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SOBRE LA VISIBILIDAD DE LA IGLESIA

19 Jan

Muy claro; de los documentos más claros que ha escrito. De asumir las verdades contenidas en el texto, las implicaciones serán devastadoras para la Iglesia conciliar. El problema es que el demonio nos tiene durmiendo.

Para aquellos que tanto enarbolan la visibilidad de la Iglesia pretendiendo desvirtuar todo sedevacantismo, (sin distinción) negando su posibilidad, no se percatan que la misma visibilidad, e incluso la indefectibilidad de la Iglesia se tornan en contra de lo que vana y absurdamente pretenden probar a fuerza de dogmatizar prejuicios que provienen de su escaso y miope bagaje teológico.

Es más, el hecho de la Sede Vacante, lejos de contravenir la visibilidad del primado, de la Cátedra de Pedro y de la Iglesia, lo reafirma, si bien se mira, señalándolo, indicándolo.

Por esto, vuelvo a desempolvar lo que ya estaba dicho en un escrito de hace más de veinte años la Consideración Teológica sobre la Sede Vacante, y añadir los textos (para mi desconocidos en aquel entonces) de Mons. Lefebvre sobre la visibilidad de la Iglesia que no tiene (ni puede tener) la Nueva Iglesia Conciliar o Post- Conciliar.

Visibilidad de la Iglesia con un Papa Hereje Cismático y/o Apóstata

Otra de las cuestiones que se presentan ante la eventualidad de un Papa hereje cismático y/o apóstata, es la cuestión de la visibilidad de la Iglesia. ¿Qué pasa con la Iglesia que debe ser visible con un Papa hereje? La visibilidad de la Iglesia es un dogma de fe.

Pues bien, es la misma visibilidad de la Iglesia la que exige la profesión pública de la fe: «Lo que constituye la visibilidad de la Iglesia es su organización exterior, tanto más que es de derecho divino, organización manifiesta a todas las miradas y a la cual todos los fieles deben pertenecer por el vínculo visible de la misma fe obligatoria, exteriormente profesada, por el vínculo de la obediencia frente a una autoridad común visible y por el vínculo de una misma comunión en la participación a los Sacramentos establecidos por Jesucristo.» (D.T.C. Église, col. 2144). Luego es evidente que la visibilidad de la Iglesia exige en primer lugar la profesión pública de la fe católica, pues: «la Iglesia es la sociedad de los fieles unidos por la profesión integral de la misma fe católica, por la participación a los Sacramentos y por la sumisión a la misma autoridad sobrenatural emanando de Jesucristo, principalmente a la autoridad del Pontífice Romano Vicario de Cristo». (D.T.C. Église, col. 2109-2110).

«El Cardenal Torquemada (+ 1468) define la Iglesia como la sociedad de los católicos o la universalidad de los fieles, que sean predestinados o no, que estén o no en la caridad, por vista que ellos profesen la fe católica integral y que no sean separados de la Iglesia por la justa sentencia de sus pastores». (D.T.C. Église, col.2141).

Vemos que la profesión pública e integral de la fe es el primer requisito para pertenecer a la Iglesia visible, sin profesión pública e integral de la fe no hay visibilidad de nuestra pertenencia a la Iglesia. La visibilidad de la Iglesia pasa primera y fundamentalmente por la profesión integral y pública de la fe católica apostólica y romana.

La distinción teológica entre cuerpo y alma de la Iglesia, comprende los elementos visibles e invisibles de la misma, de tal modo que la pertenencia al cuerpo de la Iglesia es lo que constituye su visibilidad o sea que hablar de visibilidad de la Iglesia, es considerar el cuerpo de la Iglesia, es referirse a la visibilidad de la misma: «el cuerpo de la Iglesia comprende el elemento visible o la sociedad visible, a la cual se pertenece por la profesión exterior de la fe católica, por la participación a los Sacramentos y por la sumisión a los legítimos pastores, y el alma comprende el elemento invisible o la sociedad invisible, a la cual se pertenece por el hecho que se posean los dones interiores de la gracia». (D.T.C. Église, col. 2154).

Quede claro entonces que para pertenecer al cuerpo de la Iglesia se requiere la profesión de la fe, en primer término, pues San Roberto Belarmino «señala tres condiciones indispensables para pertenecer al cuerpo de la Iglesia o a la Iglesia visible que es la única verdadera Iglesia. La primera condición (es lo que aquí más nos interesa) la profesión de la verdadera fe, siempre requerida por la Tradición constante y universal de la Iglesia que ha considerado sin cesar los herejes como no pertenecientes a la Iglesia según los textos anteriormente citados y de los cuales muchos están aquí indicados por San Roberto Belarmino ». (D.T.C. Église, col. 2160).

Quien no es miembro del cuerpo de la Iglesia, no puede ser su Cabeza, y si no se profesa la fe, primer requisito de todo miembro del cuerpo de la Iglesia ¿cómo puede ser Papa, es decir su Cabeza?, oigamos al mismo San Roberto Belarmino (citado por Da Silveira, op. cit. p.172). «El Papa hereje manifiesto, deja por sí mismo de ser Papa y Cabeza, del mismo modo que deja por sí mismo de ser cristiano y miembro del cuerpo de la Iglesia; y por eso puede ser juzgado y punido por la Iglesia. Esta es la sentencia de todos los antiguos Padres, que enseñan que los herejes manifiestos pierden inmediatamente toda jurisdicción, y concretamente de San Cipriano (Lib. 4, Espist. 2) el cual así se refiere a Novaciano, que fue Papa (antipapa) en el cisma que hubo durante el Pontificado de San Cornelio».

