, a juzgar a los demás, para mayor consternación y vergüenza de sus súbditos, que jamás han presenciado tal comportamiento de un pontífice romano. Y este comportamiento no parece llegar a término alguno. Recientemente durante una conferencia para la formación sacerdotal, aseveró usted —con gran deleite de los presentes— que tenía usted «miedo de los sacerdotes inflexibles… no me acerco a ellos. ¡Creo que muerden!» ¿Qué propósito tiene esa retórica burlona si no es humillar y marginalizar a aquellos sacerdotes que aún tienen el valor de defender las enseñanzas impopulares de la Iglesia, sin compromiso, ante un mundo en guerra con Dios y Su ley? ¡No es del todo sorprendente que los medios aclamen vuestro pontificado!

Hay aún más que las palabras, Santo Padre,  ya que ha dirigido usted la persecución abierta de órdenes religiosas dedicadas a restaurar la ortodoxia, la piedad sobria, la vida interior y la tradición litúrgica en medio de lo que su predecesor describiócomo las «calamidades» y el «sufrimiento» que ha soportado la Iglesia en nombre del Vaticano II, incluyendo «seminarios cerrados, conventos cerrados, la banalización de la liturgia…».  Bajo vuestras órdenes específicas los florecientes Frailes Franciscanos de la Inmaculada han sido destruidos por motivo de lo que vuestro comisionado apostólico (quien más tarde murió de una apoplejía) calificó como «definitivamente un giro tradicionalista». Así mismo, las Hermanas de la Inmaculada, afiliadas a aquella orden, han sido colocadas bajo un comisionado apostólico debido a supuestas «desviaciones» que consisten en una formación «preconciliar»; en otras palabras, una liturgia tradicional, una vida conventual tradicional, como si estas cosas sagradas fuesen una enfermedad que debe ser erradicada de la Iglesia. Estas son acciones propias de un dictador motivado por una ideología, no de un paternal guardián del patrimonio sagrado de la Iglesia.

Y sin embargo, después de un año de investigaciones el proceso disciplinario, iniciado por el papa Benedicto, del Directorio de Religiosas (LCWR por sus siglas en inglés) bajo vuestra supervisión, ha sido encubierto y dispensado a pesar de su apoyo al aborto la eutanasia y el «matrimonio homosexual»  y su notoria promociónpor lo que el cardenal Müller, Prefecto de la Congregación para la Doctrina de la Fe, ha descrito como «errores fundamentales acerca de la omnipotencia divina, la Encarnación de Jesucristo, la realidad del pecado original, la necesidad de la salvación y la naturaleza definitiva de la acción salvífica de Cristo en el Misterio Pascual».

Tercero. Al persistir con su menosprecio programático de la doctrina y la disciplina tradicional de la Iglesia y de los que la defienden, usted presidió y controló un “Sínodo sobre la Familia”, que pasó a ser un esfuerzo sostenido para diluir o adaptar la enseñanza infalible de la Iglesia sobre el matrimonio, la procreación y la sexualidad, con el fin de acomodar el espíritu rebelde de la época y la inmoralidad que se ha fomentado en toda nuestra civilización post-cristiana.

En el nombre de la “misericordia” –los prelados progresistas que dominan su círculo de asesores, incluyendo el infame cardenal Kasper, cuyos puntos de vista se han promovido desde el inicio de su pontificado– ahora se proclama una falsa disyuntiva entre la doctrina y la intrínsecamente relacionada práctica pastoral, como si la Iglesia pudiera prohibir la conducta inmoral como principio, mientras que da acogida a la práctica de la misma. Como un cardenal prominente lo ha manifestado, esta “es una forma de herejía, una patología esquizofrénica peligrosa“. Sin embargo, se ha convertido en un tema de su pontificado, ya que se invoca a la “misericordia” sin cesar contra las leyes morales de la Iglesia, que se degradan como “reglas de mentes pequeñas“, “barreras“, “puertas cerradas“, y “casuística“.

Los progresistas que usted personalmente designó para la secretaría del Sínodo y la comisión de redacción, además de los 45 progresistas agregados a los miembros votantes, incluido el cardenal Kasper, se juntaron para atacar la indisolubilidad del matrimonio mediante la promoción de la admisión “caso por caso” de los divorciados y “vueltos a casar” a la santa comunión. Esto significaría el derrocamiento de la disciplina sacramental milenaria de la Iglesia, enraizada en las palabras de Nuestro Señor: “Todo el que repudia a su mujer, y se casa con otra, comete adulterio… (Lc. 16, 18.)”. Esta disciplina la reafirmaron Benedicto XVI y Juan Pablo II frente a los desafíos por disidentes Católicos de la enseñanza, siendo el Cardenal Kasper uno de los más importantes entre ellos. Es evidente que usted desea abandonar la disciplina, como lo hizo cuando era arzobispo de Buenos Aires y cuando ya fue Papa, cuando se permitió llamar personalmente por teléfono, a una mujer en Argentina, casada por lo civil con un hombre divorciado, para decirle que podía recibir la sagrada comunión a pesar de que su “rígido” párroco había dicho lo contrario.

En la primera sesión del sínodo en 2014, en la que usted personalmente aprobó y ordenó publicar al mundo, un informe intermedio“, antes de que los padres sinodales lo hubieran revisado y que nunca fue aprobado por ellos, y de hecho, era una invención al parecer escrita antes del sínodo que no representaba ni remotamente su consenso real. Este documento vergonzoso abogaba por un tratamiento tipo “caso por caso” para abandonar la disciplina de la Iglesia, respecto a los divorciados “vueltos a casar” y el “valorar” la “orientación” homosexual. Un prelado valiente calificó este hecho como “un punto negro que ha manchado el honor de la Sede Apostólica“. Sin embargo, después de que la mayoría en el sínodo rechazó con fundamento estos puntos, usted denunció a “los llamados… tradicionalistas” por “querer cerrarse dentro de la palabra escrita… y no dejarse sorprender por Dios, por las sorpresas de Dios…“. Y entonces usted pidió que el mismo documento se distribuyera a los obispos del mundo, junto con tres párrafos del informe final que no recibieron la mayoría necesaria, pero que usted pidió fueran incluidos de todos modos, después de haber “quebrantado el libro de reglas” de un sínodo que fue “amañado” para lograr un resultado arreglado de antemano, pero que por la gracia de Dios no se logró.

En la segunda sesión del sínodo en 2015, usted solicitó que todas las deliberaciones se basarán en un Instrumentum laboris tan heterodoxo, que una coalición internacional de clérigos y laicos advirtió que se “pone en peligro toda la estructura de la enseñanza católica sobre el matrimonio, la familia y la sexualidad humana…“. Cuando ese documento fue igualmente rechazado por la mayoría en el sínodo y sustituido en el último minuto por un documento compromiso (que crea aberturaspara el derrocamiento de la disciplina sacramental de la Iglesia), usted denunció los “corazones cerrados, que con frecuencia se ocultan incluso detrás de las enseñanzas de la Iglesia o de las buenas intenciones, con el fin de sentarse en la silla de Moisés y del juez… casos difíciles“. Es decir, usted condenó a los padres sinodales que habían defendido la disciplina sacramental constante de la Iglesia.

En su evidente determinación para dar cabida a los divorciados “casados nuevamente” por lo civil, a quienes inexplicablemente usted caracterizó como “los pobres“, justo antes del sínodo 2015, usted inventó en secreto, sin consultar a cualquier dicasterio competente del Vaticano, una repentina y drástica “racionalización” del proceso de anulación. Un canonista de renombre mundial, que reflexionó y comentó sobre la alarma generalizada por esta “reforma” imprevista, la describió como “proporcionar un camino que se parece a la versión católica de divorcio sin culpa“. Usted mismo libremente reconoció que “no se me ha escapado, el hecho de que un juicio abreviado podría poner en riesgo el principio de la indisolubilidad del matrimonio… “.