Notemos que al decir San Roberto Belarmino que pierde toda jurisdicción no quiere decir que excluya una sustentación por parte de Nuestro Señor Jesucristo en el caso del Papa hereje. Tal como hoy podría ser. Se refiere sí a la pérdida por derecho de la jurisdicción perdiendo el Pontificado, sin que excluya la sustentación de hecho puramente actual y (no habitual) según el bien común de la Iglesia y la salvación de las almas.

Sin la profesión de fe pública e integral no hay pertenencia a la Iglesia, no se es miembro del cuerpo de la Iglesia, pues la visibilidad de la Iglesia así lo exige. Un Papa que no profesa la fe católica está fallando en el primer vínculo visible de la unidad de fe, está fallando en la unidad visible de la fe por la carencia en la profesión exterior de la misma. Sin la unidad de fe visible por la profesión pública e íntegra de la fe, ¿cómo se puede considerar miembro del cuerpo visible de la Iglesia a quien falla en la profesión de la fe? Sin profesión pública de la fe integral no hay el vínculo visible que permita afirmar que se pertenece al cuerpo de la Iglesia, esto es claro como el agua. Y quien no es miembro del cuerpo visible de la Iglesia, ¿cómo puede ser su cabeza? O se profesa la fe públicamente o no se es miembro del cuerpo de la Iglesia.

Como dice Melchor Cano (citado por Da Silveira) «no se puede ni siquiera concebir que alguien sea cabeza y Papa, sin ser miembro y parte». (Op. Cit. p.173). Y ¿cómo se puede ser miembro y parte de la Iglesia visible sin la profesión pública e íntegra de la fe católica apostólica y romana?

La profesión de fe es un vínculo necesario para pertenecer al cuerpo de la Iglesia, San Roberto Belarmino, así también lo confirma al referirse al hereje en un texto que trae Da Silveira: « (…) el hereje manifiesto no es de modo alguno miembro de la Iglesia, es decir, ni espiritualmente ni corporalmente, lo que significa que no lo es ni por unión interna ni por unión externa. Porque inclusive los malos católicos están unidos y son miembros espiritualmente por la fe y corporalmente por la confesión de la fe (…)». (Op. Cit. p.173). Es evidente que la profesión (confesión) de la fe es necesaria para pertenecer corporalmente a la Iglesia, o sea para ser miembro del cuerpo de la Iglesia visible.

Luego un Papa que no profesa la fe católica íntegramente no puede ser miembro del cuerpo de la Iglesia y si no puede ser corporalmente miembro, mucho menos puede ser su cabeza. Esto es hasta de una evidencia física. El que no lo vea, es porque no lo quiere ver, y no hay peor ciego que el que no quiere ver. Pero al pan pan y al vino vino, le seguiremos diciendo nosotros.

La cuestión de la visibilidad de la Iglesia está directa e íntimamente relacionada con la pertenencia a la Iglesia como miembro. Pertenencia visible o pertenencia al cuerpo de la Iglesia que se funda primera y principalmente en la profesión pública de la fe católica integralmente.

Luego es la misma visibilidad de la Iglesia la que no admite al Papa hereje, pues lo rechaza y repele como a un miembro muerto y putrefacto, lo mismo para el cismático y/o el apóstata.

Recordemos además que la visibilidad de la Iglesia se basa en aquello que es de constitución divina, es decir en el Papado, en la jerarquía, más que en las personas privadas que ocupan tales cargos públicos. La visibilidad de la Iglesia dada por su jerarquía divinamente instituida se refiere a los cargos (o investiduras) como es el Papado, el Episcopado etc… Es la persona pública, el cargo u oficio público divinamente instituido y no la persona privada que lo ocupa, ejerce, y desempeña. La visibilidad de la Iglesia no se pierde porque la Sede está Vacante lo cual sucede siempre que los Papas mueren. La misma Sede Vacante muestra la visibilidad de la Iglesia en cuanto al Papado hasta que sea ocupada la Santa Sede por un legítimo sucesor de San Pedro. Las instituciones divinas no se destruyen por la falencia de los hombres, por eso la Iglesia es divina a pesar de los hombres.

Por cuerpo de la Iglesia se entiende, (dice Hugon) la obligación de pertenecer a este organismo por el carácter bautismal y por los vínculos visibles de una triple unidad: de fe, de culto, de gobierno. (Hors de l’Eglise Point de Salut, p. XVIII).

El cuerpo visible de la Iglesia exige un triple vínculo, tres vínculos que son visibles, y el primero de estos tres vínculos visibles es el de la profesión exterior de la fe católica. El vínculo de la fe, no es sólo la fe interior, no basta para ser un vínculo visible que exige por lo mismo la visibilidad de esa fe, la cual se manifiesta por su profesión exterior.

En este sentido afirma Hugon: «La unidad, causa de vida, signo de verdad, es visible y tangible, porque implica la profesión exterior de los mismos artículos por todo el mundo, y que requiere un magisterio público y auténtico al cual todos están obligados a someterse. Sin esta autoridad soberana e infalible, las controversias serían interminables como lo son en el protestantismo». (Ibídem, p. 246).

Precisamente este Magisterio infalible que dirime las controversias y define los Dogmas es el que actualmente es negado por los modernistas, sean en las apariencias progresistas o conservadores, como el Cardenal Ratzinger Prefecto de la Congregación para la Fe (que vela por la fe) sobre quien Mons. Lefebvre lo dijo poco antes de morir haciendo alusión a la revista Sí Sí, No No (Ed. Italiana del 15 de Enero 1991): «Os invito a leer el denso artículo de fondo de «Sí Sí No No» que ha aparecido hoy sobre el Cardenal Ratzinger. ¡Es aterrador! El autor del artículo no sé quién es, pues ponen siempre seudónimos, y no se sabe entonces quien es. Pero en fin, el artículo está muy bien documentado y concluye que el Cardenal es hereje. El Cardenal Ratzinger es hereje. No solamente, se enfrenta a los decretos y declaraciones dogmáticas según él ha afirmado. Se puede incluso discutir, si es infalible, si no es infalible: «Quanta Cura», «Pascendi Dominici Gregis», el Decreto «Lamentabili» etc.., se puede discutir. No es esto lo que es grave en el cardenal Ratzinger, sino que pone en duda la realidad misma del Magisterio de la Iglesia. Pone en duda que hay un Magisterio que sea permanente y definitivo en la Iglesia. Esto no es posible. Se acomete contra la raíz misma de la enseñanza de la Iglesia. Ya no hay una verdad permanente en la Iglesia, verdades de fe, Dogmas en consecuencia. No hay más Dogmas en la Iglesia ¡Esto es radical! Evidentemente es herético, está claro. Es horrible, pero es así». (Última conferencia espiritual de Mons. Lefebvre en Ecône, 8 y 9 de Febrero 1991).

Si esto dijo Mons. Lefebvre poco antes de morir en su última conferencia espiritual a los seminaristas de Ecône, la herejía no se puede negar, existe en las personas más encumbradas en la Iglesia y en Roma mismo. El Cardenal Ratzinger es el brazo derecho de Juan Pablo II en las cuestiones teológicas y piensan igual, de eso no cabe duda, tal para cual, la conclusión se impone, pero de esto hablaremos más adelante. Queda asentado por todo lo expuesto que sin la profesión de la fe no se puede pertenecer al cuerpo de la Iglesia visible. Un Papa que no profesa la fe ¿cómo va a transmitirla?, es imposible por esto Mons. Lefebvre dijo refiriéndose al Papa, en aquel entonces Pablo VI: «Y como sucesor de Pedro debe transmitir la fe de sus predecesores. En la medida que no nos transmita la fe de sus predecesores, ya no es el sucesor de Pedro. Entonces se volvería una persona que se separa de su cargo, que reniega de su cargo, que no se dedica a su cargo. No puedo hacer nada, no es mi culpa». (La Condamnation… p. 262).

Así pues, el argumento de la visibilidad de la Iglesia, se torna en contra de aquellos que lo invocan para negar la posibilidad de la hipótesis de la Sede Vacante, y de hecho refutar la Conclusión Teológica sobre la misma.

El argumento de la visibilidad, les cae como rocío sobre el rostro, como aquel que para defenderse, escupe para arriba.

La visibilidad de la Iglesia, no puede ser jamás la de una jerarquía que pontifica en el error, dado que la indefectibilidad de la Iglesia, estaría evidenciando dicho error; ya no se diga cuando ese error está en flagrante ruptura con la Tradición, lo cual evidencia una escisión o cisma, conculcando incluso el dogma, lo cual es una herejía; o se llega además a subvertir la fe, proponiendo otra, lo cual sería ya una flagrante apostasía.

Por esto, Monseñor Lefebvre pudo decir y dijo acerca de la visibilidad de la Iglesia, con respecto a la Nueva Iglesia Conciliar (o Post- Conciliar) :

“Pero este último tiempo se nos ha dicho que era necesario que la Tradición entrase en le Iglesia visible. Pienso que se comete allí un error muy grave.

No que no haya Iglesia fuera nosotros; no se trata de eso. Pero este último tiempo, se nos ha dicho que era necesario que la Tradición entrase en la Iglesia visible.

¿Dónde es la Iglesia visible? La Iglesia visible se reconoce por las señales que siempre ha dado para su visibilidad: es una, santa, católica y apostólica.

Les pregunto: ¿dónde están las verdaderas notas de la Iglesia? ¿Están más en la Iglesia oficial (no se trata de la Iglesia visible, se trata de la Iglesia oficial) o en nosotros, en lo que representamos, lo que somos?

Queda claro que somos nosotros quienes conservamos la unidad de la fe, que desapareció de la Iglesia oficial.

(…) La unidad de la fe realizada en el mundo entero es la catolicidad. Ahora bien, esta unidad de la fe en todo el mundo no existe ya, no hay pues más de catolicidad prácticamente.

(…) ¿La apostolicidad? Rompieron con el pasado. Si hicieron algo, es bien éso. No quieren saber más del pasado antes del Concilio Vaticano II.