Cuarto. Al mantener su asombrosa sugerencia, rápidamente aclamada por los medios de comunicación, de que la Iglesia ha estado “obsesionada” con “el aborto, el matrimonio gay y el uso de métodos anticonceptivos“, por su propio reconocimiento, usted “no había hablado mucho sobre estas cosas, y fue reprendido por ello“. Sin embargo, estas faltas graves amenazan la supervivencia misma de nuestra civilización en medio de lo que Juan Pablo II llamó una “cultura de la muerte” y “apostasía silenciosa”. Mientras tanto, Vuestra Santidad tuvo una opinión muy vocal sobre muchos temas políticos, a la vez que permanecía en completo silencio mientras que la que una vez fue Irlanda católica, legalizó el “matrimonio gay” por referéndum popular y la Corte Suprema de los Estados Unidos impuso esta abominación en los cincuenta estados.

Por otra parte, mientras el mundo occidental se hunde en el abismo de la depravación y los musulmanes fanáticos están masacrando a los cristianos de todo el Medio Oriente, África y en el corazón de Europa, usted está preocupado por “el cambio climático”. Su encíclica, con la extensión de un libro, sobre una supuesta “crisis ecológica”, Laudato si, la única encíclica que ha producido, postula la existencia de una “crisis ecológica” y adopta acríticamente los reclamos ideológicamente motivados, fuertemente impugnados por la “ciencia del cambio climático”, sobre los que un Papa no tiene absolutamente ninguna competencia para evaluar, y mucho menos presentar a los fieles como hechos indiscutibles.

La misma encíclica lamenta el “calentamiento global”, el uso excesivo de aire acondicionado, la pérdida de manglares, la supuesta amenaza para el plancton y los gusanos, la extinción de diversas plantas y animales, que se denuncia como una ofensa a Dios, antes de mencionar el aborto (mientras que falla completamente en no mencionar la práctica sumamente anti-natural de la anticoncepción). En cuanto al aborto, la encíclica habla sólo de un fracaso “para proteger un embrión humano”, cuando en realidad el aborto es el asesinato en masa y brutal de seres humanos inocentes, desgarrándolos miembro a miembro en el útero o apuñalándolos con unas tijeras quirúrgicas en el mismo momento del nacimiento.

No es de sorprender que los poderes del mundo hayan aclamado universalmente a Laudato si, como parte de “la revolución de Francisco“, y que los medios de comunicación, incluida la prensa progresiva “católica”, hayan estado alabando la misma a lo largo de su pontificado.

Quinto. Vuestra Santidad ha desestimado constantemente todas las diferencias doctrinales con los protestantes, considerándolas insignificantes, y ha declarado en repetidas ocasiones, muy falsamente, que «todos los bautizados son miembros del mismo Cuerpo de Cristo, su Iglesia». En esto también desestima la enseñanza de Juan Pablo II, Benedicto XVI y todos los papas que los precedieron, incluido Pío XI, que enseñó todo lo contrario en relación con la situación de los protestantes: «Dado que el Cuerpo Místico de Cristo, esto es, su Iglesia, a semejanza de su cuerpo físico, es uno, compacto y unido, sería necedad y absurdo el decir que puede estar compuesto por miembros desunidos y separados: quienquiera, pues, que no esté unido a él no es miembro suyo, ni está unido a la cabeza, que es Cristo».

En este sentido, Vuestra Santidad parece indiferente a la creciente inmoralidad y herejía de las mismas sectas protestantes que participan en interminable y absurdo «diálogo ecuménico» con el Vaticano. Después de cincuenta años de «diálogo», esas sectas toleran el divorcio, la anticoncepción, el aborto, la homosexualidad y el «matrimonio gay», pretenden ordenar «sacerdotes» y «obispos» a mujeres y homosexuales practicantes, y continúan rechazando firmemente dogmas fundamentales de la única religión verdadera revelada por Cristo para la salvación del mundo.

¿Y qué hay de lo de que la verdad que nos hace libres? (Juan 8, 32) ¿Qué sucede con el testimonio de innumerables santos y mártires que gastaron su fortuna y ofrendaron su vida para defender y transmitir la fe católica ante los numerosos errores y la destrucción social generados por la revuelta protestante, cuyas últimas consecuencias se están jugando ante los propios ojos de Vuestra Santidad?

Sexto. Parece que sus declaraciones públicas de estos últimos días se han vuelto cada vez más descuidadas y desordenadas, causando aún más escándalo y aprensión entre los fieles:

El 15 de noviembre, durante su participación en un servicio de oración dominical luterana, Vuestra Santidad afirmó que las enseñanzas de los católicos y los luteranos acerca de Cristo son «las mismas», ya que se trata simplemente de una cuestión de «lenguaje católico» o «lenguaje luterano». Calificó el dogma definido y la realidad ontológica de la transubstanciación como meras «explicaciones e interpretaciones», declarando que «la vida es más que explicaciones e interpretaciones». Como si «la vida» fuera «más» que la presencia real de Dios encarnado en la Sagrada Eucaristía, que los protestantes niegan.

En la misma ocasión, sugirió que si los protestantes pueden recibir la Sagrada Comunión es algo que les corresponde determinar a los teólogos, cuando la Iglesia ya ha determinado infaliblemente que es imposible sin la conversión y la profesión de la misma fe de los católicos. Afirmando que el asunto estaba más allá de su competencia -pero es precisamente competencia del Papa sostener la doctrina de la Iglesia en este sentido-,  dio a entender que un luterano casado con una católica podría recibir la Sagrada Comunión después de «hablar con el Señor», pero que «no se atreve a decir más». Pero ya había dicho demasiado al remitir públicamente un asunto de grave importancia para la salvación a la conciencia privada, propensa a errores personales: «El que come y bebe no haciendo distinción del cuerpo del Señor, come y bebe su propia condenación» (1 Cor. 11,29).

El 21 de noviembre declaró en una conferencia mundial de educadores católicos: «Nunca hagan proselitismo en las escuelas. Educar cristianamente es sacar adelante a los jóvenes con unos valores humanos en toda su realidad, y uno de ellos es la trascendencia». Por el contrario, la educación católica consiste sobre todo en inculcar los valores divinos: el Evangelio y lo que se exige a los católicos, de hecho a todo el mundo, no valores meramente humanos o una «trascendencia» vaga desprovista de su propio fin, que es el Dios que se ha revelado en la persona de Jesucristo, el Verbo Encarnado.

Durante su viaje a África del 25 al 30 de noviembre, opinó que el mundo está «al borde del suicidio» por el «cambio climático». Como ha hecho a lo largo de su pontificado, no abordó el verdadero peligro de suicidio para la civilización de nuestro tiempo, destacado por su gran predecesor el venerable Pío XII: que casi todo el género humano está dejándose arrastrar a dos campos opuestos, o por Cristo o contra Cristo. La especie humana está inmersa hoy en una crisis suprema que resultará en su salvación por Cristo o en su terrible destrucción. A fuerza de dirigir la atención de la Iglesia a una mundana «crisis ecológica», consigue que los fieles pierdan de vista la crisis cristológica que pone en peligro en nuestro tiempo la felicidad eterna de innumerables almas.

Durante la conferencia de prensa en el vuelo de regreso a Roma desde África, denunció una vez más a los católicos «fundamentalistas», burlándose de las convicciones religiosas absolutas de los miembros ortodoxos de su rebaño, basadas en la palabra revelada de Dios y la enseñanza infalible del Magisterio en la fe y la moral:

El fundamentalismo es una enfermedad que se encuentra en todas las religiones… Entre nosotros los católicos tenemos algunos… no algunos, muchos, ¿eh? –que se creen que poseen la verdad absoluta y van por ahí ensuciando a otros con calumnias, con difamaciones, y hacen mal… El fundamentalismo religioso no es religioso, porque no tiene a Dios, y es idólatra, como la idolatría del dinero.

Después de acusar a «muchos» miembros de su propio rebaño de ser idólatras que prescinden de Dios, propuso más tarde una equivalencia moral entre los cristianos y los musulmanes fanáticos que masacran, torturan, violan, esclavizan y obligan a exiliarse a cristianos por todo el mundo: «No se puede acabar con una religión solo porque haya algunos o varios grupos de fundamentalistas en un momento dado de la historia… Piense en cuántas guerras hemos librado los cristianos. No fueron los musulmanes los culpables del Saco de Roma».

Una vez más Vuestra Santidad avergüenza a la Iglesia -y a usted mismo- con un comentario malconsiderado, bastante inadecuado para el Romano Pontífice. El histórico registro requiere rectificación de su absurdo.