(…) La apostolicidad: nosotros estamos unidos a los Apóstoles por la autoridad. Mi sacerdocio me viene de los Apóstoles; vuestro sacerdocio les viene

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de los Apóstoles. Somos los hijos de los que nos dieron el episcopado. Mi episcopado desciende del santo Papa Pío V y por él nos remontamos a los Apóstoles. En cuanto a la apostolicidad de la fe, creemos la misma fe que los Apóstoles. No cambiamos nada y no queremos cambiar nada.

Y luego, la santidad. No vamos a hacernos cumplidos o alabanzas. Si no queremos considerarnos a nosotros mismos, consideremos a los otros y consideremos los frutos de nuestro apostolado, los frutos de las vocaciones, de nuestras religiosas, de los religiosos y también en las familias cristianas. De buenas y santas familias cristianas germinan gracias a vuestro apostolado. Es un hecho, nadie lo niega. Incluso nuestros visitantes progresistas de Roma constataron bien la buena calidad de nuestro trabajo.

(…) Todo eso pone de manifiesto que somos nosotros quienes tenemos las notas de la Iglesia visible.

Si hay aún una visibilidad de la Iglesia hoy, es gracias ustedes. Estas señales no se encuentran ya en los otros.

No hay ya en ellos la unidad de la fe; ahora bien es la fe que es la base de toda visibilidad de la Iglesia.

La catolicidad, es la fe una en el espacio. La apostolicidad, es la fe una en el tiempo.

La santidad, es el fruto de la fe, que se concreta en las almas por la gracia del Buen Dios, por la gracia de los Sacramentos.

Es totalmente falso considerarnos como si no formáramos parte de la Iglesia visible. Es increíble.

(…) Pienso que es necesario que tengamos esta convicción para no caer en los errores que se está extendiéndose ahora”.

Por supuesto, se podrá objetársenos: ‘¿Es necesario, obligatoriamente, salir de la Iglesia visible para no perder el alma, salir de la sociedad de los fieles unidos al Papa?’

No somos nosotros, sino los modernistas quienes salen de la Iglesia.En cuanto a decir ‘salir de la Iglesia visible’, es equivocarse asimilando Iglesia

oficial a la Iglesia visible.(…) ¿Salir, por lo tanto, de la Iglesia oficial? En cierta medida, ¡!,

obviamente.

(…) Si nos alejamos de esta gente, es absolutamente de la misma manera que con las personas que tienen el SIDA. No se tiene deseo de atraparlo. Ahora bien, tienen el SIDA espiritual, enfermedades contagiosas. Si se quiere guardar la salud, es necesario no ir con ellos”. (Extractos de la Conferencia dada por S. Exc. Mgr Lefebvre en Ecône el 9 de septiembre de 1988, después del Retiro Sacerdotal. Fideliter n°66, noviembre- diciembre de 1988).

Y en una entrevista a Mons. Lefebvre, un año después de las consagraciones, volvió a manifestar lo mismo:

“Fideliter – Algunos dicen: sí pero Monseñor tendría que haber aceptado un acuerdo con Roma, porque una vez que la Fraternidad hubiese sido reconocida y las sanciones levantadas, habría podido actuar de una manera más eficaz dentro de la Iglesia, mientras que ahora se colocó afuera.

Monseñor: Son cosas que son fáciles de decir. Ponerse dentro de la Iglesia, ¿qué es lo que eso quiere decir? Y en primer lugar, ¿de qué Iglesia se habla? Si es de la Iglesia conciliar, sería necesario que nosotros, quienes luchamos contra ella durante veinte años porque queremos la Iglesia Católica, volviésemos a entrar en esta Iglesia conciliar para supuestamente volverla católica. ¡Es una ilusión total!’.

(…) Es increíble que se pueda hablar de Iglesia visible en relación a la Iglesia conciliar y en oposición con la Iglesia Católica que nosotros intentamos representar y seguir.

(…) Somos nosotros quienes tenemos las notas de la Iglesia visible: la unidad, la catolicidad, la apostolicidad, la santidad. Es eso lo que constituye la Iglesia visible.

(…) Somos nosotros quienes estamos con la infalibilidad, no la Iglesia conciliar. Ella está en contra de la infalibilidad, es absolutamente cierto.

(…) Obviamente estamos en contra de la Iglesia conciliar, que es prácticamente cismática, incluso si no lo aceptan. En la práctica es una Iglesia virtualmente excomulgada, porque es una Iglesia modernista”. (Fideliter n° 70, julio- agosto de 1989).

Por todo esto, no se puede excluir teológicamente, como se pretende, ni que un Papa pueda caer en herejía, el cisma o la apostasía, ni que por el mismo hecho la Sede de Pedro quede vacante; salvo que se pretenda que es un dogma de fe, como en el fondo pareciera ser, para aquellos que excluyen la posibilidad de la Sede Vacante argumentando con la visibilidad de la Iglesia.

Y para acabar con esta historia baste solamente este texto para dejar de insistir y pretender aplastar refutando, negando toda posibilidad de Sede Vacante:

“Nos encontramos verdaderamente frente a un dilema gravísimo, que creo no se planteó jamás en la Iglesia: que quien está sentado en la Sede de Pedro participe en cultos de falsos dioses; creo que esto no sucedió jamás en toda la historia de la Iglesia. ¿Qué conclusión deberemos quizás sacar dentro de algunos meses ante estos actos repetidos de comunión con falsos cultos? No lo sé. Me lo pregunto. Pero es posible que estemos en la obligación de creer que este Papa no es Papa. No quiero decirlo aún de una manera solemne y formal, pero parece, sí, a primera vista, que es imposible que un Papa sea hereje pública y formalmente”. (Sermón del Domingo de Pascua del 30 de marzo de 1986 en Ecône).

Y quince días después en Ecône, en la conferencia a los seminaristas, dijo Mons. Lefebvre refiriéndose a lo dicho el Domingo de Pascua:

“Queridos amigos, ¡pudieron, durante las vacaciones, reflexionar sobre el sermón del Domingo de Pascua…

El papa no está sobre las leyes divinas.(…) Entonces el problema se plantea.Primer problema: la communicatio en sacris.Segundo problema: la cuestión de la herejía.Tercer problema: ¿el Papa es aún Papa cuando es hereje?

¡Yo no sé, no zanjo! Pero pueden plantearse la cuestión ustedes mismos. Pienso que todo hombre juicioso debe plantearse la cuestión. No sé. Entonces, ahora, ¿es urgente hablar de esto?…

Se puede no hablar, obviamente… Podemos hablar entre nosotros, privadamente, en nuestras oficinas, en nuestras conversaciones privadas, entre seminaristas, entre sacerdotes… ¿Es necesario hablar a los fieles? Muchos dicen: -No, no habléis a los fieles. Van a escandalizarse. Eso va a ser terrible, eso va a ir lejos…

Bien. Yo dije a los sacerdotes, en París, cuando los reuní, y luego a vosotros mismos, ya os había hablado, les dije: pienso que, muy suavemente, es necesario, a pesar de todo, esclarecer un poco a los fieles…No digo que sea necesario hacerlo brutalmente y lanzar eso como condimento a los fieles para asustarlos… No. Pero pienso que, a pesar de todo, es una cuestión precisamente de fe. Es necesario que los fieles no pierdan la fe. Somos encargamos de guardar la fe de los fieles, de protegerla.

Van a perder la fe… incluso nuestros tradicionalistas. Incluso nuestros tradicionalistas no tendrán ya la fe en Nuestro Señor Jesucristo. ¡Ya que esta fe se pierde! Se pierde en los sacerdotes, se pierde en los obispos.

(…) Y se dice: Monseñor va a hacer cisma. ¿Pero quién hace cisma? ¡No soy yo! Para hacer cisma es necesario dejar la Iglesia. Y dejar la Iglesia, es dejar la fe, en primer lugar.

¿Quién deja la fe de la Iglesia? La autoridad está al servicio de la fe. Si ella abandona la fe, es ella quien hace cisma. Entonces no somos nosotros quienes hacemos cisma”. (Conferencia en Ecône del 15 de abril de 1986).

 

  1. Basilio Méramo Bogotá, Enero 18 de 2016
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Last holy Popes?

21 Mar

P. MÉRAMO: Visión del Padre Luigi Villa sobre un Papa Hereje

Visión del Padre Luigi Villa sobre un Papa Hereje

APÉNDICE

“Si un Papa cae en herejía o cisma”

(Tomado del libro “VATICANO II DIETRO FRONT” Editrice Civiltá. Brescia 2011, p.197-201, Sac. Dott. Luigi Villa)

-Traducción no oficial-

“Hoy en día, también se podría decir que la jerarquía de la Iglesia está demoliendo la doctrina católica de siempre, al dar una ‘nueva religión’. Pero, ¿cómo es posible esto?

¿Cómo es posible que aquellos que siguen las nuevas líneas doctrinales, a menudo en contradicción con la doctrina católica, estén fuera de la Fe anterior al Concilio Vaticano II?

Pudiéramos anotar toda la documentación conciliar y todos los actos de Pablo VI y Juan Pablo II, si la limitación del espacio de este escrito fuera suficiente para manifestar ‘hechos’ y ‘palabras’ que harían resultar evidente el contraste con la doctrina y la práctica de la Iglesia tradicional.

Ciertamente, no se puede pensar que Pablo VI y Juan Pablo II no conocían la doctrina católica, ostentando títulos en teología, y después de haber sido advertidos por muchos sobre su falso proceder con el nuevo curso de su nueva Iglesia’, demostrando un conflicto irreconciliable entre su nueva doctrina y los dogmas tradicionales de la fe católica, turbando a los fieles con tanta diversidad de opiniones teológicas.

Y entonces, ¿qué? ¿Cómo olvidar que la Iglesia de Cristo siempre ha sido esencialmente tradicional, basada en el ‘Depositum fidei’, transmitido desde los Apóstoles hasta ahora? Cómo no tienen en cuenta lo que la Iglesia ha dicho y hecho lo largo de los siglos?

Por esta razón, muchos teólogos se han planteado la cuestión de un Papa, que deviniese hereje o cismático, como sucedió con los Papas Liberio, Honorio, Pascual II, Juan XXII.

Vamos a escuchar a algunos:

Uguaccione escribió: ‘Cuando el Papa cae en la herejía, puede ser juzgado por los súbditos. De hecho, cuando el Papa cae en herejía se convierte, no en mayor, sino en inferior que cualquier Católico’.