Antes que nada, los musulmanes sí saquearon Roma en el 846, saqueando el viejo San Pedro y provocando que el Papa León IV construyera las “murallas leoninas” “para defender la sede de Pedro de una yihad islámica”.

En segundo lugar, si se estaba refiriendo al saqueo de Roma en 1527, a manos del ejército de Carlos V, no tuvo nada que ver con “fundamentalismo” religioso, sino que más bien implicó básicamente represalia política contra Clemente VII, un Papa débil y vacilante, que desafortunadamente había forjado una alianza con el rey de Francia (Francisco I), con quien Carlos estaba en guerra. En efecto, el ejército del emperador incluía mercenarios alemanes, la mayor parte de los cuales eran luteranos, y fueron ellos los principales responsables de la devastación de la santa Sede, y la violencia contra sus habitantes católicos.

En tercer lugar, durante el mismo periodo, por supuesto, los saqueadores musulmanes -que de hecho eran violentos “fundamentalistas”- estaban expandiendo el imperio otomano, a base de la conquista de tierras cristianas, hasta la rotunda y milagrosa derrota de la flota musulmana en la batalla de Lepanto en 1571, que evitó una conquista musulmana de toda Europa y, probablemente, otro saqueo musulmán de Roma.

Provocando incluso más escándalo, en respuesta a una pregunta sobre si la Iglesia debería “cambiar su postura” sobre la inmoralidad de la contracepción, para permitir el uso de condones como un método de limitar nuevas infecciones de VIH, usted se refirió a esta nefasta práctica como “uno de los métodos”, pareciendo legitimarlo de este modo, mientras sugería que presenta un dilema moral para la Iglesia, incluso equiparándolo a la curación de nuestro Señor en el sábado:

La pregunta me parece demasiado pequeña. Me parece también una pregunta parcial. Sí, es uno de los métodos. La moral de la Iglesia se encuentra, pienso, en este punto, frente a una perplejidad. O el quinto o el sexto mandamiento: la vida (con condones) o que la relación sexual esté abierta a la vida. Pero este no es el problema. El problema es más grande.

Esta pregunta me hace pensar en la que le hicieron a Jesús una vez: “Dime, maestro, ¿es lícito curar el sábado?” Es obligatorio curar. Esta pregunta si es lícito curar. La malnutrición, el trabajo esclavo, la explotación, la falta de agua potable… Esos son los problemas.

No hablemos de si se puede usar esta tirita o no para esa herida. El gran problema la injusticia social, la injusticia del    medio ambiente…

Así que parece que usted aceptó que hay lugar para considerar este “método”, aunque usted lo ve como un asunto más bien trivial (una tirita), incluso si facilita la fornicación y una cultura de total depravación sexual. ¡Usted entonces ha subordinado la ley moral a la preocupación por la justicia social y ambiental! Y así, una vez más, la Iglesia se encuentra herida por el escándalo y la confusión, a causa de su costumbre de comentarios a la prensa descuidados y fruto de la casualidad, sobre temas morales de peso y cuestiones teológicas, acerca de las cuales un Papa debería hablar o escribir con la máxima prudencia y reflexión, invocando la asistencia divina.

Finalmente, justo ha aparecido en la web del Vaticano una entrevista de su Santidad al semanal Credere, en la que alude favorablemente (una vez más) a la falsa noción de “misericordia” del cardenal Kasper, y revela que usted pretende dirigir una “revolución de la ternura” -una alusión al título del libro del cardenal Kasper que lo elogia a usted: El Papa Francisco. Revolución de la ternura y el amor-. Usted declara que esta “revolución de la ternura” tendrá lugar durante su Jubileo de la Misericordia, que implicará “tantos gestos”, incluyendo “un gesto diferente” el “viernes de cada mes”.

El motivo señalado para la “revolución de la ternura” es que, según usted, “la Iglesia misma a veces sigue una línea dura, cae en la tentación de seguir una línea dura, en la tentación de poner énfasis sólo las reglas morales, mucha gente es excluida”. Afirmando la sugerencia de su entrevistador que la Iglesia debe “descubrir” a “un Dios que Es conmovido y Quien tiene compasión para el hombre”, usted responde: “El descubrirlo nos llevará a tener una actitud más tolerante, más paciente, más llena de ternura”—como  si a la Iglesia le faltara paciencia y compasión por los pecadores antes de su elección.

¿Qué son estas afirmaciones asombrosas sino una amenaza totalmente sin precedentes, hecha por un Romano Pontífice de poner de lado las “reglas morales”—esto es, la enseñanza constante del infalible Magisterium—en el nombre de una falsa misericordia, evidentemente refiriéndose a los divorciados, a los “vueltos a casar” y a otros quienes usted estima “excluidos” de alguna manera? ¿Cómo debemos tomar a un papa que dice que la Iglesia que Cristo fundó para enseñar infaliblemente sobre la fe y la moral ha “caído” en la tentación de tomar una línea dura sobre la moral? ¿Qué, además de horror, deberían experimentar los fieles cuando un papa dice tales cosas que nunca han sido escuchadas desde la Sede de Pedro en 2,000 años?

Los católicos saben que una verdadera revolución de ternura ocurre en cada alma que pasa por el Bautismo o que, correspondiendo a la gracia del arrepentimiento, entra al confesionario con el firme propósito de hacer enmienda y con un corazón contrito, se libra del peso del pecado, recibe la absolución por un sacerdote ejerciendo in persona Christi, y emerge “blanca como la nieve”, citando a su propio antecesor, hablando del Sacramento de la Confesión. La Iglesia Católica siempre ha sido una fuente inagotable de divina misericordia por medio de sus Sacramentos. ¿Qué es lo que su propuesta “revolución” le puede agregar a lo que Cristo ya ha provisto en Su Iglesia? ¿Puede usted declarar la amnistía al pecado mortal? ¿Puede usted perdonar lo que no es perdonable sin el arrepentimiento y la contrición? ¿Puede usted sobrepasar la misericordia del Mismo Dios?

A diario crece la percepción de que aunque usted es el Vicario de Cristo, usted simplemente no tiene el interés de defender la fe y la moral, las cuales están siendo atacadas como nunca antes, ni tiene intención alguna de llamar a las ovejas extraviadas al redil establecido por Nuestro Señor para su salvación. Por el contrario, parece que usted ha dedicado su papado a un verdadero programa de laxitud doctrinal y disciplinario, cuyo tema es el de denunciar a los católicos ortodoxos regularmente, combinado con las acusaciones de que a la Iglesia le falta misericordia. Al mismo tiempo, usted persigue asuntos sociales y políticos, ámbitos en los cuales  un papa no tiene injerencia ni autoridad alguna, tales como “el cambio climático”, el medio ambiente, y restaurar relaciones diplomáticas entre Cuba y los Estados Unidos.

Después de ser vilipendiado por una tormenta de controversias, una tras otra, ocasionada por vuestras palabras y acciones sin precedente, los fieles se sienten cada vez más como si “el barco de la Iglesia hubiera perdido su brújula.

En suma, Santo Padre, durante los últimos dos años y medio usted ha ganado la alabanza unánime del mundo mientras que ha sumergido al bien común eclesiástico en un estado de confusión y de división. Ha ridiculizado, regañado y condenado a los ortodoxos, mostrado tolerancia sin límites a los heterodoxos y a los desviados sexualmente, y ha buscado subvertir a la disciplina sacramental defendida por el mismo Papa a quien usted declaró como un santo. Acompañado a todas partes por la adulación de los medios y del rugir de las multitudes, usted parece no hacerle caso a la amonestación de Nuestro Señor: “Miseria a ustedes cuando los hombres los bendigan: porque esto mismo hicieron sus padres a los falsos profetas.”

La situación ha alcanzado el punto en donde un oficial superior en jefe del Vaticano, haciendo reflexiones sobre las preocupaciones de los católicos de todos los rangos,  se ha visto obligado  a advertirle a un bien conocido periodista católicoque “este pontificado supone serios riesgos para la integridad de la enseñanza Católica en cuestión de fe y de la moral”.

De acuerdo con el prelado, estamos obligados ante Dios a declarar públicamente, en conciencia, que su pontificado sólo puede ser visto como un claro y presente peligro para la Iglesia, un peligro que parece aumentar con cada día que pasa. Verdaderamente los efectos dañinos de su pontificado están en evidencia por doquier, con los Católicos alrededor del mundo tratando a las enseñanzas de la Iglesia sobre la fe y la moral cada vez con más y más desdén, tomando como su punto de referencia vuestras propias palabras y acciones —jubilosamente proclamadas al mundo por los medios de comunicación— en vez de la enseñanza infalible del Magisterum sobre la fe y la moral durante los últimos 2000 años.

Ahora, en tanto que usted condena la “línea dura” de la Iglesia sobre “las reglas morales” y proclama una “revolución de ternura”, nos vemos encarados ante la inminente amenaza de inauditos “gestos” de “misericordia” que podrían socavar la estructura moral de la Iglesia con un gran daño para las almas, cuya salvación está en riesgo. Entre estos gestos al parecer podría estar una exhortación apostólica post-sinodal autorizando la admisión a la Santa Comunión de los públicamente adúlteros, de acuerdo con el juicio individual de los obispos o conferencias episcopales. Esto significaría nada más y nada menos que el sacrilegio masivo, la práctica destrucción de la unidad de la Iglesia, la abolición de facto de la doctrina sobre el pecado mortal y los requerimientos del estado de gracia para una vida sacramental, el colapso de las enseñanzas morales de la Iglesia, y en última instancia, la rendición de su reclamo a un Magisterium infalible. Se tiene la sensación de un giro casi apocalíptico de los acontecimientos en la historia de la Iglesia.

No nos atrevemos a juzgar sus motivos ni sus intenciones subjetivas con respecto a lo que usted ha dicho y hecho en detrimento a la Iglesia en el transcurso de un papado turbulento, sin parecido a ninguno que la Iglesia haya tenido jamás. Pero no nos podemos quedar silenciosos ante el daño objetivo que la Iglesia ya ha sufrido, ante la alabanza sin fin del “papa de la gente”, o a un futuro daño que ahora parece inminente.

Para recordarnos una vez más de las palabras de su predecesor, un papa debe ejercer su poder para “atarse a sí mismo y a la Iglesia a la obediencia a la Palabra de Dios, ante cualquier intento de adaptarla o diluirla, así como a cualquier tipo de oportunismo“. Cuando un papa no puede o no quiere seguir este fin, cuando de hecho él parece determinado a actuar en contra de ella, ¿no estaría mejor servida la Iglesia si él dejara el puesto, tan augusto, de Vicario de Cristo? Mejor esto que arriesgar un fatal compromiso de la doctrina y disciplina de la Iglesia, subvertiendo 2,000 años de tradición apostólica y eclesiástica e incurriendo, para citar la famosa fórmula del Papa San Pío V, “ la ira de Dios Todo Poderoso y del de los Benditos Apóstoles Pedro y Pablo.

8 de Diciembre de 2015

Fiesta de la Inmaculada Concepción

SI DESEA ADHERIRSE A ESTA PETICIÓN PUEDE HACERLO FIRMANDO EL FORMULARIO EN EL ARTÍCULO ORIGINAL INGLÉS, AL FINAL DEL MISMO ENCONTRARÁ EL FORMULARIO PARA RELLENARLO. EL NOMBRE DEL FIRMANTE NO SE MUESTRA PÚBLICAMENTE.

[Traducción: J.E.F., Enrique Treviño, Cecilia González-Paredes, Rocío Salas, José Antonio Gutiérrez, Tina Scislow. Artículo original]

Conclusiones post-sinodales

25 Oct

tomado de The Wanderer

1. ¿Qué consiguió el Sínodo? Nada. Nada más que aguas de borrajas para todos. Un documento diluido que dice más de lo mismo, sin las definiciones claras que buscaban los obispos católicos y sin las innovaciones que pretendían los progresistas.  
2. ¿Qué consiguió Bergoglio con el Sínodo?En primer lugar, mantener a la Iglesia durante dos años en un estado de permanente estrés, dividida, con agresiones entre sus miembros y con heridas de difícil curación. Consiguió hacer daño con la vieja táctica peronista que conocemos muy bien en Argentina: poner a unos contra otros para que el líder salga ganando y acumule poder. Consiguió también desenmascararse: los progresistas estarán ya anoticiados que es un saltimbanqui incapaz de realizar las reformas que les prometió a cambio de votos. Los católicos de todo el mundo, y no sólo los argentinos, saben ya que es un mono con navaja, peligrosísimo personaje con un enorme poder.  
3. ¿Qué decir del punto 85, que fue aprobado con la diferencia de apenas un voto? “Es por tanto deber de los presbíteros acompañar a las personas en el camino del discernimiento, según las enseñanzas de la Iglesia y las orientaciones del obispo”. Se estudiarán los casos de cada divorciado vuelto a casa y “el coloquio con el sacerdote, en foro interno (en confesión), sirve a la formación de un juicio correcto de lo que obstaculiza la posibilidad de una plena participación en la vida de la Iglesia (del divorciado) y sobre los pasos para favorecerla y hacerla crecer”. Podrán corregirme los que conocen más que yo de teología y de cánones, pero me parece que aquí no hay nada nuevo. Más aún, el discernimiento en el foro interno es doctrina católica, y es de sentido común. El único problema que veo es que tal discernimiento lo hagan con el sacerdote, pues ya todos sabemos que la inmensa mayoría de los sacerdotes de hoy, apenas si saben suficiente teología y moral para recitar el Credo, en el que probablemente no crean. Dudo de la calidad de discernimiento que algunos de ellos podrán proporcionar a los fieles.
4. ¿Hay algo nuevo en este punto? Los periodistas, muy decepcionados como bien puede notarse por ejemplo en el artículo de la Piqué en La Nación de hoy, se agarran de del punto 85 para presentar el sínodo como una “éxito de la línea aperturista del Papa Francisco”. Y es falso. El famoso discernimiento para el caso de los recasados se venía haciendo en el mundo desde hace décadas. Las personas divorciadas de un primer matrimonio y vueltas casar que quería participar en la vida parroquial y acercarse a la comunión, que no son una multitud, hace años que lo hacían. Tal como fue el caso del Motu Proprio que regula los procesos de nulidad matrimonial, se trata, en todo caso, de un blanqueo de situaciones que se daban de hecho. 
5. ¿Qué lección le quedó a Bergoglio del Sínodo? Que los obispos del mundo no son como los borreguiles obispos argentinos a los cuales estaba acostumbrado a mandar. Se ha dado cuenta que Pell, Sarah, Dolan, y muchos otros americanos, canadienses, africanos y europeos del este no son serviles y que ganaron la batalla. Aún teniendo todos los resortes del poder y habiendo hecho todas las trapisondas posibles, lo derrotaron. El punto más peligroso y más buscado por los progresistas era lograr algún ablandamiento acerca de la enseñanza de la Iglesia sobre la homosexualidad, lo que fue rechazado de plano y con dureza:  “En cuanto a los proyectos de equiparación al matrimonio de las uniones entre personas homosexuales, no existe fundamento alguno para asimilar o establecer analogías, ni remotas, entre las uniones homosexuales y el diseño de Dios sobre el matrimonio y la familia” (76).
6. ¿Qué lección le queda a la Iglesia del Sínodo? Que hay un buen grupo de obispos verdaderamente preocupados por conservar el depósito de la fe y dispuestos a luchar si a algún malandra se le ocurre tocarlo. En este sentido, el resultado del Sínodo implica un moderado optimismo para los fieles católicos. Y también ha quedado claro qué es lo que Bergoglio quiere hacer con la Iglesia. Un dato relevante que destaca Westen es que los padres sinodales que proponían las posiciones más escandalosas y reñidas con la fe, eran los que habían sido elegidos personalmente por Bergoglio y no por sus pares obispos. Es el caso de los americanos Cupich y Wuerl. A nadie se le escapa que el Papa les habrá dicho bien clarito qué es lo que quería que dijeran o que, al menos, ellos no dirían nada sin su aprobación. 
7. ¿Qué demostró el Sínodo? Que Bergoglio es el “Papa del mundo” y no el Papa de los católicos, para ponerlo en términos simples. Con esto quiero decir que su prestigio y autoridad los recibe de parte de los poderes del mundo (prensa, gobiernos, farándula, etc.) y no de los obispos o de los fieles católicos, excepto los progresistas. Este dato no le pasará desapercibido y, probablemente, en lo sucesivo acreciente su construcción de poder en esos sectores ajenos a la Iglesia para poder condicionar a la Esposa de Cristo.  
8. ¿Cómo quedó Francisco? Las homilías que descargó durante toda la semana pasada en Santa Marta y el discurso de clausura del Sínodo demuestran que está furioso porque ha sido derrotado, y eso significa quedar debilitado y perder poder. Un “ávido del poder” como Bergoglio, que a la maldad personal le añade las perversas mañas de la Compañía, en estas circunstancias es un personaje de cuidado. Como león herido, va a lastimar a cuantos pueda y va va a cejar en su empeño de “modernizar” a la Iglesia, aunque deberá buscar otro modo de hacerlo.
9. ¿Qué se avizora? Un efecto del Sínodo no querido por la camarilla de Bergoglio, es que polarizó las posiciones y aglutinó a los obispos católicos que se dieron cuenta quién es el que tienen enfrente. Si tuviéramos un cónclave dentro de poco -Dios así lo quiera-, ciertamente sería elegido algún cardenal que representara la línea diametralmente opuesta a la de Francisco. El Sínodo sirvió para medir fuerzas, y está a la vista quiénes ganaron. Por supuesto, el próximo Papa deberá enfrentarse a los ataques más descarnados y crueles de los poderes de este mundo que lo estarán midiendo continuamente con su antecesor, y destrozándolo en la prensa.
10. ¿Cómo queda la figura de Bergoglio? Como la de un gran vendedor de humo: armó un circo en el que él, como payaso en jefe, actúa semanalmente vendiendo la imagen de una Iglesia que se adapta al mundo y reinterpreta el Evangelio a la luz de los tiempos. Los medios de comunicación, como un huracán planetario, se ocupan de esparcir el humo por todos los rincones del orbe. En la realidad, nada, o muy poco realmente cambia, porque las puertas del infierno no prevalecerán. Pero a Bergoglio como al Príncipe de este mundo, no le interesa la Iglesia real; le interesa más bien la iglesia que él construye con humo, que es la que se presenta al mundo, la que confunde, la que engaña, la que fornica con los poderes de las tinieblas.