Juan el Teutónico, un gran decretalista, se plantea la cuestión de si es lícito acusar ‘al Papa’ en caso de que caiga en herejía, y responde que sí, porque de lo contrario ‘socavaría el bien de toda la Iglesia, lo cual no es lícito’ y también ‘A causa de la herejía, el Papa, dejaría de ser el Jefe de la Iglesia, siempre que el crimen es conocido por confessionem vel pro facti evidentia (por confesión o por evidencia de hechos)’.

El Cardenal Juan de Torquemada (no el inquisidor) comentando el ‘Corpus iuris canonici’, afirma: ‘Respondo con esta conclusión, diciendo que el Papa no tiene juez superior en la tierra, excepto en el caso de herejía’. Y afirma además: ‘Desviado de la fe, significa, cuando se aleja de la fe pertinazmente y cae de la piedra de la fe, de la piedra sobre la cual ha estado fundada
(cf. Mt. XVI).’

(El Papa) se vuelve menor e inferior que cualquiera de los fieles, y por lo tanto, puede ser juzgado por la Iglesia, o más bien puede ser declarado ya condenado, según cuanto está escrito, que quien no cree ya está juzgado, y el Papa no puede establecer una ley para que nadie no pueda acusarlo de herejía, porque se vería puesta en peligro toda la Iglesia y sería confuso el estado general de la misma.

Inocencio III, en tres sermones declaró expresamente que en el caso en que él mismo cayese en la herejía, se haría culpable de un delito contra la fe.

San Roberto Belarmino, en su ‘De Romano Pontífice’, escribe que en el caso (el Papa) tuviera errores doctrinales, debe decirse que el Papa no habría sido válidamente elegido; y si este cae en la herejía, cesaría de ser Papa, ya que ‘quien está fuera de la Iglesia no puede ser su cabeza.’

En nuestros tiempos, el asunto viene equiparado al de la época medieval. De hecho, el Cardenal Journet, en 1969, declaró: ‘Los teólogos medievales, decían que el Concilio no debía ni siquiera deponerlo, sino que solamente basta con verificar el hecho de la herejía y significar a la Iglesia que el que fue Papa ha decaído de su función principal. ¿Quién lo ha quitado? Ninguno, fuera de él mismo. Cómo él (el Papa) puede abdicar por un acto de voluntad, del mismo modo, puede decretar voluntariamente, por sí mismo, su propia decadencia, por un acto de herejía. El motivo es que renegando de la fe, aquel que fue el Papa ha dejado de ser parte de la Iglesia, de ser su miembro. Desde el momento en que el hecho es declarado públicamente, él no podría por lo tanto, continuar siendo su cabeza. En un caso tal, una eventual sentencia del Concilio es solamente declarativa, y no proclama, en modo alguno, la supremacía del Concilio sobre el Papa‘.

En el ‘Enchiridium Iuris Canonici’, redactado por Stefano Sipos, tal sentencia es resumida en diversos modos.

Un documento de importancia teológica es la Constitución Apostólica ‘Cum ex Apostolatus officio’ del Papa Pablo IV, en el que empeña la plenitud de sus poderes:

‘Con esta Nuestra Constitución, que es válida a perpetuidad, en odio a tan gran crimen (herejía), en relación con el cual nada puede ser más grave y pernicioso para la Iglesia de Dios, con la plenitud de nuestro poder apostólico, establecemos,

decretamos y definimos’ abiertamente que el mismo Romano Pontífice, quien, antes de su ascenso a cardenal, o su elevación al Sumo Pontífice, se había desviado de la Fe católica o caído en una herejía, o fuese incurso en un cisma, o haya suscitado esto, sea nula, inválida y de ningún valor, la promoción o elevación, aunque sea ésta avenida con la concordancia y el consenso unánime de todos los cardenales’.

La misma argumentación se lee en la Bula ‘Inter multiplices’ de San Pío V.

En este punto, cabe preguntarse si Juan Pablo II pronunció herejías ‘ex Cathedra’, o si él, privada o personalmente fuese un hereje o no.

Después de todo aquello que habíamos denunciado sobre su actuar, ¿cómo puede haber habido un ‘Papa’ Juan Pablo II? Si el ‘agere secuitur esse’, podemos ver que sus acciones no se corresponden con los que deberían ser.

En efecto, ¿cómo podría recibir en la frente, como ‘Papa’, el signo de los adoradores de Shiva? ¿cómo podría decir a los adoradores del ‘dios-pitón’, de su fe en un Dios único y Bueno? ¿cómo podría presidir las reuniones, como las de Asís y otras similares?

Pío XI en su encíclica ‘Mortalium animos’ dice:

‘(…) Tales tentativas no pueden, de ninguna manera, obtener la aprobación de los católicos, puesto que están fundadas en la falsa opinión de los que piensan que todas las religiones son, con poca diferencia, buenas y laudables, pues, aunque de distinto modo, todas nos demuestran y significan igualmente el ingénito y nativo sentimiento con que somos llevados hacia Dios y reconocemos obedientemente su imperio. Cuantos sustentan esta opinión, no sólo yerran y se engañan, sino también rechazan la verdadera religión, adulterando su concepto esencial, y poco a poco vienen a parar al naturalismo y ateísmo’.

Ahora bien, es un dogma de fe que la Iglesia es santa, por lo que la santa Iglesia no nos puede darse unos Sacramentos, una Fe, unas leyes que no sean santas.