Texto completo sobre los sorprendentes aportes de Francisco papa al magisterio de la Iglesia.

11 Oct

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El Sentido religioso en el ser humano. Entrevista para el canal El Tiempo.

29 Mar

Felipe Cárdenas Támara
1.    La religión expresa  por lo menos dos dimensiones o  ejes constitutivos de la realidad y de la experiencia humana sobre la realidad. Primero, un eje antropológico, donde el hombre en su más profunda estructura humana, intuye la existencia de realidades internas a su ser, como externas a su ser,  que son percibidas, sentidas y pensadas como superiores o sagradas y que por lo tanto deben ser conocidas, reconocidas, respetadas y conservadas. Eso se define como religión natural, el hombre a lo largo del tiempo ha adorado árboles, animales, montañas, fenómenos naturales visibles e invisibles. La segunda dimensión, se refiere a cómo en su trajinar histórico el ser humano se encuentra con fuerzas divinas (dioses-politeísmo), entidades espirituales (animismo) o Dios (monoteísmo) que salen a su encuentro. La expresión más acabada y elaborada de ésta experiencia esta contenida en las grandes religiones reveladas: judaísmo, cristianismo e islam.
2.    Las grandes religiones son consubstanciales a la presencia del esplendor de la verdad en las grandes civilizaciones. No puedo comprender la grandeza de Europa sin el cristianismo, como tampoco puede comprender el mundo científico árabe sin una referencia al islam. Esas grandes religiones han creado símbolos, ritos y conceptos que tienen la función de recrear y restaurar la experiencia original y el sentido profundo que el mensaje religioso le brinda al creyente y a la comunidad, como a la sociedad.
3.    Con el tiempo, el mensaje religioso se puede tornar opaco. El rito, cumple la función de rememorar y recordar el mensaje original (plasmado en doctrinas y dogmas) que debe ser vivido tanto en lo social, como en lo personal, como experiencia viva de lo divino.
4.    El tema más complejo y delicado que abordan las principales religiones se refiere a la verdad y a la autenticidad de la experiencia religiosa. Las religiones tienen convergencias pero también grandes diferencias entre ellas. Los contenidos y significados religiosos no son los mismos entre las religiones. Sobre el dato de la diversidad religiosa, constatado por la historia y antropología de las religiones, se elabora un rico y fino discurso ontológico y teológico que pretende captar, capturar y buscar de la manera más exacta la verdad, y por ende la religión verdadera.
5.    La esencia de las religiones reveladas se expresa en la experiencia de una presencia divina que me convoca a desarrollar como creyente una auto conciencia reflectiva que me pone en movimiento hacia Dios. El mayor logro de esa orientación de la persona hacia el ser divino lo encontramos en el cristianismo, ya que su mensaje de amor es un mensaje participativo con hondas repercusiones éticas y políticas para la sociedad y la cultura de cualquier momento histórico. El mensaje del evangelio tiene repercusiones socio temporales, con el potencial de cambiar las estructuras de la sociedad, como del individuo o agente social.
6.    Hoy,  nuestra sociedad vive una profunda crisis moral. Las religiones no escapan a ella, pero una auténtica experiencia religiosa, mediada por las verdades conservadas por el pueblo de Jesucristo, se constituye en el Camino, la Verdad y la Vida (cf. Jn 14,6). Un elemento de esa crisis moral hoy, esta reflejado en lo de  Timoteo  decía hace casi dos milenios: « Proclama la Palabra, insiste a tiempo y a destiempo, reprende, amenaza, exhorta con toda paciencia y doctrina. Porque vendrá un tiempo en que los hombres no soportarán la doctrina sana, sino que, arrastrados por sus propias pasiones, se harán con un montón de maestros por el prurito de oír novedades; apartarán sus oídos de la verdad y se volverán a las fábulas. Tú, en cambio, pórtate en todo con prudencia, soporta los sufrimientos, realiza la función de evangelizador, desempeña a la perfección tu ministerio » (2 Tm 4,2-5).

Antropología del ser

15 Jun

Felipe de la Mar y Sierra

A san Isaías el Solitario

1. Si la revelación de Jesús en la historia es una verdad, todo lo demás en nuestras vidas tiene que supeditarse a dicha verdad. La lucha es por asumir en lo personal, en lo social, en lo cultural y en lo político dicha verdad. No serían las verdades de los filósofos sino las verdades de Jesús, y sus implicaciones antropológicas las que tendrían que determinar el curso de la historia humana. Constamos en la historia de nuestra vidas que la pasión, es una constante. Las constantes antropológicas son básicas si queremos, asumir la posibilidad de la comunicación intergeneracional e inter y trans-histórica como dinámica y proceso que nos permita relacionarnos e intercambiar pautas comunicacionales entre los que vivimos, los que se fueron y los que habrán de venir a este mundo. Es decir, el hombre tiene una naturaleza que lo condiciona, como la cultura también lo condiciona. La tarea es poner a dialogar las constantes humanas en el marco de la liberación y de la plena realización de todos los Hombres. El mapa ha sido trazado en las voces del Antiguo Testamento, como en el Nuevo Testamento. La vida de los Santos, el Magisterio de la Iglesia y el testimonio de santos y profetas de otras tradiciones religiosas nos confirman el valor del espíritu tradicional, de la mística, de la santidad, y de la realización de los fines más altos de la existencia de cada hombre y mujer a lo largo de nuestro paso temporal por este planeta. Nuestro ser, nuestro ego, tiene sed de santidad. Todos deseamos la felicidad. Todos tenemos que luchar contra las pasiones personales que se muestran hostiles al logro de la santidad. Tenemos rabia, somos dominados por la envidia. ¿Quién no ha sentido rabia o envidia? Por leve que sea dicha pasión, ella esta presente en la vida de todos los mortales. La pasión de la rabia, nos puede llevar a obtener y desear la pureza del corazón, ya que constatamos nuestra propia debilidad, como constatamos que estamos acompañados de enemigos que por todos los medios se opondrán, tanto a nuestro crecimiento espiritual, como a la realización temporal del Reino de Dios en la Tierra. Yo he odiado. Mucho. Y gracias a la misericordia de Dios, he buscado fortalecerme mediante la plegaria constante. Mi enfermedad es profunda, ya que mi memoria olvida con facilidad, las numerosas bendiciones y gracias que Dios me ha otorgado de manera abundante. No todo puede ser don de Él, la batalla es nuestra, no somos entes pasivos, la santificación tiene que ser activa, consciente, laboriosa, ordenada. Los vicios poco a poco nos dejan; pero podemos reincidir, pues vivimos en un mundo lleno de vicio y no somos ajenos a la maldad. La firmeza de intención. La intención: todo nuestro ser, nuestro ego, nuestro yo soy, en camino de unión al Dios más allá de todos los dioses. Toda nuestra atención en Dios. En lo ordinario, búsqueda penetrante y atenta a la labor realizada con excelencia. Conscientes de nuestra fragilidad.