Así ahora, ¿cómo es posible que el ‘Nuevo Código’ de Derecho Canónico, el ‘Novus Ordo Missae’, contienen ‘errores’? La única respuesta podría ser la siguiente: si el Papa promulga leyes universales contrarias a la Fe tradicional y contraria a la santidad de la Iglesia, su autoridad no sería legítima.

Reflexionando sobre los discursos y los ‘hechos’ de Juan Pablo II, debemos decir que Karol Wojtyla es sin duda un hereje, y esto confirma la ausencia de autoridad, desde el principio, en su persona. Preguntémonos, entonces, ¿dónde está la verdadera Iglesia?

Si aceptamos la profecía de Nuestra Señora de La Salette,
la Iglesia verdadera es visible en aquellos que huyen de la herejía, conservando todavía la Fe.

Sin embargo, esto plantea el problema de que la Iglesia, mañana, deberá aclarar este período oscuro de su historia y deberá, por lo tanto, constatar la invalidez de los documentos del Vaticano II, de la falsa reforma litúrgica, del vacuo Derecho Canónico, del catecismo herético y de las veinte encíclicas.

¡Que Jesucristo, Dios, fundador de su Iglesia, ilumine y dirija esta solución de Su Iglesia!”.

(Y tiene también el Padre Villa, esta cita al final del libro)

“Siento a mi alrededor innovadores que quieren desmantelar el Santuario, destruir la llama universal de la Iglesia, rechazar sus ornamentos, inducir remordimiento por su pasado heroico. Bien, Mi querido amigo, estoy convencido de que la Iglesia de Pedro debe apropiarse del propio pasado, de lo contrario cavará su misma tumba… Llegará un día en que la mundo civilizado negará a su Dios, cuando la Iglesia dudará como dudó Pedro.

Se verá tentada a creer que el hombre se ha convertido en Dios, que Su Hijo no es más que un símbolo, una filosofía como muchos otras y, en las iglesias, los cristianos buscarán en vano la luz roja en donde Dios les espera, como la pecadora que gritaba frente a la tumba vacía: ¿dónde lo pusieron? “. (De: “Pío XII Devant l’histoire”).

Los tres últimos Papas: Paulo VI, Juan Pablo II y Benedicto XVI, sin contar a Juan Pablo I que solo duró 33 días, lo cual lo deja sin mayor relevancia histórica, fueron judíos y masones según el mismo Padre Luigi Villa.

Paulo VI judío, masón y hasta homosexual: “En noviembre del 2000, publiqué el libro ‘Un monumento masónico a Paulo VI’, donde mostré que, en esa escultura, la Francmasonería habría elogiado a su ‘hombre’ Paulo VI, como ‘Jefe Supremo’ de la Francmasonería y como ‘Papa Judío’, y lo habría glorificado por sus ’3 actos de justicia masónica’, esto es: la traición a Cristo, a la Iglesia y a la Historia de las naciones cristianas”. (¿Quién es el Padre Luigi Villa?, por el Dr. Franco Adessa. p.38-40).

“El Padre Luigi Villa estaba al corriente del hecho que el Card. Pietro Palazzini había enviado una carta al Postulador de la ‘causa de beatificación’ de Paulo VI, que contenía 3 nombres de los últimos amantes homosexuales de Paulo VI. El Cardenal Pietro Palazzini era una autoridad en ese campo, porque el Cardenal guardaba 2 carpetas de documentos que mostraban inequívocamente el vicio impuro y antinatural de Paulo VI“. (Ibídem, p. 33, 34.).

El testimonio de Robin Bryans, escritor irlandés, declaradamente homosexual, en su autobiografía de 1992, ‘The Dust Never Settles” (El polvo nunca se asienta), afirma que su amigo Hugh Montgomery le dijo que él y el joven Montini, habían sido amantes, cuando él fue nombrado diplomático en el Vaticano. El escritor francés y ex Embajador Roger Peyrefitte, homosexual confeso y defensor de los ‘derehos gay’, en 1976, en una entrevista de D.W. Gunn y J. Murat, representante de la ‘Gay Sunshine Press’, habló de la homosexualidad de Paulo VI quien, cuando era arzobispo de Milán, iba a una casa apartada para reunirse con muchachos ad hoc” (Chiesa Viva n° 441, Setiembre 2011, p. 55).

“En ‘O Vatican, a Slightly Wiched View of the Holy See’ (El Vaticano, una visión un poco maliciosa de la Santa Sede), el ex corresponsal de la oficina romana del ‘New York Times’, dio también el nombre de un famoso actor italiano, Paolo Carlini, que se habría convertido en un visitante frecuente de Paulo VI, en sus apartamentos privados en el Vaticano”. (Ibídem, p. 56).