Estadios contemplativos

25 May

Los Cristianos y el Yoga

5 Sep

Los Cristianos y el Yoga

(Recopilado de un estudio de M. Basilea Schlink)

El Yoga está puesto hoy, en medida creciente, en el centro del interés en nuestros países occidentales. Muchos lo recomiendan como la solución en el desierto espiritual y religioso, que se extiende como consecuencia del racionalismo, materialismo y ateísmo. Pero su origen está en la India y tiene sus raíces en el Hinduismo. Con esto el Yoga no es un concepto uniforme, sino sus apariencias abarcan una paleta policroma de métodos, ejercicios y prácticas de vida, hasta llegar a fines espirituales y religiosos. A este cuadro multicolor corresponde hoy en día en el Occidente, de hombres de todas las edades y capas sociales y por motivos muy diferentes. Sólo en Alemania se estima haya actualmente unos 300.000 practicantes.

Una forma especial entre las distintas escuelas de Yoga constituye la “Meditación Trascendental” que también se llama “Ciencia de la Inteligencia Creadora”. En su origen era una derivación del Mantra-Yoga mágico. Este movimiento recibió su cuño especial por su expansión entre los Occidentales. En años recientes, se calculaba un millón de adeptos occidentales. El fundador y líder Maharishi Yogui, quien hizo viajes a los Estados Unidos de América, Inglaterra y Alemania, presenta un verdadero plan mundial: saliendo de una cantidad determinada de centros, -estimado en uno para cada millón de la población mundial-, se deben difundir la meditación trascendental y la ciencia de la inteligencia creadora, según el sistema de la “Bola de Nieve”, (Esto quiere decir que cada uno que ha sido introducido en la meditación trascendental, tiene la obligación de comunicarla a otros).

El Yoga en sus diversas formas está en el mejor camino para conquistarse literalmente a Europa y, a menudo, también a círculos cristianos. Sin embargo es significativo que, como informantes hindúes lo señalan, en la India sólo le toca hoy un papel de poca importancia. Allá los hombres han reconocido muchas veces, que ellos no consiguen con el Yoga lo que anhelan en su desesperada situación. Los cristianos de la India rechazan por lo tanto en la forma más categórica una combinación del Yoga con el cristianismo. El hecho de que esta doctrina echa raíces en nuestro anteriormente cristiano Occidente, nos dice que propiamente el Occidente en gran parte se encuentra en la apostasía y en la rebelión contra Cristo; y demuestra que esta doctrina en su carácter, es anticristiana.

¿QUE ES EL YOGA?

El Yoga en el sentido del hinduismo es un grupo de métodos que, con la ayuda de la Ascesis, Ejercicios corporales, Respiratorios y de Meditaciones, debería liberar el alma humana de todo lo terreno. Esta liberación aspirada tiene un doble significado: No se piensa solamente en la existencia individual del hombre que practica el Yoga, sino principalmente en el ciclo de las reencarnaciones, también llamadas transmigraciones del alma. El alma no purificada del hombre, según la antigua doctrina hindú, tiene que entrar siempre de nuevo en un seno materno, y nacer de nuevo, obligado por su “Karma”, es decir su acción anterior. Sólo cuando logra purificarse por su propia fuerza, llega a la redención y con ella a la liberación de cualquier reencarnación. La redención significa al mismo tiempo la comprensión de que el alma individual (Atman) en último término es idéntica con el alma mundial (Brahman). Por tanto la base del Yoga indio es la concepción que cada alma, por su naturaleza y sustancia, está unida en lo más profundo, con lo divino. Aquí está la tentación secreta del Yoga: Enseña la deificación del hombre. El hombre, para él, no es la imagen de Dios, dañada por el pecado original,sino Dios mismo.

Las diferentes escuelas del Yoga se distinguen entre sí sobre todo por la elección de los ejercicios. El Hata Yoga da mucha importancia a las técnicas puramente corporales, por ejemplo a la purificación del canal intestinal del estómago, a ciertas posiciones (Asanas) y a la técnica respiratoria (Pranayama). Con la última se trata principalmente de hacer la respiración arbitrariamente más lenta. Esto lleva, según la experiencia, a un retardo de los pensamientos y a un vacío artificial de la conciencia.

Otras escuelas prefieren técnicas más meditativas, por ejemplo el Mantra Yoga, que trabaja con repeticiones de mantras en alta o baja voz o en silencio. Estos mantras son fórmulas mágicas que muchas veces no tienen significado lingüístico o gramatical, por ejemplo el Mantra OM. Deben expresar inmediatamente fuerzas originales divinas o cósmicas, por ejemplo, los dioses Vishnu, Shiva o el alma mundial Brahman mismo. Por la repetición incesante de las fórmulas los hindúes creen identificarse con los poderes que ellas representan. El hombre con esto no se acerca más humildemente a su Creador, sino que trata por medio del mantra de realizar su identidad escondida con Dios, y esto con una divinidad pagana.

La mayoría de las escuelas del Yoga en el Occidente están hoy bajo la influencia del Hata Yoga. Los ejercicios enseñados allá deberían fortalecer sobre todo el cuerpo, mantener elásticas las articulaciones, purificar los órganos, tranquilizar los nervios y con ello ayudar al hombre a llevar una vida armónica, para que salga tanto mejor de la lucha moderna por la existencia. Muchas veces se empiezan tales cursos de Yoga ya con niños. De la liberación del alma del círculo de las reencarnaciones se habla raras veces en las escuelas occidentales del Yoga, tanto más del éxito en el mundo. Este cambio del Yoga en el Occidente tiene como consecuencia, que equivocadamente se le toma por una especie de deporte o de gimnástica. El principiante siente también a veces al comienzo algunos efectos de relajación, puede aguantar más fácilmente situaciones extremas de “estrés”. Estas experiencias iniciales con el Yoga occidental, que muchas veces son solamente aparentes, seducen a mucha gente a ligarse más estrechamente al Yoga y a penetrar más profundamente en su doctrina. Con esto se atrae a muchos que luego caen en la trampa.

Pero hay algo sumamente importante: estos ejercicios corporales, son relativamente inseparables de otros aspectos espirituales. Necesariamente también inserta el espíritu del hombre. Como propios iniciadores están detrás de los cursillos Yoguis, formados en el Yoga del hinduismo indio, que tienen un plan preconcebido de conducir a los discípulos al Yoga indio. Por ello no puede ser de otra manera, que el camino inmediato de los ejercicios físicos, respiratorios y de relajamiento, lleve a otros ejercicios del conocimiento de sí mismo y de la técnica del dominio del espíritu y del alma. Esto se hace por una especie de ascesis y técnica de salvación que al final lleva a la religión hindú pagana.

Con esto tenemos la respuesta a la pregunta puesta muchas veces, de que no se puede separar el método del Yoga del hinduismo. Lo que se practica aquí en países del Occidente no es sólo una gimnástica favorable a la salud. Quien piensa esto es víctima de un engaño. Porque los ejercicios del Yoga no se pueden separar, en último término, y como muchas veces se ha afirmado, de conceptos especiales del hinduismo, del mundo espiritual oculto que está detrás de él. Esto dicen hasta promotores del Yoga muy abiertamente.

El Hata Yoga, aparentemente inocuo y no religioso, en el cual se trata de hacer consciente al hombre de sus fuerzas físicas, es, con sus ejercicios físicos que se enseñan en cursos de gimnástica, la preparación para “el camino real” del Raya Yoga. Ciertos aspectos del pensamiento hindú tienen que aceptarse también en el Hata Yoga. Los ejercicios aparentemente gimnásticos están orientados espiritualmente,tienen efectos espirituales. Esto se hace evidente por sus nombres tales como “Sede del perfecto”, o “La posición heroica”, la “Sede del loto”, etc. Con el Hata Yoga no sólo se activan ciertas partes del cuerpo y de los miembros, sino también se causan efectos sobre órganos internos y glándulas, y, del otro lado, sobre ciertos centros de nervios.

¿Cuáles son los objetos finales internos del Yoga? Si bien las diferentes escuelas del Yoga tienen sus doctrinas especiales, se trata en el Yoga “clásico” en primer lugar de descubrir “a sí mismo”, lo esencialmente puro y divino en el hombre, por lo tanto, a Dios en el hombre. Según la fundamental doctrina del Yoga se afirma que la naturaleza –especialmente la naturaleza humana- en el fondo es buena y valiosa. Todos los Yoguis creen en sí mismos como un Dios o parte de la divinidad. Por eso los “Gurúes”, que son los líderes, que propagan esta doctrina, tiene una influencia tan inmensa, como también lo vemos hoy en el mundo occidental, porque ellos son tomados como divinidades personificadas y sacan provecho de esta su autoridad. Entonces el hombre puede postrarse, incluso, delante de un joven de 17 años.

¿Por qué camino ahora, mediante el Yoga, se quiere encontrar a Dios en sí mismo, el “yo” originario, lo divino en el hombre? ¿Y liberarlo, ya que, para decirlo así, solamente está cautivo? El camino es el vaciarse enteramente a sí mismo, para lo que ayudan también otros ejercicios corporales, para abrirse así a las “fuerzas del universo”. Entonces el hombre podrá unirse con las fuentes de la fuerza que están en todas partes del universo, por ejemplo, en el aire, en el agua y en la alimentación. Así el hombre mismo debe hacerse Dios, esto quiere decir, debe “elevarse” a su estado original, sin mancha inocente, y llegar a ser un “superhombre”. Con ello alcanzará, así se mantiene, el fin aspirado: Felicidad, una total armonía, el estado de conciencia más alto que lleva al ser divino.

Yoga es, por lo tanto, según su esencia, ¡La redención de sí mismo! Pero al tratar de liberar el alma individual de su presunta cautividad y al cultivarla como algo aparentemente bueno, enaltece en verdad el “Ego” pecaminoso y, con ello, el egoísmo. Así, en efecto, el discípulo del Yoga siempre se ocupa de sí mismo. Él gira como en un círculo siempre alrededor de sí mismo como el centro, y se vuelve siempre más incapacitado para la comunidad. Por eso esta presunta redención de sí mismo es un error. Y si esto debe efectuarse por las fuerzas que entran del universo en el hombre, es de importancia decisiva: No existen fuerzas neutrales, como muchos que se adhieren despreocupados al Yoga, opinan. Detrás de cada fuerza que entra, hay más bien una personalidad espiritual, una divinidad. Pero la cuestión es: ¿Cuál? Jesús afirma ser el Hijo de Dios que viene de arriba. Pero también existe el adversario de Dios, un poderoso Anti-Dios que es de abajo, que también invade con sus fuerzas al hombre y puede darle capacidades determinadas.

(Juan 8: 23)= Y les dijo: Vosotros sois de abajo, yo soy de arriba; vosotros sois de este mundo, yo no soy de este mundo.

¿De dónde entran, entonces, las fuerzas en el Yoga hindú, en los discípulos de esta doctrina? ¿Y con quien se unen al haber conseguido el fin de los ejercicios del Yoga, al haber llegado a ser un Semi-Dios, un Superhombre? Como hemos dicho ya: en el Yoga ser reciben en último término las fuerzas del alma mundial hindú, del Brahman. Esto no puede ser de otra manera, porque los Yoguis viven en la tradición hindú. Ellos creen por una parte en sí mismos como dioses, pero por otra parte todavía tienen diferentes divinidades personales como Krishna, Shiva. Con estos dioses deben ponerse en comunicación los discípulos del Yoga; se les lleva por la fuerza a aceptarlos. Pero esto significa que se trata de una comunicación con lo demoníaco, porque el apóstol Pablo dice con miras a los sacrificios a los ídolos “los gentiles…sacrifican a los demonios y no a Dios”.

(1 Corintios 10: 20)= Antes digo que lo que los gentiles sacrifican, a los demonios lo sacrifican, y no a Dios; y no quiero que vosotros os hagáis partícipes con los demonios.

Quien practica intensamente el Yoga, caerá irremediablemente bajo la influencia de Satanás, por este fondo tenebroso que lleva el Yoga en sí, aunque sea muchas veces imperceptiblemente. Por la influencia de fuerzas del universo (Que no son otra cosa sino las fuerzas de dioses paganos) el hombre se expone al peligro de caer bajo el poder de abajo, aún si cree practicar “Yoga cristiano”. Y al final, el discípulo del Yoga pasa del reino del reino de Jesús, reino de la luz, al reino de las tinieblas, lo que uno nota de ordinario cuando ya es demasiado tarde. Pero este paso del reino de Dios al reino del demonio, tan decisivo para la eternidad, se realiza según las fuentes espirituales del Yoga.

Que en el Yoga se trata de veras de fuerzas mágicas demuestra ya la práctica del mantra, como ya se ha dicho. Precisamente la meditación trascendental del Maharishi Mahesh Yogui ampliamente difundida, trabaja principalmente con estas “Mantras”. De hecho Maharishi dice a sus adeptos, que sus mantras son de origen hindú, pero no les dice nada acerca de su poder, esto es, sobre las divinidades hindúes identificados en estas fuerzas. En los escritos de sus discípulos en cambio, se mantiene que se trata sólo de “oscilaciones físicas”. Mas tales explicaciones deben encubrir la realidad. Así se cambia el significado de una técnica mágica religiosa, de origen pagana, en una “ciencia de la inteligencia creadora”. El novato no se fija, que la aceptación en esta comunidad es equivalente a una adhesión a la tradición hindú.

El indólogo Ernst Gogler que vive en Basilea, Suiza, escribió alguna vez en el “Kirchenbote” las siguientes observaciones sobre las Mantras: “El encubrimiento de las Mantas delante del público y la ocultación de los poderes que hay detrás de ellas delante de los neófitos, confirman que no se pueden comparar las mantras con una oración o una meditación en el sentido bíblico. Mantas son sílabas mágicas o fórmulas del ocultismo. Ellas se parecen más que nada al “Abraxas” gnóstico o al diagrama Sator-Arepo que se ha mantenido hasta en el “sexto y séptimo libro de Mosis”.

Se hace evidente que las prácticas del Yoga desde sus orígenes tienen que ver en la antigua India con magia y fuerzas ocultas, cuando se sabe que los manuales tradicionales del Yoga prometen a sus adeptos fuerzas sobrenaturales (Siddis) como fenómenos acompañantes del progreso en el camino. Mircea Eliade, el gran conocedor del Yoga, escribe: “Un Yogui en la India ha tenido siempre la fama de ser un Mahasidha, es decir, un poseedor de fuerzas ocultas, un mago. Detrás de esta capacidad están: la fuerza de alcanzar cualquier objeto de cualquier distancia, la voluntad irresistible, dominio sobre los elementos y el cumplimiento de los deseos.” Con estas capacidades los Yoguis hacen los así llamados “milagros”. Así la prensa publicó que en Colonia, un Yogui corrió con los pies desnudos sobre brasas de una temperatura de 1.000 grados C. Y que sus discípulos le siguieron, sin que en sus pies se hubieran notado quemaduras, o que el Yogui hizo parar su corazón durante ocho segundos.