“Siempre Bellegrandi, escribe que Montini, apenas asumió el cargo de Pontífice, fue sometido al chantaje por parte de la Masonería italiana. A cambio de su silencio por las furtivas permanencias del Arzobispo Montini en un Hotel de Suiza, para sus encuentros con su actor-amante, los masones pidieron que el Papa eliminara la tradicional prohibición de la Iglesia de la cremación después de la muerte.(…) El escritor escribió que él consideraba que los Británicos (MIS) y los Americanos (OSS) sabían de la homosexualidad de Montini y la usaban para obtener su cooperación para hacer fusionar las redes Vaticano-Aliados, después de la guerra. Las informaciones sobre chantajes a Montini, por parte de la KGB y de la GRU Soviéticos, luego de la guerra, vinieron a su vez de otra fuente. Un anciano gentilhombre de París, que trabajó como intérprete oficial para el Clero de alto nivel del Vaticano, le dijo que los soviéticos chantajeaban a Montini para saber el nombre de los Sacerdotes que el Vaticano mandaba clandestinamente al otro lado de la cortina de Hierro, para proveer a los fieles católicos, en la Unión Soviética, durante la guerra fría. La Policía Secreta Soviética, por lo tanto, estaba siempre pronta y, apenas los sacerdotes clandestinos atravesaban el confín ruso, eran tomados presos y fusilados o mandados al Gulag”. (Ibídem, p, 58). Queda claro así, el lema de Paulo VI “Flos florum”; se ve ya, de qué florcita se trata.

Sobre Juan Pablo II, el P. Luigi Villa dice: “Para Wojtyla, también la religión judía es una parte de sí mismo, esto cuando ya era Arzobispo de Cracovia, como lo será también cuando se convierta en Papa. Esta relación con el judaísmo plantea un problema: pero, ¿Wojtyla era Judío?, bien, que, que Juan Pablo II fuese Judío, lo testimonia Yaskov Wise, estudioso de la genealogía judaica. Wise pesquisó la ascendencia del lado femenino de la familia Wojtyla. Se sabe que, por decreto rabínico solo la madre, no el padre, transmite el linaje hebreo. Ahora, la madre de Karol se casó con un católico, pero su nombre, Emilia Kaczorowski, es una adaptación polaca de un nombre judaico muy común en el mundo idish: Katz. (Chiesa Viva n° 430, Setiembre 2010, p. 22).

“De cualquier modo, es un hecho conocido que, por intermedio de Juan Pablo II y de masones de la Alta Masonería B’nai B’rith, se realizaron contactos regulares, intensos y constantes. Esto no puede sorprender, si se sabe que, antes de él, Paulo VI, debía su elección al pontificado, a la intervención de dos miembros de la alta masonería de la B’nai B’rith, que presentes en la sala vaticana, después de haber oído la elección del Papa del Cardenal Giuseppe Siri, amenazaron de persecución a los católicos de todo el mundo (…) Ciertamente puede decirse que Juan Pablo II era masón…”. (Ibídem, p.30).

Juan Pablo II, cuya divisa era “De labore solis” (que en el latín ciceroniano, es el eclipse del sol), hizo gala de ella, pues con sus múltiples viajes por todo el mundo, lo que hizo fue esparcir el error y las tinieblas, oscureciendo la luz de la verdad y de la fe.

“Zbigniew Brzezinski, ideólogo de la Comisión Trilateral y miembro de diferentes instituciones globalistas. De acuerdo a declaraciones hechas por W. Jaruselski y por el mismo Brzezinski, el habría sido el hombre que eligió a Karol Wojtyla como nuevo Papa”. (Ibídem, p.33).

De Benedicto XVI, cuyo nombre, Benedictos, curiosamente en griego, lengua en la que fue escrito el Apocalipsis, equivale a los números que sumados da igual a 666 que es el número del Anticristo.

El Padre Luigi Villa, quien como sabemos fue discípulo del Padre Pío y encargado por éste de estudiar la masonería y en especial la masonería eclesiástica, dos meses antes de su muerte el 18 de Noviembre del 2012, con 94 años de edad, publica en su revista Chiesa Viva n°452, del mes de Septiembre, con el sugestivo título ¿El Anticristo en la Iglesia de Cristo?: “Los Tauber: una de las ramas cabalísticas más importantes de la sinagoga. Es importante advertir que Joseph Alois Ratzinger (Tauber-Paintener), hoy Benedicto XVI, desciende de una de las ramas cabalísticas más importantes de la sinagoga (el Gran Rabinato de Praga). Además, hay que destacar el esfuerzo de las tribus hebreas, (particularmente la de Neftalí), desde hace al menos 500 años, por usurpar la sede de Pedro, como afirmó John Retcliffe en el capítulo ‘El cementerio hebreo de Praga y el Consejo de Representantes de las 12 Tribus de Israel, en su libro ‘Biarritz’( …) Entre sus antepasados el hebreo Joseph Alois Ratzinger Paintener (en realidad Tauber), proviene de una sucesión de 9 rabinos de Austria-Hungría y Germania, pero del modo particular del Maharal (Yeudah Loew ben Bezalel), considerado como uno se los sabios ocultistas más sabios de la historia. El Marahal, conocido entre los cabalistas satanistas, adquirió su gran fama como líder espiritual de la comunidad hebraica de Praga”. (Ibídem. p. 30).

Y así, como por casualidad, “De gloria olivae”, que es la divisa de Benedicto XVI según San Malaquías, se revela como el triunfo o gloria de la sinagoga dentro de la Iglesia. Y que aún después de su renuncia sigue llamándose Su Santidad, como Papa Emérito.

Es por todo lo anterior que son interesantes las reflexiones que el Padre Luigi Villa hace en su libro “VATICANO II DIETRO FRONT”, como un apéndice al final del mismo.

Padre Basilio Méramo

Bogotá, 21 de Marzo de 2013