Pero si son los poderes ocultos, a los cuales en el fondo los adeptos del Yoga se abren, jamás pueden traer solución, liberación y armonía, como falsamente prometen en esta doctrina. Satanás es el destructor de toda felicidad, de toda alegría y armonía, de todo lo bueno, y él está detrás de todos los ídolos y dioses y también detrás de las doctrinas secretas hindúes. Con ello quiere que el hombre, con su pecado, caiga bajo su poder para perderlo. Por lo tanto los cristianos creyentes sólo podrán con Jesús luchar contra todo lo oculto y demoníaco, que también a través de esta doctrina del Yoga se acerca a nosotros. Porque Jesucristo ha venido para destruir las obras del demonio y de las tinieblas, tal cual se lo lee en 1 Juan 3:8. Él es el Señor y Vencedor de Satanás y de todos los demonios, de todos los poderes y principados de los espíritus que hay bajo el cielo.

Por tanto, es evidente que no puede existir un “Yoga cristiano”. Y es desconcertante que en los países occidentales muchos usan el método del Yoga bajo vestimentas cristianas: por ejemplo: ponen en lugar de las Mantras, en los ejercicios, palabras cristianas y oraciones como el Padrenuestro y otras. Hasta teólogos hay, que favorecen estos ejercicios y grupos cristianos invitan a tales prácticas, diciendo que esto sería el camino para renovar una vida de oración cansada; que el Yoga sería un camino “neutral” utilizable para fines cristianos. Pero queda bien claro: el punto de partida, el camino y el fin del Yoga y la fe cristiana no solamente se excluyen, sino que el Cristo vivo, con su llamada a seguirle y su meta, y toda palabra de Dios son contrarios a la doctrina, al camino y a la finalidad del Yoga, que en realidad tiene que ver con ocultismo.

Si bien el principal peligro que amenaza, procede de este origen satánico, la misma doctrina de la autoredención está en completa oposición con nuestra fe cristiana. Nosotros, hombres pecadores, jamás tendremos el poder de redimirnos a través de ejercicios físicos y espirituales, por los cuales pensáramos de poder elevarnos siempre más arriba hasta llegar a ser un hombre-Dios. Cada uno que vive de la verdad sabe que dentro de sí mismo no está cautivo su buen yo-original, sino que uno es esclavo de sus pecados y con eso de Satanás, y de esta esclavitud debe ser liberado. El cristiano jamás deseará descubrir su “yo divino” para lograr de esta manera la redención; porque ya ha reconocido su propio ser como malo. Sabe de la realidad del pecado y de la culpa y tiene necesidad de su redentor Jesucristo.

Por eso Jesús se hizo hombre y murió por nosotros en la cruz para redimirnos a nosotros del yo caído, sede de todo el mal, del egoísmo, de la soberbia y de toda concupiscencia. Por su sangre derramada y su acción redentora según la palabra “Todo está cumplido” son vencidos el pecado y Satanás. Cuando esta fe, nuestro hombre viejo es dado a la muerte en Cristo, surge el hombre nuevo, el yo redimido. Sólo Jesús, el Hijo de Dios, tiene el poder de crearlo en nosotros. Para un verdadero cristiano Jesús es el gran Tú de su vida. Con Él vive, a Él sigue hasta la meta para estar con Él en Su reino para siempre.

Quien verdaderamente ama a Jesús, el Cordero de Dios, como a su Redentor y tiene una relación personal con Él, no puede tomar parte en ejercicios detrás de los cuales están místicas doctrinas secretas y fórmulas mágicas. Jamás se volverá a fuerzas desconocidas del universo y a divinidades extrañas por medio de ejercicios del Yoga, para aprender el arte de vaciar el mundo de sus pensamientos. Sus pensamientos ya están dirigidos a Jesucristo y se ocupan de Él y de la palabra de Dios en el silencio. No tiene necesidad de practicar en el yoga la exclusión de todas las funciones del alma, porque al contrario, su alma quiere ser viva y amar a Jesús y con Él a los hombres y a todo lo creado por Dios, pero siempre amando a Jesús sobre todas las cosas.

Y quien piensa que tiene que liberar lo divino aprisionado dentro de sí abriendo su alma a todas las fuerzas que vienen de abajo, justamente de esta manera llegará a ser prisionero del pecado. He aquí el por qué un cristiano que obra de tal modo tiene que atribuirse a sí mismo la culpa, si llega a caer, bajo la influencia de tales poderes. En lo referente al Yoga, un cristiano, hoy, puede escoger sólo entre Cristo y Belial, porque la posibilidad de combinar el Yoga con la fe cristiana, no existe. Lo mismo vale también para el Zen, la doctrina correspondiente japonesa, que proviene del budismo y también se difunde mucho en el occidente. Una tal mezcla es un sincretismo. La Sagrada Escritura muestra en innumerables ejemplos en los cuales Dios ha castigado severamente al pueblo del Antiguo Testamento, cuando este había querido unir al Dios vivo con los ídolos, es decir, con los demonios de otras religiones. Porque esto era sobre todo su pecado, no una pura idolatría.

No se puede de ninguna manera disculparlo citando a favor del Yoga, por ejemplo, este argumento: un Dios justo no puede excluir de la salvación eterna a un budista, un hindú o un miembro de otras religiones que buscan con sinceridad su salvación, y por lo tanto se puede caminar también este “otro camino”. El error de este argumento es el siguiente: es verdad que la gracia de Dios no tiene límites, pero hay una diferencia capital entre los que han recibido la Revelación del Hijo de Dios, Jesucristo, y aquellos que no la han escuchado todavía. Para nosotros, los cristianos, vale esto: “En ningún otro nombre hay salvación y ningún otro nombre debajo del cielo ha sido dado a los hombres, por el cual podemos ser salvos, fuera del nombre de Jesús” Por lo tanto: Yoga es para nosotros, los cristianos, un camino de apostasía que conduce a la perdición; para los paganos puede ser, quizás, al comienzo un camino falso, que el Señor aún puede conducir a la senda verdadera del conocimiento de Jesús.

Por eso Dios nos llama a nosotros, su Pueblo del Nuevo Testamento, que ha sido redimido con el sacrificio de Jesús, con la preciosísima sangre del Cordero, con mayor insistencia que al pueblo de la Antigua Alianza: “¿Hasta cuando andáis vacilantes de un lado a otro?” Y el “¡Ay de vosotros!” nos cae encima, cuando pensamos poder al lado de Jesús correr detrás de dioses y otros ídolos paganos, que la doctrina de los Yoguis y Gurúes nos presenta. Porque nuestra redención ha sido comprada a alto precio.

En fin, el Yoga no es solamente un asunto personal de vida religiosa del individuo, sino, como ha dicho arriba el Yogui Maharishi Mahesh, que presenta un plan de dimensión mundial y quiere ofrecer al mundo la salvación y la felicidad. La práctica del Yoga hoy muestra ya los signos de esta doctrina que desembocará en una iglesia mundial unitaria, separada de Dios, que actualmente se busca de realizar. Desde ahora ya se ven las primeras señales de esta pretendida hermandad mundial, religión mundial de la iglesia anticristiana unitaria, en la cual se unen todas las religiones para crear la nueva ciudadanía mundial.

Jesús, en vista de estas grandes seducciones de hoy, inicio del fin de los tiempos, llama: “¡Venid a mí! ¡Yo soy el Camino, la Verdad y la Vida! Quien cree en mí tiene Vida Eterna! Si sólo en Él nos será dada la verdadera salvación y la redención del pecado que es nuestra desgracia y perdición. Un día nos esperará Jesús en la gloria celestial, cuando nosotros seremos transfigurados de veras en Él, en su imagen. En aquel día nos invita a habitar eternamente en su Reino. Porque Jesús sólo tiene el único plan mundial válido. En Su plan de salvación está incluida no solamente la perfección del individuo, sino también la renovación del mundo creado por Él y redimido con Su sacrificio, y que, mediante el juicio y la gracia, conducirá a la nueva creación. Pero cada cual que abandona a Jesucristo, y se cambia a otra redención que viene de abajo, es decir del “pozo perforado” del Yoga, encontrará la perdición. Sí, “Todos los que te abandonan quedarán confundidos … porque han abandonado la fuente de agua viva, el Señor.